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El último ser vivo del planeta: el organismo que sobreviviría al fin del mundo

Estudios científicos apuntan a que, cuando los humanos ya no estemos, un diminuto animal podría convertirse en el último habitante del planeta; esto prueba que la resistencia de la vida en la Tierra desafía incluso a los peores escenarios imaginables

Hoy en día, la humanidad enfrenta amenazas que van desde el cambio climático hasta un posible conflicto nuclear
Este microrganismo sería capaz de sobrevivir a casi todos los escenarios posibles del fin del mundo.Hoy en día, la humanidad enfrenta amenazas que van desde el cambio climático hasta un posible conflicto nuclearCréditos: Pixabay
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La vida en la Tierra no se caracteriza tanto por su fragilidad como por su extraordinaria capacidad de persistir. A lo largo de miles de millones de años ha sobrevivido a episodios que parecían definitivos: erupciones volcánicas masivas, impactos de asteroides y extinciones globales.

Los registros geológicos más antiguos sitúan el origen de la vida hace al menos 3.700 millones de años, un periodo durante el cual el planeta atravesó crisis que eliminaron a más de tres cuartas partes de las especies existentes.

La mayor de estas catástrofes ocurrió hace unos 250 millones de años, durante la extinción del Pérmico, cuando desapareció cerca del 90 % de las especies. Sin embargo, en apenas unos millones de años, la vida se reorganizó y continuó su curso.

Esta resiliencia ha llevado a muchos científicos a una conclusión incómoda: aunque la humanidad desaparezca, la vida probablemente no lo hará. De ahí surge una pregunta clave para la ciencia: ¿cuál sería el último ser vivo en la Tierra?

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¿Qué criatura sobreviviría al fin de la humanidad?

Mientras los seres humanos enfrentamos amenazas como el cambio climático, una posible guerra nuclear o impactos cósmicos, existe un diminuto animal capaz de resistir condiciones que resultarían letales para casi cualquier otra forma de vida, y no se trata de cucarachas ni de escorpiones. El principal candidato es un microanimal de ocho patas conocido como tardígrado.

Los tardígrados, también llamados osos de agua, miden apenas hasta 1,2 milímetros, pero su resistencia desafía toda lógica biológica. Según reporta IFL Science, estos animales pueden:

  • Sobrevivir hasta 30 años sin comida ni agua en condiciones experimentales.
  • Resistir temperaturas extremas, desde el frío cercano al cero absoluto hasta 150 °C en laboratorio.
  • Soportar presiones aplastantes y dosis de radiación letales.
  • Permanecer expuestos al vacío del espacio sin sufrir daños aparentes.

Esta combinación de habilidades los sitúa como los organismos más resistentes conocidos del planeta.

El secreto de su supervivencia

La clave de esta resistencia extrema es un proceso llamado criptobiosis. Cuando el entorno se vuelve hostil, los tardígrados expulsan más del 95 % del agua de su cuerpo y se contraen hasta formar una cápsula deshidratada.

En este estado de animación suspendida, su metabolismo se reduce casi a cero, permitiéndoles sobrevivir durante décadas hasta que las condiciones vuelven a ser favorables.

Un estudio publicado en 2017 por físicos de las universidades de Oxford y Harvard, y difundido por medios como IFL Science y VICE, analizó tres escenarios astrofísicos extremos: impactos de grandes asteroides, explosiones de supernovas cercanas y estallidos de rayos gamma.

Las conclusiones fueron claras: todos estos eventos serían devastadores para la humanidad y para la mayoría de las especies, pero los tardígrados probablemente sobrevivirían.

Para acabar con ellos, un asteroide tendría que elevar la temperatura global hasta hacer desaparecer los océanos líquidos. Solo una docena de cuerpos conocidos en el sistema solar, entre ellos Plutón, tienen la masa suficiente, y ninguno se espera que impacte contra la Tierra.

En el caso de una supernova, la explosión debería producirse a menos de 0,14 años luz, cuando la estrella más cercana al Sol se encuentra a más de cuatro años luz. Los estallidos de rayos gamma requerirían originarse a menos de 40 años luz, una posibilidad considerada mínima antes de que el propio Sol llegue al final de su vida.

“Los tardígrados son lo más parecido a seres indestructibles que existe en la Tierra”, afirmó el físico Rafael Alves Batista, de la Universidad de Oxford. “Sin nuestra tecnología, los humanos somos una especie extremadamente sensible”.

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Guerra nuclear y colapso de la vida compleja

Paradójicamente, una de las amenazas más inmediatas para la vida compleja no viene del espacio, sino de la actividad humana. Un estudio publicado en AGU Advances y citado por la Universidad de Colorado Boulder en mayo de 2023 modeló distintos escenarios de guerra nuclear.

Los resultados indican que el hollín generado por las explosiones bloquearía la luz solar durante aproximadamente una década, provocando un enfriamiento global abrupto. En un conflicto a gran escala entre Estados Unidos y Rusia, la temperatura media del planeta podría descender hasta 10 °C en los tres años posteriores.

Los océanos se enfriarían rápidamente, se formarían extensas capas de hielo y la fotosíntesis del fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina, se vería gravemente afectada.

“Si las algas desaparecen, todo lo demás también desaparece”, advirtió Nicole Lovenduski, coautora del estudio.

Incluso en estos escenarios, los tardígrados tendrían más posibilidades de sobrevivir que los humanos, cuya existencia depende de sistemas agrícolas y climáticos extremadamente frágiles.

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El verdadero final de la vida en la Tierra

Dentro de unos 5.000 millones de años, cuando agote su hidrógeno y se convierta en una gigante roja, el Sol se expandirá hasta engullir a Mercurio y Venus, y probablemente también a la Tierra. Mucho antes, el aumento progresivo de su luminosidad eliminará el agua superficial, desestabilizará el clima y provocará la pérdida de la atmósfera.

Ese será el punto final incluso para los tardígrados. Puede que algunas bacterias extremófilas resistan durante un tiempo, pero la vida, tal como la conocemos, llegará a su fin.

Hasta entonces, la conclusión es clara: la Tierra no necesita a los humanos para seguir viva. Nosotros, en cambio, dependemos por completo de un planeta estable.

En ese delicado equilibrio, los tardígrados llevan millones de años de ventaja y, salvo un cataclismo capaz de hervir todos los océanos del planeta, podrían convertirse en el último ser vivo en la Tierra.

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