Llegar al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México desde el corazón turístico de la capital puede costar apenas cinco pesos. Pero el verdadero precio se paga en horas perdidas, obstáculos urbanos y desgaste físico.
A semanas de que el Mundial 2026 ponga los reflectores sobre la ciudad, La Silla Rota recorrió la ruta. Desde el Ángel de la Independencia hasta las terminales 1 y 2 del AICM turistas, trabajadores, capitalinos enfrentan un calvario para llegar al principal aeropuerto del país.
La ruta comenzó en el Metro Sevilla, sobre la Línea 1. Desde ahí, el trayecto hacia Pantitlán tomó cerca de 50 minutos y atravesó 15 estaciones. El problema explotó al salir.
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Pantitlán es el nodo de transporte público más grande del país, pero de nada sirve si no hay conexión directa con la Terminal 2. Para alcanzarla, hay que caminar varios minutos por banquetas rotas, charcos con lodo, basura acumulada, tramos a oscuras. La caminata por avenida Miguel Lebrija y Alberto Braniff revela uno de los grandes pendientes de la movilidad rumbo al Mundial: el acceso peatonal al aeropuerto.
“Es una terminal pensada para entrar y salir en automóvil”, explica Ernesto Moura, especialista en movilidad y políticas públicas. Y cuestiona: “¿Por qué no se pensó una mejor conexión con Pantitlán? El Mundial era una gran oportunidad para mejorar esto en transporte público”.
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Tampoco salvan otras estaciones cercanas, como Hangares o Boulevard Puerto Aéreo. Algunas son solitarias; otras, un horno sin sombra. Con calor o lluvias, caminar por ahí se vuelve una prueba de resistencia.
El recorrido de La Silla Rota encontró además el obstáculo de las obras de remodelación dentro del AICM que complican el acceso. En la Terminal 2, la entrada peatonal quedó reducida a un pasillo estrecho dentro del estacionamiento. Entre maquinaria, polvo y muros, los viajeros con maletas avanzan como pueden.
Al final, desde el Ángel hasta la Terminal 2 fueron una hora con 15 minutos y cinco pesos.
Hay otra opción: el Metrobús desde Amajac hacia el aeropuerto. Treinta pesos, una hora con 25 minutos. Pero también topa con problemas relacionados con la invasión de carriles y ambulantaje en La Merced.
“Al final le conviene a todos tener una buena ruta de transporte público aquí —a comerciantes, turistas y al gobierno”, sostiene Moura.
Ya adentro, el panorama no mejora. La Terminal 1 sigue en obras, aunque la primera fase de rehabilitación esté por concluir. En la salida del Metro Terminal Aérea, el espacio se ha reducido por trabajos en escaleras, pisos y techos. El pasillo techado que llevaba a la puerta 1 sigue cerrado. En la zona de restaurantes, el ruido de herramientas, el polvo y los trabajadores conviven con pasajeros que intentan comer o esperar sus vuelos a escasos metros del desorden.
Las autoridades señalaron que ya van avanzados en las obras y hay nuevas bandas de equipaje, filtros automatizados y más de 3 mil cámaras renovadas.
La primera fase de remodelación del AICM concluirá este mes. Entre las mejoras realizadas destacan la renovación de salas de espera, pasillos, áreas comerciales, fachadas, calles de rodaje y estacionamientos.
Además, el aeropuerto informó que se renovaron 40 equipos para validación de documentos, 40 puertas automatizadas de migración, 20 equipos de inspección de equipaje, 30 bandas de equipaje y más de 3 mil 600 cámaras de videovigilancia.
Tras el Mundial 2026, las obras continuarán con una segunda etapa que incluirá la construcción de un estacionamiento de seis niveles en la Terminal 2 y un puente de conexión con el distribuidor vial de Economía.
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“Vivo en Hangares y me hago 10 o 15 minutos. Lo más lejos: Milpa Alta, como dos horas. Pero el Metro sigue siendo la mejor opción”, cuenta Odett, trabajadora de una aerolínea.
Sergio, pasajero de Veracruz, eligió el Metro para ir a Nezahualcóyotl tras aterrizar. Razón: evitar el alto costo y la espera de las aplicaciones.
Mientras el AICM se pule para el Mundial 2026, la experiencia del pasajero no arranca en el abordaje. Empieza mucho antes entre transbordos, encharcamientos, banquetas rotas, obras inconclusas y largas caminatas bajo el sol o la lluvia.
VGB
