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Dianita creció bajo resguardo del DIFH pero al cumplir 18 enfrenta sola las calles de Pachuca

Tras pasar su infancia y adolescencia en casas de asistencia, la joven con discapacidad motriz salió del sistema al cumplir la mayoría de edad; hoy sobrevive entre refugios temporales, enfermedades y la búsqueda de una familia que perdió hace años

La joven no tiene vínculos familiares que la sostengan
Dianita.La joven no tiene vínculos familiares que la sostenganCréditos: Emily Morales
Escrito en HIDALGO el

Pachuca.- A sus casi 20 años, Diana —“Dianita” para quienes la conocen— carga una historia que comenzó entre la violencia y el abandono, y que hoy continúa en la incertidumbre de la vida fuera de las instituciones que la resguardaron desde niña. La usuaria de silla de ruedas pasó sus primeros años en casas de asistencia del DIF Hidalgo y recientemente en las calles de la capital hidalguense, donde enfrenta no sólo la falta de un hogar, sino también la vulnerabilidad que implica sobrevivir sin redes de apoyo.

Dianita es fan de BTS, le gusta escuchar K-pop y su comida favorita es el mole rojo, ella nació el 29 de abril del 2006, y dos años después el Sistema DIF estatal detectó situaciones de violencia y descuido en su núcleo familiar, por lo que fue ingresada a la casa-cuna estatal.

En entrevista con LSR Hidalgo, la joven de casi 20 años contó que en agosto del año pasado terminó su estancia en las casas de asistencia del DIF hidalguense, donde actualmente viven alrededor de 170 menores de edad.

De acuerdo con lo informado por la presidenta del Patronato del Sistema DIF de Hidalgo, Edda Vite Ramos, el estado tiene bajo su cuidado a 28 son niñas, 53 niños y ocho chicos en casas de transición -quienes ya tiene 18 años-, 48 adolescentes mujeres, tres mujeres en casas de transición, así como 48 de bebés de Casa-cuna.

Además, se dio a conocer que alrededor de 160 infantes y adolescentes más son atendidos en casas de asistencia fuera del estado, debido a que requieren atención médica o psiquiátrica especializada y sus cuotas de atención son pagadas por el gobierno estatal.

Crédito: Emily Morales

El camino de Dianita

La joven pasó de la Casa-cuna a la Casa de la Niña, vivió 11 años en la Casa del Adolescente, después, el DIFH la puso “transición”, en agosto de 2025 recibió apoyo económico y ayuda para rentar un cuarto, luego firmó documentos de salida.

Cabe mencionar que también recibió ayuda para tramitar una tarjeta de apoyo social para personas con discapacidad, debido a que Dianita tiene discapacidad motriz, anda en silla de ruedas, además padece un trastorno del desarrollo neurológico, de acuerdo con integrante de la asociación Por la Inclusión y Derechos Humanos, Pamela Álvarez, quien opinó que la joven no se puede cuidar ella sola, tiene 19 años físicamente, pero el comportamiento de una niña de 11 años.

Fuera del DIF Hidalgo, su primera renta fue en Venta Prieta, lugar que describió como “tranquilo”, después se mudó al pueblo de Matilde, en Pachuca también, con “unos amigos” que conoció en reuniones de Alcohólicos Anónimos (AA), pese a que ella no toma bebidas alcohólicas.

“... en febrero, que ya fue cuando me salí (de la renta en Venta Prieta). Mi amiga pues me apoyó unos días y me echó hasta con Matilde, sabiendo que no podía salir, yo me sentía incómoda porque no podía ni salir ni a nada, porque Matilde está muy empinada. Entonces yo no podía salir”, explicó Dianita.

Después de estar unos días sin poder ir a comprar su propia comida ni salir a distraerse o hacer sus actividades, la joven relató que su amiga llamó a una unidad del ayuntamiento de Pachuca para trasladarla al Refugio Invernal, un proyecto para evitar que las personas en situación de calle estén expuestas a las temperaturas extremas de diciembre, enero y febrero.

Su estancia en el refugio

En Hidalgo este es el único albergue municipal en su tipo, pero solamente es un espacio para pernoctar en la temporada de invierno en la capital hidalguense, donde la temperatura baja a grados bajo cero durante las madrugadas. El proyecto data del 2020, año en que la pandemia de covid-19 se hizo presente en México.

Imagen ilustrativa | Crédito: LSR Hidalgo

La presidencia municipal, en colaboración con la activista Pamela Álvarez, adaptó el espacio con camas, regaderas, baños, comedor y otras áreas para personas en situación de calle, quienes también recibieron atención médica y otros servicios durante su estancia.

El horario de ingreso era a las 6:30 de la tarde para salir a las 8:00 de la mañana, Diana estuvo varios días en este servicio y su primer día llegó a las 11:00 de la noche, luego de que la unidad la recogió en Matilde; “la unidad dijo: mañana vengo por ella, pero no fueron”, explicó.

Pamela contó que Dianita ingresó con un cuadro de enfermedad respiratoria al Refugio Invernal, pero empeoró cuando la colocaron una cama cercana a una corriente de aire frío, además de que pasaba de las 8 de la mañana a las 6 o 7 de la tarde en la calle y sin tener donde refugiarse.

