La reciente entrevista de Donald Trump con The New York Times, llevada a cabo en el Despacho Oval de la Casa Blanca y sus alrededores, tuvo una duración de casi dos horas, seguida de un recorrido por la residencia oficial.
Durante el encuentro, Trump alternó entre diversos roles, desde anfitrión amable hasta líder mundial y constructor, mientras hizo frente a los cuestionamientos sobre su edad y salud.
El entorno y la puesta en escena
El presidente recibió a los periodistas en un Despacho Oval transformado por su toque personal, que incluye una iluminación cálida preparada especialmente para las cámaras y piezas de arte estadounidense que él mismo señaló con un puntero láser.
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Estuvo acompañado por el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, a quienes se refirió de forma paternalista como "niños", destacando incluso que ambos calzaban zapatos regalados por él.
Contó con la ayuda de Natalie Harp, una colaboradora a la que llama "IA" por su capacidad para buscar información en internet y entregar documentos al instante, como reportes sobre su popularidad en TikTok.
Se quejó de no recibir respeto de los medios y de no recibir el Premio Nobel de la Paz
Además, el presidente expresó un profundo sentimiento de agravio, quejándose de no recibir el respeto que merece por parte de los medios, funcionarios demócratas e incluso del Comité Noruego del Nobel.
Lamentó especialmente no haber recibido el Premio Nobel de la Paz, comparándose con Barack Obama, y criticó la falta de reconocimiento por donar su sueldo presidencial en su primer mandato.
Política exterior
Trump buscó enfatizar su autoridad en la escena global. Un momento crítico de la entrevista ocurrió cuando recibió una llamada del presidente colombiano, Gustavo Petro.
Tras una conversación de casi una hora (cuyo contenido fue extraoficial), Trump dictó un mensaje para sus redes sociales con un tono conciliador, a pesar de haber sugerido anteriormente la posibilidad de un ataque a Colombia por temas de narcotráfico.
Sobre la democracia en Venezuela, Trump pospuso su respuesta para mostrar primero una maqueta de sus proyectos de construcción, afirmando ser un "gran fan" de la democracia, pero priorizando el despliegue de su visión arquitectónica.
Salud, edad y la sombra de Joe Biden
Consciente de que cumplirá 80 años en junio, el mandatario se esforzó por demostrar que es infatigable.
Trump mencionó repetidamente a Joe Biden, calificándolo como "lo peor que les ha pasado a los ancianos" y cuestionando si Biden sería capaz de sostener entrevistas o llamadas internacionales de larga duración.
Reveló que toma una aspirina diaria de 325 miligramos para mantener la "sangre fina", a pesar de que las recomendaciones médicas generales para mayores de 70 años sugieren precaución con este uso preventivo.
Afirmó que no utiliza medicamentos para perder peso (tipo GLP-1), aunque admitió que "probablemente debería", y aseguró que se siente físicamente igual que hace 40 años.
Trump, el "constructor"
Una parte central de su identidad durante la entrevista fue la de modernizador y experto inmobiliario. Trump mostró con orgullo sus planes para un nuevo salón de baile de 400 millones de dólares en la Casa Blanca, financiado con donaciones y su propio dinero, que contará con cristales antibalas de gran grosor.
lrc
