No es cuento chino. En México, cuando un capo de "alto perfil" muere, en un vehículo oficial, justo antes de declarar, el silencio que deja no es de paz, no es de justicia, es de impunidad, es de complicidad.
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El crecimiento a la sombra del poder
El ascenso de Nemesio Oseguera, "El Mencho", no fue casual. Fue una expansión corporativa financiada por la omisión y el contubernio. Desde 2010, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) pasó de ser una célula local a un imperio con presencia en 28 de los 32 estados de México y operaciones en más de 100 países.
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El silencio de los inocentes (y de los culpables)
La muerte del Mencho con tanta historia e información en su memoria y en sus archivos bien resguardados es, paradójicamente, una tragedia para la justicia y para los mexicanos, pero un alivio para algunos connotados de la clase política nacional. Lo que pudo haber pasado: Un Mencho detenido y con alta posibilidad de hablar en una corte de Nueva York habría sido una bomba a punto de explotar para más de un alto funcionario y político poderoso de nuestro país.
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La hidra de mil cabezas
Que no nos engañen: esto no termina aquí. El CJNG no es una persona, es una organización poderosa, una infraestructura con gran capacidad financiera y de alta formación “militar” con sucesores en línea de mando ya listos para el relevo.
La realidad, la ingrata realidad para la mayoría de los mexicanos, es que la vacante del Mencho se podría cubrir antes de que se seque la tinta de este artículo, sin embargo, esto no sucederá. Lo que viene ahora es un periodo donde las organizaciones rivales al CJNG reaccionarán para ganar espacios y un reacomodo y una feroz lucha por el poder al interior de CJNG que generará una peligrosa ola de violencia entre grupos que afectará la vida cotidiana en varias regiones del país.
La paz detrás de un palacio blindado con vallas y rodeado de soldados
Lo lamentable es que mientras exista complicidad del poder público y mientras los políticos sigan viendo al narco como una "caja chica" que más bien debería llamarse caja grande, será prácticamente imposible que la delincuencia organizada disminuya en nuestro México soberano. Y siendo esta nuestra realidad de todos los días, en este escenario de reacomodo con violencia y de políticos sin escrúpulos, pero con dinero, seguiremos escuchando que el pueblo está en paz mientras que, del otro lado del palacio blindado con vallas y soldados, esa paz y seguridad no llega para el mexicano común.
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Tapar el sol con un dedo y jurar que ya se hizo de noche. Creer que una muerte traerá la paz, cuando el negocio que deja sigue intacto y los socios visten de cuello blanco es una mentira, es un cuento chino.