Imagen ilustrativa | Crédito: LSR Hidalgo

“... lo peor del caso es que no pensaron las cosas y me mandaron, o sea, donde me pegaba más frío y hasta que se me complicó más. Ya me dijeron que me cambiara (después), aparte porque también se enteraron que iba a ir el presidente, si no, no me hubieran cambiado”, externó la joven su sentir.

Diana sufrió de acoso sexual

Al no tener un espacio de resguardo en el día, la pachuqueña pasó el resto del tiempo con otras personas del refugio, entre ellas dos hombres que le doblan la edad -de alrededor de 40 años-, quienes le sugirieron besarse de forma insistente, ella se negó y hasta lo reportó con funcionarios del Refugio Invernal, quienes le dijeron que solamente “quería llamar la atención”.

Durante sus primeros días, una mujer llamada Vianey era con quien se iba a la calle, después se fue con Julio, quien la “molestó” y entonces le sugirieron: “vete con Jonathan”, ambos se desplazaron para un banco, donde él trabaja como viene-viene, y de un momento a otro le preguntó si quería ser su novia y le pidió un beso.

Imagen ilustrativa | Crédito: LSR Hidalgo

“Yo todo el tiempo me la tenía que pasar con mis compañeros… en eso llega un momento en que me dice: ¿quieres ser mi novia? y le dije no, y me dijo: ¿por qué?, le digo: porque no… que no me insistiera, pero me estuvo insistiendo en el regreso al refugio y yo como de ya déjame de molestar”, narró Diana y recordó que fue el 23 de febrero.

Ese mismo día, este hombre intentó besarla y le pidió jugar “a la mamá y al papá”, por lo que acusó al sujeto ante el personal del Refugio Invernal, pero no hubo una respuesta positiva para ella.

Quiere saber más de su familia

El refugio cerró y hoy en día, la joven no tiene un hogar a donde llegar y perdió contacto con su familia desde los 8 años, cuando dejó de ver a su mamá por problemas de salud, a las pocas semanas le avisaron que había fallecido de cáncer y no tuvo más un vínculo en el exterior.

Hoy a Diana le gustaría localizar a un familiar, pero no sabe por dónde empezar pues desconoce muchas cosas sobre su pasado.

Además, uno de sus días de regreso de la escuela a la casa de asistencia, el personal del lugar donde vivía le tiró a la basura la única fotografía que tenía de su mamá, un recuerdo que guardaba con cariño especial; “sentí mucho enojo”, contó Dianita.

La joven también mencionó que en la Casa del Adolescente le hicieron comentarios malintencionados sobre su madre, lo que dijo, es un tema sensible para ella.

Dianita no puede cuidar de sí misma: activista

El 24 de febrero, Pamela Álvarez retomó el caso de Diana al notar que su estado de salud era delicado y no era atendida de forma adecuada, pues estaba en la calle y tenía temperatura. Al notar eso, la defensora de derechos humanos acudió al refugio para recibir informes sobre la atención a la joven y recoger sus cosas, y desde entonces ella se hace cargo de sus gastos y consultas médicas.

Por su parte, la activista contó que la usuaria de silla de ruedas tiene problemas para ingerir comida o pastillas, además de que presenta síntomas de enfermedad renal, por lo que le pidieron realizarse diversos estudios médicos.

Por lo anterior, sumado a su discapacidad motriz e intelectual y a las diversas situaciones que se viven en la calle, Pamela Álvarez opinó que Dianita no debe estar desprotegida y no debe estar en situación de calle.

La integrante de asociación Por la Inclusión y Derechos Humanos reconoció que la joven obtuvo herramientas que la mayoría de jóvenes en situación de calle no tienen debido a que ella creció bajo el resguardo del Estado, el cual le brindó educación media superior en el bachillerato Casa de la Mujer Hidalguense, donde estudió para asistente bilingüe.

Sin embargo, la activista señaló “poca preocupación” por parte del Estado con el caso de Diana, pues vivir con una discapacidad es difícil incluso con el apoyo familiar, “ahora sin él”, esto además de la falta de oportunidades laborales para las personas con desventaja física y mental.

Pamela busca la integración de la joven, pero para ello se requiere de la ayuda del gobierno para garantizar los derechos de Diana, además, se acercó a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo (CDHEH) y a la dirección de Inclusión para Personas con Discapacidad, en busca de una ruta.

En Hidalgo, mil 800 personas viven en la calle

La asociación Por la Inclusión y Derechos Humanos contabilizó un aproximado de mil 800 personas en situación de calle en Hidalgo, de los cuales, la mayoría se concentran en la Zona Metropolitana, es decir, entre Pachuca y Mineral de la Reforma.

“... en este grupo puedes encontrar infancias, mujeres, adultos mayores, personas de la diversidad sexogenérica, personas de comunidades indígenas, migrantes, cualquier grupo vulnerable que te imagines lo vas a encontrar en población en situación de calle con una o con más situaciones de vulnerabilidad y es una población que es muy mal vista, es muy estigmatizada, es muy olvidada, es muy borrada porque incluso ni siquiera la mayoría de los servidores públicos sabe cómo dirigirse correctamente a ese a este de fenómeno de calle”, expresó Pamela Álvarez.

Asimismo, mencionó que la mayoría de la comunidad callejera trabaja “y trabaja muy duro” contrario a lo que se piensa, pero son trabajos informales, mal pagados e invisibilizados, como viene-viene, cargador en la central de abastos, franeleros, ayudantes en algún negocio, entre otros.

sjl