León.- Detrás del cortocircuito que le quitó la vida a Luis, un joven trabajador de apenas 20 años de edad, se esconde la realidad de San Joaquín, una de las colonias más desprotegidas de León incrustada en el sector de San Juan de Abajo. Ahí, donde los servicios básicos son un lujo inexistente y las viviendas se levantan de forma improvisada, encender una resistencia para calentar un poco de agua se convirtió en una trampa mortal.
Luis había regresado a casa por la noche tras concluir su jornada de trabajo. Lo único que buscaba, como cualquier persona al terminar su labor, era bañarse. Sin embargo, en un entorno donde no hay infraestructura segura y las instalaciones eléctricas se construyen con lo que se tiene a la mano, el acto más cotidiano se vuelve un peligro latente.
El lunes, alrededor de las 8:15 de la noche, las luces del humilde hogar ubicado en la calle San Rafael, esquina con Santa Cristina, se apagaron de golpe. No era un apagón común, de esos que frecuentan la zona debido a la precariedad de las conexiones; esta vez, el silencio fue definitivo. Al revisar qué ocurría, sus familiares encontraron a Luis inconsciente en el suelo.
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La combinación de un piso húmedo y las deficientes condiciones del tendido eléctrico provocaron que una descarga fulminante lo alcanzara en el momento en que conectaba el aparato para calentar el agua.
A pesar de que los rescatistas de Bomberos, Protección Civil y paramédicos de la Cruz Roja se movilizaron hasta este punto de la periferia, las carencias del entorno volvieron a ganar terreno al tiempo: Los cuerpos de emergencia solo pudieron confirmar que el joven ya no contaba con signos vitales.
Mientras el personal de la Fiscalía General del Estado realizaba los peritajes y el traslado del cuerpo al anfiteatro, los vecinos de San Joaquín observaban entre la resignación y el luto. La muerte de Luis no sólo deja un vacío en una familia trabajadora, sino que vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad extrema en la que habitan cientos de leoneses.
