TEOTIHUACÁN

"Hay cámaras, pero no sirven y nunca revisaban mochilas": así operaba Teotihuacán antes del ataque

En entrevistas con La Silla Rota, trabajadores, habitantes y comerciantes del lugar relatan que durante años la vigilancia de la Zona Arqueológica de Teotihuacán, ha estado a cargo de sólo 13 elementos de seguridad; este miércoles, tras la reapertura después del atentado, turistas regresaron

Créditos: Erik López / La Silla Rota
Créditos: Erik López / La Silla Rota
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Escrito en METRÓPOLI el

Antes del tiroteo del lunes, en el que una turista canadiense perdió la vida y 13 personas resultaron heridas, la seguridad en la Zona Arqueológica de Teotihuacán operaba sólo con 13 elementos de vigilancia, sin cámaras en funcionamiento y con accesos donde no se revisaban mochilas ni bolsos.

De acuerdo con testimonios de trabajadores, habitantes y comerciantes del lugar, ese fue el contexto en el que el agresor, identificado como Julio César Jasso Ramírez, perpetró el ataque tras haber visitado en varias ocasiones la zona arqueológica antes del 20 de abril, lo que le permitió conocer la dinámica del sitio.

“Mínimo debe haber un guardia en cada lugar”

En entrevista con La Silla Rota, una trabajadora aseguró que durante años la vigilancia dentro de la Zona Arqueológica de Teotihuacán, con una extensión aproximada de 262 hectáreas, ha estado a cargo de sólo 13 elementos de seguridad, todos sin armas de fuego.

Erik López / La Silla Rota

“Mínimo debe de haber un guardia en cada lugar, pero son 13 y una está convaleciente porque acaba de dar a luz, así que ahorita son 12”, afirmó.

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Esos 12 elementos de seguridad cubrían un espacio de más de tres kilómetros y medio de longitud, en un día en el que llegan miles de turistas, en su mayoría extranjeros, debido a que los lunes los museos en la Ciudad de México se encuentran cerrados.

“Nunca revisaban mochilas”

Por otra parte, Laura, nombre cambiado por seguridad, una guía de turistas, indicó que el sistema de videovigilancia no operaba.

“Adentro de cada puerta hay cámaras, pero no sirven, tienen años ahí esas cámaras”, dijo.

Durante un recorrido realizado por La Silla Rota se observó que la presencia de cámaras es limitada y se concentra solo en accesos.

Erik López / La Silla Rota

La guía también señaló que antes del ataque no se realizaban revisiones exhaustivas en ninguna de las cinco puertas de acceso.

“Nunca revisaban mochilas… entran con drones y con bebidas alcohólicas porque no les revisan”, señaló.

La trabajadora del INAH coincide con ello al sostener que las revisiones eran evitadas debido a que estas generaban inconformidad entre los visitantes, en especial entre turistas extranjeros.

El agresor se movía sin levantar sospechas

La falta de controles permitió que la presencia de Julio César Jasso Ramírez pasara desapercibida.

Julio César permaneció en el hotel Villa Meztli del 8 al 20 de abril, periodo en el que ocupó la habitación número 18, ubicada en el segundo nivel, junto a las escaleras.

“Era raro, había algo raro en él”, señaló uno de los  habitante y trabajador del lugar donde se hospedo.

El Villa Meztli es un hotel de dimensiones reducidas, con habitaciones distribuidas en dos niveles alrededor de pasillos abiertos. Según el personal, tuvo poca interacción con trabajadores durante su estancia.

Además, se trasladaba principalmente en transporte público y servicios de aplicación, sin que se identificara un vehículo propio. 

El momento del ataque

En las inmediaciones de la Pirámide de la Luna, donde ocurrió el ataque, comerciantes relataron que escucharon las detonaciones alrededor de las 11:20 horas.

Uno de ellos, Eduardo Camargo, narró que fue un momento de confusión, pues al principio no supo qué pasaba, solo escuchó los disparos.

Erik López / La Silla Rota

“Escuché el primer disparo y me fui, no había vendido más que un vaso de fruta, pero empezaron a decir que había un hombre en la pirámide disparando a la gente”.

Señaló que alcanzó a ver cómo el agresor salía de entre las estructuras, realizaba disparos y volvía a ocultarse, por lo que decidió retirarse.

“Nunca había pasado una situación así, pero que no queda de otra, hay que trabajar”, dijo al regresar días después a su puesto en la puerta 3, donde vende fruta desde hace más de 10 años.

Cuestionan tiempos de respuesta y condiciones de seguridad

Además, personal del propio INAH señaló que los elementos de la Guardia Nacional —quienes cuentan con capacidad de respuesta armada— no se encontraban en el punto donde ocurrió el ataque al momento de los hechos.

De acuerdo con uno de los operadores del lugar, los efectivos estaban desplegados en los accesos, lo que implica varios minutos de traslado a pie hasta la Pirámide de la Luna.

La cronología oficial indica que el primer reporte se recibió a las 11:20 horas y que posteriormente arribaron los elementos de seguridad, en un contexto marcado por las distancias internas del sitio.

El Sindicato Nacional de Restauradores del INAH advirtió que estas condiciones responden a problemas estructurales.

“Lo ocurrido no es un hecho aislado, es la consecuencia de años de desatención presupuestal al sector cultura. La reducción sostenida del presupuesto ha significado menos plazas de custodia, equipo de revisión retirado o en desuso en los accesos”, expuso.

Visitantes regresan pese a lo ocurrido

Tras la reapertura, turistas nacionales y extranjeros regresaron al sitio. Sun, turista originario de Vietnam que reside en Francia, relató a La Silla Rota que es su primer día en México llegó a las 6 de la mañana y no sabía si ir porque leyó lo que había pasado, pero finalmente decidió acudir.

Erik López / La Silla Rota

“Hoy es mi primer día en la Ciudad de México… dudé si venir o no porque vi los artículos y sé que hace dos días hubo un problema de seguridad. Sé que Teotihuacán es uno de los sitios más famosos del mundo y quería descubrir la cultura”, contó. 

Durante su recorrido, señaló que percibió menor afluencia, aunque consideró que la seguridad “está muy bien en un nivel máximo”.

Otros visitantes coincidieron en que se sienten seguros, aunque algunos reconocieron sentir “un poco de miedo”.

Huellas visibles del ataque

En la Pirámide de la Luna aún permanecen visibles manchas de sangre tanto del tirador como de la turista canadiense de 32 años que perdió la vida.

Erik López / La Silla Rota

Estas marcas, ubicadas en las escalinatas y la base, eran pisadas por turistas que se tomaban fotografías.

“Esta es la primera vez que se derrama sangre en las pirámides en más de 700 años”, apuntó una trabajadora.

Reapertura con más elementos, pero sin filtros completos

Tras el ataque, la zona arqueológica reabrió el 22 de abril con un operativo reforzado.

El director del INAH, Omar Vázquez, informó el despliegue de 135 elementos: 50 de la Guardia Nacional, 16 de la Policía Auxiliar y 69 custodios.

No obstante, reconoció que los arcos detectores de metales aún no están instalados y que su colocación se prevé para la próxima semana.

Durante la reapertura, La Silla Rota constató que la revisión de mochilas se limitó a inspecciones visuales de pocos segundos.

djh