La estación Viaducto de la Línea 2 del Metro está en cirugía mayor para cambiar su aspecto rumbo al mundial de futbol 2026. Desde su entrada hacia el sur, la estación parece despellejada, y sus usuarios esperan impacientes su nuevo rostro para evitar las molestias que causa los cambios de aspecto que se le están haciendo a marchas forzadas ante la cercanía de la justa mundialista.
El mármol de la entrada fue levantado y ahora sólo se ve un suelo duro y disparejo, que suelta polvo y que por tal motivo los usuarios recorren con cautela para evitar tropezarse, así como por la oscuridad que hay en el lugar. Además, el paso está limitado por los sacos de material de construcción y los pedazos de piso retirados.
También hay andamios y hombres soldando, picando el piso o limpiando la pared que albergaba los vidrios de colores emblemáticos de la estación.
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Para subir hacia los torniquetes también es complicado. La estación, que cuenta con escaleras fijas -usadas para bajar- y mecánicas -para subir- ahora solo tiene unas escaleras en uso, las mecánicas, que están paradas, pero ahí suben y bajan obligadamente los usuarios. Lo mismo los niños y niñas y jóvenes de cuerpos ágiles, que las señoras y señores a las que ya les cayó el peso de la edad y requieren de un bastón para desplazarse, o a quienes tienen sobrepeso y también les cuesta trabajo caminar.
Las otras escaleras están siendo reparadas.
Una zona ya tiene vidrios nuevos
Al llegar al paso que conduce a la zona de torniquetes, la situación luce un poco mejor. Aunque también hay piso retirado y los vidrios que permiten ver Calzada de Tlalpan están polvosos como si no se hubiera limpiado en años, donde está la zona de las escaleras para descender al andén tienen ya alrededor unos vidrios nuevos, también polvosos.
Sin embargo se ven nuevos, polarizados y con un logo del Metro. Pero las paredes lucen desnudas, sin sus logos o el recubrimiento que normalmente tenían, e incluso están colgadas unas lonas con el logo de la estación. Por si alguien que sube o baja se olvida de dónde está.
El descenso al andén está reducido a la mitad, ya que sólo se puede usar una escalera para bajar y otra para subir, cuando habitualmente hay dos para cada acción.
Las escaleras que no se pueden usar están siendo también remodeladas. Una de ellas no tiene barandal y solo se ven los escalones y unos hombres instalando un nuevo piso.
En el andén los trabajos siguen pero a paso más lento. El piso sigue sin ser retirado. Se optó por empezar a quitar la línea amarilla de seguridad, la que no se debe rebasar para no poner en riesgo la integridad ante el paso del tren. El nuevo será más ancho, y una parte ya se sustituyó, otra se retiró pero no ha sido sustituida y una más sigue siendo la viejita.
Ahí el suelo se ve polvoso y las huellas de los zapatos quedan marcados. También se ven mantas colgadas con el logo azul de la estacón, para evitar que alguien se confunda por la falta de las señalizaciones fijas.
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Por último, desde el andén es posible ver cómo en la otra entrada de la estación, dos trabajadores subidos a una especie de grúa parecida a un montacargas limpian la fachada y buscan quitar los antiguos letreros de la estación, que se hizo famosa en 1975 cuando ahí ocurrió el primer choque de trenes del Metro en México que dejó 31 muertos y 70 heridos. Ese recuerdo queda lejos, pero lo reciente es la transformación de sus instalaciones.
La Silla Rota pidió información al Metro sobre la rehabilitación, pero no hubo respuesta.
