Pachuca.- Desde hace más de cuatro décadas, don Rafael Santander recorre las calles de Pachuca empujando un carrito de camotes y plátanos, una labor que no solo representa su ingreso diario, sino también una tradición que poco a poco desaparece en la capital hidalguense.
En entrevista con LSR Hidalgo, Rafael refirió ser originario de San Juan Tizahuapan, una comunidad perteneciente a Epazoyucan y ubicada cerca de Pachuquilla. El hidalguense, de 70 años de edad, confesó que continúa trabajando porque la pensión que recibe no es suficiente para cubrir sus necesidades básicas.
“No alcanza, hay que trabajar”, expresó mientras acomodó los camotes y plátanos que ofrece a los transeúntes, preparados con leche condensada, tal como aprendió hace años observando a otros compañeros del oficio.
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Don Rafa camina al menos cuatro horas para vender todos sus plátanos y camotes, recorre distintas colonias de la ciudad y, en ocasiones, se instala en puntos concurridos como la zona del Reloj Monumental, donde aprovecha la afluencia de personas para mejorar sus ventas, de acuerdo con lo que mencionó.
El adulto mayor opinó que los eventos culturales, grupos y otras actividades que se realizan los fines de semana en el Reloj Monumental y otras plazas ayudan a los comerciantes a vender sus productos.
Aunque reconoce que todavía existen otros vendedores similares, don Rafael externó que su carrito es uno de los pocos de gran tamaño que aún circulan en Pachuca. “El único carro grande es este”, dijo con orgullo.
Trabaja en el campo
Además de su trabajo en la ciudad, don Rafael continúa dedicándose al campo en su comunidad, donde siembra principalmente maíz y frijol. Explica que la agricultura sigue siendo complicada debido a los altos costos de inversión y a que los apoyos gubernamentales resultan insuficientes para muchos productores.
“Sí ayudan, pero es poquito”, mencionó sobre los programas destinados al campo.
A pesar del cansancio que implica caminar durante horas por la ciudad, don Rafael mantiene la voluntad de seguir adelante, convencido de que el trabajo diario le permite salir adelante por cuenta propia.
Su historia refleja la realidad de muchos adultos mayores que, lejos de retirarse, continúan trabajando para complementar sus ingresos, mientras conservan oficios tradicionales que forman parte de la identidad urbana de Pachuca.
“Ya me canso”: don Rafa
El entrevistado es uno de los muchos adultos mayores que aún laboran, tienen un negocio o realizan actividades para poder obtener dinero a cambio ante el incremento de los precios en comida y otros productos.
El señor Rafael tiene más de 50 años trabajando, por lo que refirió estar cansado, con dolores y desgaste en los músculos y huesos. El entrevistado aceptó que vender camotes lo mantiene activo, pero aceptó que sí tuviera el dinero suficiente, podría quedarse en casa. “Ya me tengo que ir”, se despidió.
sjl
