VIOLENCIA

Campañas de hambre, mentiras y muertes

En Argentina, a cuatro días de las primarias presidenciales, Morena Domínguez, de 11 años, fue asesinada por dos delincuentes que la golpearon para robarle su mochila con útiles

Violencia Ecuador.Créditos: EFE
Escrito en MUNDO el

Ecuador y Argentina transitan, cada uno con su karma a cuestas, sendos procesos electorales. Si bien sus respectivos exámenes de ADN no son espejos, muestran candidatos diseñados por la misma escuela; como para temer que el remedio que prometen termine siendo peor que la enfermedad. De paso, van regando la campaña de muertos, en lo que se asemeja a una decadente competencia por ver quién es el dueño del desgobierno más grande. Un certamen en el que no están solos, ni mucho menos.

Fernando Villavicencio, candidato a la presidencia por Movimiento Concertación, se sumó a la luctuosa lista de postulantes y figuras políticas asesinadas. El pasado 17 de julio había sido el turno del candidato a la Asamblea Nacional, Rider Sánchez, y el 24 del mismo mes había caído, también bajo las balas del narco, el alcalde de Manta, Agustín Intriago. Ahora fueron tres los tiros en la cabeza que acabaron con la vida del aspirante a la presidencia, días después de haber denunciado que un representante del Cartel de Sinaloa, en el país andino, lo había amenazado al igual que a su equipo de campaña. Ahora sí, Ecuador tiene su Luis Carlos Galán o su Luis Donaldo Colosio, para que la actividad política consolide su hito más luctuoso, desde el sospechoso accidente aéreo que le costó la vida al presidente Jaime Roldós en 1981.

En Argentina, a cuatro días de las primarias presidenciales (que tendrán lugar el domingo), Morena Domínguez, de 11 años, fue asesinada por dos delincuentes que la golpearon para robarle su mochila con útiles escolares y su teléfono celular, cuando se disponía a ingresar a la escuela. Todo ocurrió en el barrio bonaerense de Lanús, uno de los tantos en los que la policía suele liberar el territorio para que la delincuencia opere a sus anchas, según las constantes y reiteradas denuncias de los vecinos. El crimen sacudió los derruidos cimientos políticos y obligó a los candidatos a suspender los respectivos cierres de campaña.

Y es que cuando las ideas y el ímpetu a niveles gubernamentales escasean, todo se tiñe de necesidades y sangre. Solo basta repasar la historia para corroborarlo.

(Foto: EFE)

Hasta no hace mucho, Ecuador era considerado uno de los países más pacíficos de América Latina. Pero el desembarco de “franquicias” de los carteles mexicanos, como el de Sinaloa o el de Jalisco (Nueva Generación), fue transformando esta zona de Los Andes, en el más violento de la región.

En lo que va del año, las estadísticas policiales hablan de 3.513 asesinatos, lo que hasta aquí equivale a un 58% más que en el 2022, cuando se batió el récord de criminalidad con 4.603 asesinatos. Ya por entonces, ese ítem sangriento se había incrementado en un 82.5% con respecto a los registrados en el 2021. Se estima que, si en lo que va del año la tasa de muertos equivale a 26 por 100.000 habitantes, el 2023 llegue a los 40.

En Argentina esas mismas estadísticas arrojan números menores. Nada para celebrar porque es bien conocida la tendencia de los responsables estatales a manipular cifras. Lo cierto es que la menor asesinada, cuyo crimen interpela a toda la clase política sin distinción de banderas, pertenecía a ese 64?% de niños y adolescentes condenados a vivir en la pobreza, según los números que hace unos días dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística (INDEC).

Periodista y exasambleísta, Villavicencio había cobrado notoriedad cuando llevó adelante varias investigaciones que comprometían al expresidente Rafael Correa y a varios de sus funcionarios. De hecho, una de sus denuncias había derivado en la condena de 8 años de prisión contra el exmandatario, autoexiliado en Bruselas. Hace unos días había denunciado a un tal “Fito, del cártel de Sinaloa” de haberlo amenazado de muerte. “Lo único que pueden hacer es matarme, no les tengo miedo, ustedes (por sus seguidores) son mi escudo…”. Los sicarios rompieron esa adarga, quebraron su vida e hirieron considerablemente a la democracia ecuatoriana. 

Morena, en cambio, era hija de padres desempleados, que encontraron una ocupación en una cooperativa de recicladores de cartón en la vía pública. La lucha de esos padres por criar a sus hijos no es ya del día a día, sino de hora en hora. Gente de asistencia perfecta al comedor comunitario y de un esfuerzo denodado para que sus hijos asistan a la escuela pública. Sus asesinos, dos hermanos con frondoso historial de pequeños delitos para consumir drogas, comparten con la víctima y su familia el mismo sector social. O sea, el resultado fidedigno de los sucesivos desgobiernos: la lucha de pobres contra pobres.   

En b, “lo que queda” del presidente, Guillermo Lasso, decretó el estado de excepción por 60 días. “Los restos presidenciales” de Alberto Fernández, en Argentina, no reaccionan. Ausente de la campaña, ocupa sus horas, grabando videos en las redes para confesar la fidelidad de su perro Dylan y de la descendencia del can. Mientras el banquero ecuatoriano hace lo que puede, el delegado de Cristina Kirchner en la Casa Rosada se desentendió —ya hace meses— de su responsabilidad en el 125% de inflación, de lo que va del año; la devaluación sistemática de la (no) moneda, dejando todo en manos del ministro-candidato Sergio Massa, el hombre que en los últimos días recorrió medio país prometiendo que, en un hipotético gobierno suyo, “bajaremos la inflación”.

