León, Guanajuato.- Los pasillos son los mismos de cada año. El vestíbulo del Poliforum León no cambia demasiado: los mismos corredores largos, los mismos accesos, la misma lógica de feria que parece diseñada para fluir… hasta que deja de hacerlo.
Porque este domingo 25 de enero, la Feria de León 2026 no se caminó: se sobrevivió.
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Afuera, la escena era parecida. Filas humanas avanzando bajo los árboles y los letreros luminosos de la zona de comida, una marea compacta que se estira entre puestos, luces y vendedores. No hay prisa posible cuando el espacio desaparece. El aire se siente más pesado, no por el clima, sino por la sensación de estar atrapado dentro de una multitud que no tiene salida rápida.
Adentro, el vestíbulo del Poliforum se convirtió en un embudo.
La gente avanzaba a centímetros, con pasos cortos, con paciencia forzada. No falta la carreola atravesada justo en el peor momento. No faltan las parejas caminando a dos kilómetros por hora, tomadas de la mano, ocupando todo el ancho del pasillo como si el mundo fuera solo de ellos. No faltan los grupos que se detienen de golpe porque alguien vio un letrero, un antojo, una promo, un “espérame tantito”.
Y entonces todo se detiene.
Se camina lento, demasiado lento. Se respira con dificultad, se mira por encima de los hombros buscando un hueco que no existe. La feria, en esos momentos, deja de ser un paseo y se vuelve un ejercicio de paciencia: aguantar al peatón de enfrente, aguantar el roce constante, aguantar la falta de control sobre el propio ritmo.
"Y luego hay muchos que nomas vienen a ver, que son la mayoría, les decimos mirones", dijo una de las comerciantes de la feria.
La Feria de León 2026, cuando se llena así, se siente como un paisaje humano: un río espeso de visitantes que no avanza, solo se empuja.
Las fotos lo demuestran. Los pasillos rebasados, el gentío apretado, la sensación de que no cabe nadie más… y aun así siguen entrando.
Porque esto también es la feria: el caos compartido, la multitud como tradición, el domingo donde León entero parece haber decidido salir al mismo tiempo.
Y cuando la feria está así, no queda más que una cosa: paciencia, aire… y dejarse llevar por la corriente.
