Si Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos en 2017 con una agenda antiinmigrante y aislacionista que prometía poner primero a su país, el personaje que regresa a la Casa Blanca no sólo tiene esos temas en su agenda, sino que también ha agregado la promesa de que su país será un súper poder dispuesto a obtener lo que quiere mediante la fuerza.
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Ningún presidente entrante después de la Segunda Guerra Mundial, que concluyó en 1945, había prometido usar la fuerza como él.
Quienes ocuparon el cargo pasaron por la Guerra Fría contra la Unión Soviética, la guerra en Vietnam, las guerras civiles en El Salvador y Guatemala, los enfrentamientos incesantes en el Medio Oriente, pero ninguno prometió “desatar un infierno” si las partes en pugna no llegaban a un acuerdo, como lo hizo hace dos semanas para presionar a palestinos e israelíes a alcanzar un acuerdo de cese al fuego y cesar las hostilidades que comenzaron el 7 de octubre de 2023, tras el ataque de Hamás a Israel.
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La advertencia sonó extravagante, sin embargo, a tres días de que tomara posesión, las partes llegaron al acuerdo y este domingo se entregó a las tres primeras rehenes israelíes que estaban en poder de Hamás.
Viejo conocido
El millonario de 78 años nacido en Nueva York ha sido una presencia constante en la cultura pop de su país y, desde 2015, en la política.
Conocido como un empresario excéntrico, a partir de 2004 se ganó millones de simpatizantes por su participación en el programa de televisión “El aprendiz”, reality show en el que los participantes cumplían tareas asignadas por Trump y el premio final era dirigir una de las empresas de bienes raíces, clubes de golf y hoteles de su corporación.
Oleadas de televidentes esperaban cada semana para escuchar la frase con la que definía a los eliminados: “estás despedido”.
Esa imagen autoritaria y desenfadada, de quien no está preocupado por lo que se piense de él se convirtió en un atractivo para los ratings de las televisoras, que competían por tenerlo en sus programas.
Durante la campaña de 2016 el diario The Washington Post dio a conocer una grabación en la que el entonces candidato republicano se jactaba de cómo abordaba a las mujeres que le gustaban. Decía en términos vulgares que podía tomarlas de las partes íntimas sin siquiera conocerlas sin consecuencia alguna.
“Cuando eres una estrella te permiten todo”, se le escuchaba decir. Ante una crisis que amenazaba con hundirlo, Trump dijo que había usado ese lenguaje con un conocido sólo para presumir, que era el tipo de palabras usadas por hombres en un gimnasio o vestuario antes de practicar un deporte.
Durante la campaña de 2024, el Partido Demócrata y su candidata se enfocaron en recordar todos esos episodios polémicos en la vida de su contrincante, pero no estuvieron solos, aún excolaboradores del presidente recordaron sus excesos.
John Kelly, un general en retiro que fue su jefe de gabinete, dijo días antes de la elección que Trump había elogiado a Adolf Hitler y que desearía tener generales que obedecieran sus órdenes sin reparos, como los del dirigente alemán que provocó la Segunda Guerra Mundial y la muerte, en campos de exterminio, de millones de judíos, gitanos, y otros integrantes de minorías étnicas y religiosas de Europa.
Kelly fue más lejos, al comentar sobre la amenaza del republicano de usar al ejército para perseguir a sus “enemigos internos”: en caso de ser electo, adelantó, Trump actuaría como un dictador fascista porque desconoce la Constitución y no le interesa el Estado de derecho.
Pese a todas las críticas y denuncias, en 2024 Trump obtuvo el mejor resultado de las tres elecciones en que ha participado, al obtener 77 millones de votos (dos millones más que su contrincante Kamala Harris) y 312 votos electorales.
No obstante a la acusaciones y señalamientos, votaron por él mujeres, afroestadounidenses y latinos, los grupos a los que ha criticado y de los que se ha burlado una y otra vez.
La agenda del caos
Medios de todo el mundo reproducen la preocupación de gobiernos y sectores por lo que representa la llegada del nuevo presidente de Estados Unidos.
En Europa hay gran preocupación, especialmente por su afinidad con el presidente Vladimir Putin y su resistencia a colaborar con la OTAN, la organización creada tras la Segunda Guerra Mundial precisamente para actuar en bloque ante amenazas militares como la que formó Adolf Hitler.
No obstante, en Dinamarca desató un alboroto mayor al retomar una idea con la que coqueteó en su primer mandato, apropiarse de Groenlandia, la mayor isla del mundo, ubicada en el Atlántico norte, a medio camino entre Europa y Estados Unidos.
Trump sostiene que Groenlandia es un sitio estratégico que además puede ser reserva de minerales raros. En varias ocasiones ha dicho que desea comprar el territorio pese a que el gobierno danés ha respondido siempre que no está a la venta.
En su conferencia de prensa de hace dos semanas, dijo que no descartaba la opción de anexarse Groenlandia por la fuerza.
En la misma línea va su advertencia de quedarse con el Canal de Panamá, construido por órdenes del presidente estadounidense Theodore Roosevelt a partir de 1903. El Canal, que permite conectar al océano Pacífico con el Atlántico fue hecho y operado por Estados Unidos pero en 1977 el entonces presidente Jimmy Carter acordó con el gobernante Omar Torrijos transferirlo a Panamá a partir de 1999.
Hace unos días, cuando comenzaba el homenaje a Carter, quien murió el 29 de diciembre, declaró que la decisión de transferir el Canal y se negó a descartar el uso de la fuerza para recobrarlo. Panamá está en ascuas ante lo que pueda venir.
