OPINIÓN

El juicio más viciado de la historia: la crucifixión de Jesús

Ejuicio y ejecución de Jesús de Nazaret es uno de los casos judiciales más documentados de la antigüedad; sin embargo, analizándolo desde una perspectiva estrictamente legal, encontramos una violación sistemática de todos los principios del debido proceso | VIOLETA SOSA ZAMORA

Juicio de Jesús de Nazaret.Créditos: Imagen creada con IA
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Independientemente de las creencias religiosas, el juicio y ejecución de Jesús de Nazaret es uno de los casos judiciales más documentados de la antigüedad; sin embargo, analizándolo desde una perspectiva estrictamente legal, encontramos una violación sistemática de todos los principios del debido proceso conocidos tanto en el derecho judío como en el derecho romano de la época. No fue justicia, sino un montaje político disfrazado de legalidad.

Estamos en Jerusalén, alrededor del año 30 d.C., bajo ocupación romana. El Sanedrín -tribunal religioso judío- tenía autoridad para juzgar asuntos religiosos, pero no podía ejecutar sentencias de muerte sin autorización romana. Poncio Pilato era el prefecto romano y en este entorno, un predicador de Galilea llamado Jesús genera inquietud entre las autoridades por sus enseñanzas y popularidad.

Según los relatos históricos en los evangelios el proceso inició con su arresto nocturno y ahí se perpetra la primera violación cuando es arrestado sin una orden judicial clara, basándose en un informante cuando el derecho judío de la época requería arrestos abiertos y con testigos, lo que vició el procedimiento desde su origen.

La segunda violación consistió en un interrogatorio preliminar sin defensa ya que Jesús fue interrogado inmediatamente, de noche, sin oportunidad de contar con representación o testigos a su favor; la tercera violación ocurre cuando el Sanedrín se reúne también durante la noche para juzgarlo, pero la Mishná -compilación de leyes judías- era explícita ya que establecía que los juicios capitales no podían celebrarse de noche ni en vísperas de días festivos. El juicio a Jesús fue nocturno, secreto, y en víspera de la Pascua.

Cuarta violación: testimonios contradictorios. Los evangelios narran que buscaron testigos pero sus declaraciones no concordaban y el derecho judío requería testimonio concordante de por lo menos dos testigos y si se contradecían, debían desecharse. Sin embargo, el proceso continuó. La quinta violación se identifica en una autoincriminación forzada ya que cuando le preguntaron a Jesús si era el Mesías, él respondió afirmativamente y en el sistema judío, nadie podía ser condenado únicamente por su propia declaración.

Una vez condenado por blasfemia, apareció un problema: las autoridades judías no podían ejecutar sentencias de muerte bajo ocupación romana por ello necesitaban que Pilato autorizara la ejecución. Sexta violación: cambio de acusación, ya que ante el Sanedrín fue acusado de blasfemia (delito religioso) y ante Pilato, de sedición política al afirmar ser "Rey de los judíos", cambiando la acusación estratégicamente para encajar en la jurisdicción romana.

Pilato interrogó a Jesús y no encontró delito que mereciera muerte. Intentó liberarlo ofreciendo al pueblo elegir entre Jesús y Barrabás, un insurrecto pero incurrió en la séptima violación: someter a votación popular una decisión judicial. En el derecho romano, el prefecto tenía autoridad de decidir sobre sentencias capitales y delegarlo a una turba era abdicar de su responsabilidad judicial.

La octava violación se perpetró cuando Pilato ordenó flagelar a Jesús antes de emitir sentencia, esperando que con ello quedara satisfecha la multitud. Pero la flagelación era un castigo, no un procedimiento investigativo y aplicar castigo corporal antes de condena formal violaba la presunción de inocencia reconocida en la práctica jurídica romana.

Finalmente, Pilato cedió a la presión política y autorizó la crucifixión consumando así la  novena violación consistente en la sentencia motivada por conveniencia política, no por justicia. Pilato declaró no encontrar culpa en Jesús, pero lo condenó para evitar disturbios sacrificando la justicia en el altar de la estabilidad política.

Una décima violación se evidencia cuando Jesús fue ejecutado como sedicioso político pero nunca fue formalmente condenado por ese delito en un juicio que cumpliera los estándares del derecho romano, ya que existió una acusación no probada, después de un proceso que violó tanto las normas judías como las romanas.

Desde una perspectiva legal, el proceso contra Jesús fue evidentemente violatorio del debido proceso y ésta lección trasciende los siglos ya que desde aquella época se evidenció que cuando el poder tiene interés en condenar a alguien, los procedimientos se violan, los jueces ceden, y la justicia se sacrifica. Ocurrió hace poco más de dos mil años en Jerusalén y sigue ocurriendo hoy cada vez que se fabrican culpables, se violan garantías procesales, se cede a presiones políticas, y se ejecutan sentencias que no son producto de la justicia sino del miedo o la conveniencia.

Violeta Sosa Zamora, columnista LSR Hidalgo.