La noche de ayer en León, Guanajuato, no fue “un show de batazos”. Fue otra cosa: fue el momento exacto en que la Liga Mexicana de Softbol se miró al espejo y se vio grande. En La Fortaleza, el diamante se convirtió en escenario y el ruido —ese ruido que solo existe cuando la pelota vuela y el público se para— terminó por darle sentido a una palabra que a veces se usa fácil: histórico.
Y en el centro de todo quedó Erika Piancastelli, italiana, cañonera de El Águila de Veracruz, ganadora del primer Home Run Derby de la LMS. No solo ganó: lo firmó con fuego. Cerró la competencia con 105 cuadrangulares y remató con una final brutal de 62 jonrones, superando a Rachel García (Bravas de León), que terminó con 27 en el último round.
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Las 8 participantes: el pool que inauguró la historia
El Derby reunió a ocho bateadoras, cada una representando el poder de su club en la liga:
Jazmyn Jackson (Diablos Rojos Femenil)
Corinth McMillan (Charros Softbol Femenil)
Aliyah Binford (Algodoneras del Unión Laguna)
Rachel García (Bravas de León)
Suka Van Gurp (Sultanes Femenil)
Erika Piancastelli (El Águila Softbol)
McKenzie Clark (Las Olmecas de Tabasco)
Morgan Smith (Naranjeros Softbol Femenil)
(Dato de contexto: en los días previos hubo ajustes en la lista final, incluyendo el ingreso de Binford por Sarah Willis y cambios en Sultanes, según reportes previos al evento.)
Así se vivió el Derby: números que cuentan la mitad, el resto lo cuenta el estadio
El formato fue escalonado por rondas y el espectáculo explotó desde el inicio. Suka Van Gurp se robó el primer gran “¡no puede ser!” de la noche con 45 jonrones en ronda inicial, con una racha que incluyó bonos por tríos consecutivos. Pero lo de Rachel García —local, figura, favorita del público— fue directamente una detonación emocional: pegó 51 en la primera ronda y puso a “La Fortaleza” a rugir como si se tratara de una final.
A semifinales avanzaron:
Rachel García (51)
Suka Van Gurp (45)
Erika Piancastelli (22)
Jazmyn Jackson (20)
El momento Piancastelli
Piancastelli avanzó con temple. No forzó. Ajustó. Su swing fue elegante, limpio, con ese ritmo que parece lento hasta que la pelota desaparece. No hubo exageración ni aspaviento: hubo técnica. Cuando llegó la final, soltó el golpe definitivo con 62 cuadrangulares, un cierre que rompió el guion y selló la noche con 105 jonrones totales. El estadio lo entendió como se entienden las cosas importantes: de pie.
Del otro lado, Rachel García, local y favorita, empujó el ambiente hasta el límite. La grada respondió con cada batazo suyo y convirtió la final en un pulso emocional que hizo todavía más grande el desenlace. No fue derrota: fue contraste. Poder contra poder, y una campeona que encontró el momento exacto para incendiar el cierre.
El Derby dejó cifras que impresionan, pero dejó algo más valioso: identidad. La LMS estrenó una tradición con estándar alto y una campeona que representa lo que la liga quiere ser: competitiva, estética, intensa. Piancastelli no ganó solo por fuerza; ganó porque el béisbol —y el softbol— también se explican desde la belleza del gesto.
Cuando el humo se disipó y el último conteo se cerró, quedó claro que esta no fue una noche más del calendario. Fue el nacimiento de un nuevo evento. Y en el primer capítulo, con letras grandes, quedó un nombre: Erika Piancastelli.
