Aunque Nicolás Maduro fue capturado por Estados Unidos el fin de semana pasado, la represión en Venezuela no sólo no ha disminuido, sino que se ha recrudecido. En los últimos días, fuerzas de seguridad del Estado han instalado retenes, abordado autobuses, revisado teléfonos celulares e interrogado a ciudadanos en busca de cualquier señal de que alguien haya celebrado la caída del exmandatario, de acuerdo con información del diario The New York Times.
Mientras tanto, el gobierno encabezado por la presidenta interina Delcy Rodríguez organizó el martes una multitudinaria marcha en Caracas para exigir la liberación de Maduro. Funcionarios, militantes y simpatizantes del oficialismo recorrieron la capital en una demostración de fuerza política, al tiempo que se intensificaba la persecución contra quienes expresaran respaldo a su captura.
Organizaciones de derechos humanos y testimonios recogidos dentro del país señalan que al menos 14 periodistas y seis civiles fueron detenidos en los últimos días; la mayoría ya fue liberada, aunque otros permanecen bajo custodia. Los operativos incluyen inspecciones forzadas de aplicaciones como WhatsApp, donde los agentes buscan palabras clave como “Maduro”, “Estados Unidos”, “Donald Trump” o “invasión”, para detectar mensajes que aprueben la acción estadounidense.
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“Te obligan a abrir el teléfono y buscar términos específicos para ver si has celebrado la captura o compartido información favorable”, explicó Gabriela Buada, directora de la organización Caleidoscopio Humano. Desde el decreto de emergencia emitido por Rodríguez, que concede amplios poderes de “búsqueda y captura” a las fuerzas de seguridad, la presencia policial y de los llamados colectivos —milicias armadas afines al chavismo— se ha incrementado visiblemente en calles y carreteras.
El contraste entre la retórica oficial y la realidad cotidiana es aún más marcado por el nuevo escenario internacional. Pese a sus denuncias públicas contra Washington, Rodríguez ha sido considerada por la Casa Blanca como una figura dispuesta a seguir instrucciones. El propio Donald Trump anunció el martes que Venezuela aceptó entregar entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, una señal de cooperación que ocurre en paralelo al endurecimiento interno.
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Hasta ahora, las exigencias de Trump hacia el nuevo gobierno venezolano se han centrado en el petróleo y en los presuntos vínculos con el narcotráfico, así como en la salida de agentes de China, Rusia, Irán y Cuba. En cambio, la agenda de derechos humanos y liberación de presos políticos parece no ser prioritaria. “Aún no hemos llegado a eso”, respondió Trump cuando se le preguntó sobre ese tema. “Lo que queremos ahora es arreglar el petróleo”.
En Venezuela, el clima de miedo es palpable. Una mujer del estado Zulia relató que su esposo, un comerciante agrícola de 56 años, fue detenido dos días después de haber celebrado en voz alta la captura de Maduro. La policía exigió a la familia mil dólares para liberarlo, además de bolsas de fruta y verduras. Tras reunir el dinero, fue puesto en libertad.
El lunes, durante la juramentación de Rodríguez como presidenta interina ante la Asamblea Nacional, las autoridades detuvieron a 14 periodistas, de los cuales 13 fueron liberados y uno deportado, según el sindicato de medios. Otros 23 comunicadores arrestados durante el gobierno de Maduro siguen encarcelados.
A pesar de que la mayoría de los venezolanos se oponía al régimen de Maduro, casi no ha habido celebraciones públicas por su caída. En su lugar, la televisión estatal transmite concentraciones oficiales en todo el país que denuncian su captura. La más grande ocurrió el martes en Caracas, encabezada por Diosdado Cabello, ministro del Interior y figura clave de la maquinaria represiva, quien ha llamado a la lealtad absoluta de las fuerzas de seguridad.
Para dirigentes opositores en el exilio, como Freddy Guevara, la nueva ola de represión demuestra que el gobierno interino se siente protegido por el respaldo de Washington. “Esto prueba que creen que Trump está jugando y que pueden hacer lo que quieran”, afirmó.
Así, aun sin Maduro en el poder, el aparato de control, vigilancia y coerción que sostuvo su régimen permanece intacto. Para millones de venezolanos, la captura del antiguo líder no ha traído alivio, sino un nuevo capítulo de incertidumbre y temor.
djh
