En un giro de su política de seguridad interna, el presidente Donald Trump ha dispuesto el cese de la intervención de agentes federales en las protestas que se desarrollan en Mineápolis y otras ciudades bajo administración demócrata. Esta medida responde a la fuerte conmoción nacional tras el fallecimiento de dos ciudadanos durante manifestaciones contra los operativos migratorios en Minnesota.
La directriz presidencial establece que la responsabilidad de mantener el orden público y gestionar posibles disturbios recaerá exclusivamente en los gobiernos estatales y locales. Según lo anunciado por el mandatario, las fuerzas federales no intervendrán en estas movilizaciones a menos que exista una petición de ayuda explícita por parte de las autoridades regionales.
Esta decisión se formalizó a través de instrucciones directas a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. El presidente enfatizó que su administración no participará en la gestión de ciudades que considera "mal administradas", delegando el control de las calles a los funcionarios locales.
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El detonante principal de este repliegue fue el incidente en el que agentes federales acabaron con la vida de Renée Good y Alex Pretti, ambos de 37 años y nacionalidad estadounidense. Este suceso intensificó las críticas hacia el despliegue federal en un estado que ya se oponía activamente a las tácticas migratorias del gobierno central.
Blindaje de edificios y continuidad de redadas
A pesar de retirar a los agentes de las áreas de protesta, Trump aseguró que se mantendrá una vigilancia estricta sobre las propiedades del Gobierno federal. Los oficiales tienen órdenes de defender con firmeza los edificios gubernamentales frente a lo que el presidente calificó como ataques de "agitadores e insurrectos pagados".
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El mandatario también lanzó una advertencia severa contra cualquier forma de agresión física hacia los agentes o daños a vehículos oficiales, asegurando consecuencias legales para quienes participen en tales actos. Esta postura de defensa de activos federales se mantiene inalterada, incluso tras el relevo del mando operativo y el envío de Tom Homan, el "zar fronterizo", para intentar reducir la tensión en la zona.
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La raíz del conflicto sigue siendo la operación 'Metro Surge', lanzada en diciembre con el objetivo de capturar a migrantes indocumentados en Minnesota. Miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas para exigir la salida del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), pero la administración ha confirmado que las redadas continuarán a pesar de la búsqueda de una "desescalada".
Finalmente, el cambio de estrategia busca separar la vigilancia de edificios federales de la gestión de las protestas civiles, dejando esta última en manos de las autoridades locales, quienes han rechazado sistemáticamente la agresividad de los operativos migratorios recientes.
VGB
