Pachuca.- Desde los siete años, Fernando Olvera Fernández aprendió que el trabajo sería parte fundamental de su vida. Hoy, a sus 66 años, vende pastes y pasteles en distintos puntos de la ciudad, convencido de que el esfuerzo y el buen trato a las personas son la clave para salir adelante.
Fernando recuerda que su primera actividad fue recoger basura en su barrio, después ayudó a una señora conocida como Loyita, quien trabajaba en un lugar nombrado como “el Club de los Ciegos". Con el paso del tiempo tuvo distintos oficios hasta que llegó a la panadería, un trabajo que marcaría su vida.
A los 18 años comenzó a aprender el oficio en La Villita, una de las panaderías más tradicionales de Pachuca. Ahí aprendió a elaborar distintos productos como pan y pastes, conocimientos que conserva hasta hoy. Durante muchos años trabajó bajo las órdenes de Álvaro Rodríguez, a quien recuerda con respeto.
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“Lástima, porque otro patrón como él no me lo encuentro”, comenta Fernando, quien reconoce que fue una persona importante en su formación laboral.
Vende pastes en la calle
Hace aproximadamente dos años y medio dejó ese trabajo para iniciar su propio camino. Desde entonces se dedica a vender pastes y pasteles por su cuenta, principalmente en la Plaza Juárez y otros puntos del centro de Pachuca.
Actualmente ofrece sus productos tres días a la semana —lunes, martes y miércoles— y suele preparar alrededor de 40 pastes por jornada. Entre los sabores que vende, él ofrece las empanadas de papa, frijol, salchicha, piña y, en ocasiones, tinga.
A pesar de las dificultades económicas y de que las ventas no siempre son altas, Fernando asegura que su estrategia es mantener precios accesibles para atraer a los clientes.
“Yo los doy baratos porque sufrí desde niño. Prefiero que la gente venga y compre”, explica.
Además de vender sus propios productos, también encontró un sustento e ingreso extra en otros negocios, como un puesto de comida de un comerciante proveniente de Veracruz, donde ha ayudado a mejorar la atención al cliente.
Fernando asegura que una de las enseñanzas más importantes que le ha dejado la vida es tratar bien a las personas.
“Si quieres tener todo, pórtate bien con la gente y la gente te va a seguir”, afirmó.
Aunque reconoce que trabajar bajo el sol puede ser difícil, asegura que su motivación es seguir activo y mantener el contacto con la gente. “A mí me gusta trabajar y atender bien a la gente”, dijo.
Con más de cinco décadas de trabajo a cuestas, don Fernando continúa luchando por mantener su negocio y espera pronto terminar de acondicionar su cocina para retomar la elaboración de pan, actividad que aprendió desde joven y que aún considera parte fundamental de su vida.
sjl