Si la crisis no fuese tan grave y el momento tan triste, el minuto a minuto de la política argentina sería una excelente comedia, digna de comprar billetes y, de paso, tratar de ayudar a saldar la abultada deuda externa.

Basta con escuchar al ministro de Economía y (sorpresivamente) candidato predilecto del establishment, para observar cómo queda en evidencia cuando se refiere a la economía o al astronómico valor del dólar. Suele ser un buen ejercicio para entender por qué es un abogado que tardó varias décadas en graduarse. Sus contrincantes en esta elección no le van a la zaga. Todavía retumban las declaraciones de la candidata opositora, Patricia Bullrich, cuando dijo que una de las soluciones para la crisis económica que vive el país es implementar un blindaje financiero, similar al que llevó adelante la administración de Fernando de la Rúa (1999-2001), que terminó en un estallido social. 

Pero Massa se autopercibe audaz, un kamikaze en la opinión de algunos de sus compañeros. Lo demostró con creces estos días con las medidas aplicadas que solo lograron devaluar más la moneda. Siempre va un paso más allá. No solo en su denuedo por parecer peronista (proviene de una formación neoliberal), sin conocer —y, mucho menos, recitar de corrido— tan solo cinco de las “veinte verdades peronistas”, sino cuando se pone a opinar de agricultura. De hecho, el pasado martes aseveró que después de la sequía que afectó al campo (y por ende, las exportaciones y las reservas del Banco Central), toda va a mejorar: “en noviembre tendremos una excelente cosecha del trigo, porque la sequía te dio una situación que, en términos del suelo, da una fertilidad mucho mayor y mejor por acumulación de nutrientes. Es el impacto positivo de la sequía y mejora, tú rinde… (sic)”. Lo dijo sin ponerse colorado. Bastaría un estudiante del primer año de Ingeniería Agrónoma para someterlo al ridículo.

Paradójicamente, no se le escuchó a Massa referirse a cómo combatir el narcotráfico y el delito en general, durante este tramo de la campaña. Exalcalde del municipio de Tigre, acumula de aquellos días algunas denuncias de protección y cercanía con la legión de narcos colombianos que habitan el exclusivo barrio de Nordelta, en el norte bonaerense. Pero para combatir la delincuencia cuenta con su principal espada para esas lides, el actual ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, el mismo que alguna vez dijo que “la inseguridad es una sensación, nomás”. (Aquí el guión manda a reír, sin embargo, hay cada vez más argentinos que lloran…)

Aun cuando las encuestas están invalidadas de antemano (en virtud de la conducta negativa de los consultados y de las sospechas que levantan algunos encuestadores), Massa, ungido por el dedo de la viuda de Kirchner, está en carrera. Como en carrera está, en Ecuador, la candidata elegida por Correa, la asambleísta Luisa González. Y, aquí sí, para seguir en tema, se corporiza aquella recordada cita del expresidente Juan Perón (1945-1955 y 1973-1974): “No es que nosotros hayamos sido buenos, sino que los otros fueron peores…”.

Y entre esos “otros” están los que tienen que competir con Massa en su versión oficialista. Bullrich, exministra de Seguridad de Macri; Horacio Rodríguez Larreta, actual alcalde de la ciudad de Buenos Aires y heredero en el cargo del expresidente, y el libertario Javier Milei. Todos tan semejantes en lo macro que bien podrían explicar la confusión, transformada en silencio y desgano, del electorado a la hora de responder encuestas o de brindar una pista de lo que pueda suceder en las urnas.

Nadie, en Ecuador, se atreverá a comparar el triste final del candidato Villavicencio, con el caso de Joe Biden. Bastó una amenaza por las redes para que el FBI, lo resolviera, acabando con el que profirió la intimidación al presidente. El esquema de seguridad de ese país está, hace tiempos, al desnudo.

Tal vez los protagonistas encuentren una nueva excusa en las herencias recibidas, en el cambio climático o en la sequía que afecta a distintas zonas del mundo, como por ejemplo el lago Titicaca o el oeste de España, para justificar el bajísimo vuelo intelectual, la ramplonería del debate político o la inacción ante las diferentes mafias que alteran los índices de seguridad. Sin ir más lejos, fue la expresidenta Fernández de Kirchner, la que, el miércoles, acusó a su sucesor en 2015, Mauricio Macri de haber amenazado a un gobernador electo y, de paso, le regaló un “más mafioso, no se consigue…”.

Encuentra una coincidencia con aquellos que en privado apodaron “Fredo” al exmandatario (por el hijo menos hábil de don Corleone, en la saga de El Padrino), esos mismos que se refieren a la actual vicepresidenta como “Connie” (la golpeada hermana de Michael y Fredo que llega a ostentar su cuota de poder), los que podrían formularle esa pregunta tan coloquialmente argentina: “¿Y por casa, cómo andamos?” Lo dicho: lo que creemos una comedia es en realidad una historia que primero se presentó como tragedia, con cimientos de larga data, y que ahora ocurre como “una miserable farsa…”. O sea, lo único que podemos encontrar de Karl Marx por estos lares: la frase inicial del Dieciocho Brumario.

Así están montados los distintos escenarios y esos son los actores protagónicos con los que ecuatorianos y argentinos cuentan para definir, en días más y las urnas, su futuro como país.   

¿Lo demás? Ya lo sabemos de tanto escucharlo, en catalán o en castellano: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio…”.

CAO