León, Guanajuato.- Esta ciudad lo vio antes que el mundo entero lo terminara por convertir en un ícono.
Antes de los estadios llenos, antes de los récords globales, antes de los Grammys y de convertirse en el rostro latino más poderoso del pop urbano, Bad Bunny cantó una noche en la Velaria de la Feria de León, como parte de una escena que apenas estaba creciendo, cuando todavía era posible verlo sin imaginar lo que venía después.
Aquella noche, en abril de 2018, la Velaria recibió a un artista que ya traía ruido, sí, pero que aún no era el fenómeno absoluto que hoy domina el planeta. La gente llegó como se llega a un concierto de feria: con emoción, con curiosidad, con la sensación de estar viendo algo grande… aunque todavía no se supiera qué tan grande.
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En ese momento, los temas más sonados del artista eran: Tu no vive así, Soy Peor, Diles entre otras.
Los boletos costaban lo que hoy parece irreal: alrededor de 400 pesos en general y 800 en VIP, cifras que ahora suenan casi como una anécdota de otro tiempo, cuando su nombre aún no era sinónimo de reventa, filas interminables y boletos imposibles.
Y lo más curioso: no fue sold out. No porque faltara energía, sino porque todavía era una etapa distinta. Una antesala. Un León que, sin saberlo, estaba viendo pasar a una futura superestrella mundial en un escenario de feria.
Hoy, con el paso de los años, esa noche se volvió casi legendaria: el recuerdo de quienes estuvieron ahí se cuenta con incredulidad, como si fuera una postal escondida en el archivo de la cultura pop local.
Bad Bunny no era todavía el artista que rompería todas las barreras, pero ya se sentía algo: el estilo, el impacto, la conexión. Era el inicio de un camino que terminaría por sacudir la música global.
Y ese salto se volvió monumental.
Años después, Bad Bunny ganó el Grammy al Álbum del Año, un hito histórico para un disco completamente en español, y ahora se prepara para encabezar el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, un escenario reservado para los nombres más grandes del planeta.
Por eso, mirar hacia atrás tiene otro peso: León lo vio antes del mito.
Lo que fue una noche más en la Velaria, hoy es parte de la historia: el día en que el ganador del Grammy, el futuro rostro del Super Bowl, cantó aquí… cuando todavía era posible verlo como un artista emergente, sin imaginar que estaba a punto de convertirse en una era.
Recordar esa noche en la Velaria no es solo un ejercicio nostálgico: es ver cómo un artista puede escalar desde audiencias modestas hasta definir épocas culturales y romper barreras lingüísticas y comerciales. Lo que en 2018 fue una noche más en la Feria de León, hoy forma parte del legado de un músico que ya suma Grammys, estadios, y un lugar en el escenario más visto del deporte estadounidense.