Las repercusiones en México comenzaron antes de su triunfo: en julio, Elon Musk anunció la cancelación de la planta de Tesla en Nuevo León ante las promesas de aplicar aranceles a los productos elaborados en nuestro país y Canadá.
Todas las promesas del gobernador de Nuevo León, Samuel García, y su supuesta amistad con Musk, a quien llamaba “mi compadre”, se convirtieron en nada.
En otros ámbitos, desde la presidencia hasta los presidentes municipales, están en alerta ante su amenaza de deportar a los inmigrantes que carecen de permiso para residir en Estados Unidos.
Hasta ahora se ha hablado de medidas emergentes como un botón de pánico para avisar de la detención a las familias, y de recibir a los migrantes mexicanos.
Sin embargo, no se conoce un plan concreto sobre los programas de empleo para esas personas ni la manera en que México respondería a las amenazas de aplicar impuestos a nuestros productos.
Todos a sus pies
Tras su victoria del 4 de noviembre, el presidente se ha anotado otros triunfos: magnates tecnológicos, como Elon Musk, quien fue uno de los grandes apoyos en su campaña y encabezará una secretaría enfocada a reducir la burocracia, corrieron a su residencia en Mar a Lago para rendirle homenaje, señaló el diario The New York Times.
Otros multimillonarios han firmado cheques con muchos ceros a su favor y se disputan el espacio para participar en las fiestas previas, a un costo de 250 mil dólares por dos boletos, y su toma de posesión.
Los medios que no han dejado de criticarlo por sus excesos y su acusación de que los periodistas son el “enemigo del pueblo”, también han dado un paso atrás en el enfrentamiento que sostuvieron durante años. Uno de los síntomas, aunque no el único, fue el acuerdo al que llegaron la cadena ABC y el presidente para que se retirara la demanda por difamación presentada por Trump.
El republicano demandó a la cadena porque su presentador George Stephanopoulos preguntó a una entrevistada cómo podía votar por una persona condenada por violación. Un proceso contra el presidente halló que abusó sexualmente de la columnista Jean Carroll y lo condenó a pagar una indemnización, sin embargo, los hechos no equivalen a una violación, por lo que su equipo demandó a la empresa de noticias.
Ante la posibilidad de enfrentarse en tribunales al presidente del país más poderoso del mundo, ABC prefirió un arreglo monetario y dar la vuelta a la página.
Otras figuras poderosas siguieron ese ejemplo. El creador de Facebook, Mark Zuckerberg, eliminó los programas de verificación de información y eliminación de contenido desinformador que puso en marcha tras las elecciones de 2016, cuando se probó que la consultora Cambridge Analytica había creado contenido falso que perjudicaba a su rival, Hillary Clinton.
Durante la campaña Trump amenazó con encarcelar a Zuckerberg por retirar información relativa al Covid 19 y difundir información sobre el asalto al Capitolio encabezado por trumpistas que alegaban un fraude que no se pudo probar.
Con el millonario en camino a la Casa Blanca, el millonario de la tecnología dijo que era momento de permitir la libre expresión, como lo proclama Trump, quien se jactó de que tal vez Facebook tomó esas decisiones por presiones suyas.
Sin embargo, no se trata de un caso excepcional: el diario The Washington Post, que en su primera presidencia cubrió sus actividades y política de manera crítica, al grado que agregó a su logotipo el emblema “La democracia muere en la oscuridad”, se negó a expresar su respaldo a un candidato, en contraste con lo que había hecho durante años, en la mayoría de los casos, decantándose por respaldar a los candidatos demócratas.
Trabajadores del medio acusaron que el propietario Jeff Bezos prefirió no provocar la ira del empresario y que esto afectara su principal negocio, Amazon. La molestia llegó a tal nivel que una caricaturista presentó un cartón en el que se veía a un Bezos ofreciendo una bolsa de dinero al presidente, mientras Mickey Mouse estaba postrado a sus pies.
La dirección del periódico se negó a publicar el cartón y la autora, Anna Telnaes, renunció.
La referencia corresponde al anuncio de la compañía Disney, que anunció el cambio en sus políticas para abandonar “agendas políticas y sociales” y orientar sus contenidos a entretener al público.
En 2017, Donald Trump llegó a la presidencia apoyado de grupo reducido de leales, ajenos en su mayoría a Washington. Ocho años después vuelve con una base de votante dispuesta a seguirlo sin importar lo que diga, un Poder Judicial en el que los jueces nombrados por él son mayoría y una oposición desgastada que fracasó en denunciarlo como una amenaza.
Como ejemplo de lo anterior constan las marchas que se llevaron a cabo en su contra en 2017, una convocada por mujeres que repudiaban sus expresiones misóginas y sexistas reunió a miles en Washington. Este sábado se convocó a una nueva movilización en la capital de EU, a la que acudieron apenas una decenas de opositores.
Con la promesa de recuperar territorios por la fuerza, además de la ya conocida de poner primero a las empresas de Estados Unidos parece que ha regresado la política del “gran garrote” (creada por Roosevelt, quien decía que la fuerza era la manera de hacer que los mandatarios latinoamericanos actuaran de acuerdo con las necesidades de EU).
Gobiernos y sociedad esperan nerviosos cuáles serán sus primeras decisiones, si bien todos conocen a Trump, nadie puede predecir cómo actuará. En su regreso al poder, pareciera que su signo es el de la incertidumbre.
