León, Guanajuato.- En medio del Pabellón 200 de la Feria de León 2026, entre luces, música y antojitos, hay un puesto que ya es conocido por muchos visitantes. No solo por sus precios accesibles o por la enorme variedad de postres, sino por la historia que hay detrás: la de la llamada “niña de las galletas”, una joven emprendedora que comenzó vendiendo postres desde muy pequeña y que hoy puede decir que vive —junto a su mamá— de lo que más le apasiona.
Desde temprana edad, esta joven comenzó a vender galletas en la calle. No fue un juego ni una moda: era trabajo real, constancia y aprendizaje. Con el paso de los años, ese pequeño emprendimiento familiar creció, se profesionalizó y encontró su lugar en distintas ferias de México, especialmente en la Feria de León, donde ya suma varios años de presencia.
Un negocio que creció con ella
Uno de los elementos que más llama la atención de su puesto es la gran variedad de postres. A diferencia de otros locales que se especializan en uno o dos productos, aquí el menú es amplio y pensado para todos los gustos:
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Galletas de chispas de chocolate
Polvorones
Gelatina de café
Gelatina de rompope
Arroz con leche
Carlota de limón
Flan
Mousse de chocolate
Gelatinas variadas
Fresas con crema
Todo con precios que van desde 12 hasta 30 pesos, algo poco común dentro de una feria, donde los costos suelen ser mucho más altos.
El sazón como sello
La joven no trabaja sola. Su mamá es parte fundamental del proyecto. Juntas preparan los postres y han logrado un “sazón” que, según los clientes, es lo que los hace regresar. No se trata solo de vender, sino de cuidar la calidad, la receta y el trato con la gente.
“Siempre que vuelves a pasar por el stand de la niña de las galletas, dan ganas de comprarte una”, comenta una de las visitantes. Otros llegan directamente preguntando por ella, porque ya la conocen de ferias anteriores.
Persistir sí paga
La historia de la niña de las galletas es un ejemplo claro de que la constancia y la disciplina pueden convertir un sueño en un sustento real. Empezó vendiendo para pagarse pequeñas cosas, luego para apoyar en casa, y hoy su negocio le permite vivir de ello.
En un contexto donde emprender desde joven no es fácil, su historia destaca como un caso positivo, real y cercano, que demuestra que no rendirse, aprender en el camino y mantener la calidad puede abrir puertas, incluso en escenarios tan competitivos como las ferias.
