El Evento Carrington de 1859 es la tormenta geomagnética más poderosa registrada. Fue producto de una fulguración solar intensa seguida por una eyección de masa coronal (CME) que impactó energéticamente la magnetosfera terrestre, generando auroras visibles cerca del ecuador y fallos generalizados en las redes telegráficas de la época.
Ese evento extremo marcó un hito en la historia de la ciencia solar y se usa como referencia para evaluar riesgos de tormentas solares actuales.
Riesgos para tecnología moderna
Si ocurriera otra tormenta de tipo Carrington hoy, las consecuencias serían muy superiores a las de 1859, debido a la dependencia global de tecnologías eléctricas y electrónicas.
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Satélites y comunicaciones
Simulaciones de la Agencia Espacial Europea señalan que una super tormenta podría dañar o inutilizar una proporción significativa de satélites en órbita, incluso en órbitas bajas, debido a la radiación y a la expansión de la atmósfera superior que aumenta el arrastre sobre los artefactos espaciales.
Redes eléctricas y comunicaciones terrestres
Tormentas geomagnéticas intensas inducen corrientes eléctricas en las líneas de transmisión, lo que puede sobrecargar transformadores y nodos de alta tensión, provocando apagones generalizados.
Además, expertos advierten que incluso cables submarinos de internet y repetidores de señal podrían verse afectados, interrumpiendo la conectividad global en forma prolongada.
Probabilidad y monitoreo científico
Aunque eventos extremos como el Carrington son raros, estimaciones científicas sugieren que podrían ocurrir cada pocos siglos, con una probabilidad anual reducida pero no nula. Un análisis moderno indica que existe un riesgo acumulado de entre 1% y 12% por década para que un evento de esta magnitud ocurra.
Ciclos solares de aproximadamente 11 años incrementan la actividad del Sol, y durante los picos de estos ciclos aumentan las posibilidades de llamaradas intensas y CMEs que impacten la Tierra.
Impacto económico y respuesta global
Modelos científicos y reportes gubernamentales previos han estimado que un evento solar extremo podría generar daños por trillones de dólares en infraestructura tecnológica, incluyendo pérdidas en redes eléctricas, GPS, comunicaciones y banca digital, con el proceso de recuperación extendiéndose varios años.
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Además, agencias espaciales y meteorológicas mantienen monitoreo continuo del clima espacial, con satélites localizados estratégicamente para advertir con horas de anticipación sobre penetraciones importantes de CMEs, aunque esa ventana suele ser corta.
Prepararse para la próxima superllamarada
Los científicos coinciden en que, aunque no se puede predecir exactamente cuándo ocurrirá una tormenta de tipo Carrington, la sociedad moderna debe prepararse aumentando la resiliencia de infraestructuras críticas y desarrollando tecnología más resistente al clima espacial extremo.
Esta preparación incluye fortalecer redes eléctricas, proteger satélites, mejorar sistemas de predicción y educar a las nuevas generaciones de especialistas en clima espacial para mitigar los riesgos tecnológicos.
