“Hay siempre en el pensamiento cierta cantidad de rebelión interior”. — V. H., Los Miserables
En una de sus últimas entrevistas, la cantante española Rosalía desató —sí, una vez más— la polémica al hablar de lo ambiguo que es que una persona te agrade o no, y cómo eso no puede mezclarse con el trabajo que desempeña. Es decir, no juzgar el libro solo porque quien lo escribió es una persona de lo más cuestionable.
Entonces, el cometido de hoy es analizar: ¿verdaderamente podemos separarlos? O ¿nos estamos acostumbrando a pasar por alto cosas que no deberían?
Te podría interesar
¿Y si rompemos el velo?
Hoy en día, que todo lo tenemos a través de una pantalla, el impacto de ello ha sido gigantesco. Me refiero a que, en la actualidad, ya no toma el mismo tiempo que a lo largo de la historia para que un completo desconocido se torne en alguien aplaudido y hasta convertido en una aspiración o un modelo a seguir, gracias a una canción, un libro, una interpretación o lo que hoy conocemos como “creación de contenido”. Por supuesto que todo va en escala; sin embargo, el fondo sí es el mismo.
Con la correspondiente exposición y lo fácil que es que la gente, para bien o para mal, te siga, la conciencia y la responsabilidad de quien se desempeña han de ser, si no del mismo tamaño, al menos proporcionales a su alcance. ¿No? El problema es que nosotros mismos, como consumidores, no hemos sabido entenderlo ni defenderlo. “Traicionar a la sociedad por ser fiel a su conciencia”. V. H.
En la mayoría de las ocasiones, el que admiremos a alguien, independientemente de por qué, nubla un poco nuestro juicio al momento de analizar si está haciendo algo mal. “¡Todos somos humanos y tenemos derecho a equivocarnos!”. Ah, pero por supuesto; nunca dije que por ser alguien en el ojo público se invaliden tus oportunidades de errar. Hablo de que, en casos particulares, es una constante: declaran cosas como “hay que separar al artista de su obra”, a lo que en el argot mexicano llamaríamos “curarse en salud” y, más importante aún, existen errores y errores.
¿La luz al final del túnel? A Timothée Chalamet ya le costó un Óscar.
Qué buen trabajo ha hecho Timothée Chalamet en sus distintas adaptaciones. Yo lo prefiero en Little Women, pero la que lo puso en el centro de todo fue Call Me by Your Name. “Mala suerte” que la película se ensombreció luego de que a su coestrella Armie Hammer se le relacionara con denuncias por abuso de sustancias, ninfomanía y hasta canibalismo. Entonces, Timothée supo aislarse y seguir entregando excelentes interpretaciones, tanto que pudo superar el ballet y la ópera de una sola vez.
De errores a errores, ¿no? Rihanna se cruzó con Chris Brown, pero hoy sigue siendo llamado el rey del “R&B” y vendiendo como loco. Sergio Andrade nos regaló tremendos “obligatorios de karaoke” a través de Gloria Trevi; quién sabe cuántas más pudieron haber sido. Leo DiCaprio nos ha regalado actuaciones de primer nivel en películas como Romeo y Julieta y Titanic; por supuesto, El gran Gatsby y El lobo de Wall Street. Sin embargo, eventualmente tenía que expandir sus horizontes y optó por fundar una universidad femenil. J. K. Rowling es responsable de que al menos tres generaciones distintas se introdujeran en el mundo de la literatura, pero su postura social y política sin duda abarca un poquito más. La vanguardia en las colecciones de Balenciaga, hasta para los niños. Hay un montón de pintores responsables de verdaderas obras de arte, aunque no desaparece quiénes fueron o son. Y, al final, están ese creador y esa creadora de contenido. ¿Oye todas esas acusaciones? Ya me parece que no fueron por error.
“Pues debes ser una persona sin defectos”. Uy, pero ni de lejos; solo creo que todos debemos tener un poco más de criterio: “Veamos el camino por donde ha pasado la falta”. V. H.
pr
