León, Guanajuato.- Detrás de la Secundaria Pública No. 23, ubicada en el polígono de Las Joyas, al norponiente de León, se extiende un terreno baldío de grandes dimensiones que sintetiza el abandono institucional de la zona: hierba crecida, senderos improvisados, cero iluminación, calles sin pavimentar y ausencia total de vigilancia.
Ese espacio —descrito por estudiantes y vecinos— es conocido como un punto donde se consumen sustancias, se realizan prácticas sexuales y se aprovechan los escondites naturales que ofrece la maleza alta. La falta de mantenimiento y de control lo convierte en un corredor de riesgo para niñas, niños y adolescentes que transitan diariamente hacia la escuela.
El caso que expuso el problema
Hace apenas unos días, una agresión grave contra una menor ocurrida en ese lote baldío atrás del plantel volvió visible lo que la comunidad ha denunciado por años.
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El hecho fue documentado en una crónica de campo por La Silla Rota Guanajuato, medio que estuvo en el lugar haciendo un ejercicio de observación cerca de una hora tras el incidente sin que apareciera una sola patrulla, pese a la gravedad del suceso y a que había ocurrido prácticamente el día anterior.
"Caminar por estas calles es un riesgo, son como laberintos, no hay estaciones de policía o auxilio cercano, las personas no creas que te ayudan mucho, hay que aprender a sobrevivir para ir a la escuela", reflexionó uno de los estudiantes.
El reporte periodístico describe calles solitarias, oscuridad total al caer la tarde y ningún punto de auxilio cercano. No hay casetas de policía ni presencia preventiva en varios kilómetros a la redonda. La reacción llegó después, no antes.
Prevención inexistente
En el perímetro inmediato de la secundaria:
No hay alumbrado público funcional.
No existe patrullaje regular.
No hay cámaras ni botones de pánico.
Las calles sin pavimento dificultan el acceso incluso en vehículo.
La vigilancia real recae en vecinos, no en la autoridad.
Fueron precisamente los testimonios vecinales los que permitieron identificar y detener al agresor, evidenciando un problema de fondo: la comunidad responde donde el Estado no previene.
Un riesgo latente
Padres de familia, estudiantes y habitantes coinciden en una advertencia clara: sin intervención estructural, el riesgo persiste. Las condiciones actuales permiten que cualquier persona pueda ser agredida en cualquier momento. La combinación de espacios muertos, oscuridad y ausencia de autoridad crea el escenario perfecto para la repetición.
Lo que piden desde la comunidad
Las propuestas son concretas y reiteradas:
Instalar casetas de vigilancia permanentes.
Implementar patrullaje preventivo, especialmente en horarios de entrada y salida escolar.
Recuperar el terreno baldío y convertirlo en parque, área deportiva o espacio comunitario.
Mejorar iluminación y pavimentación del entorno inmediato.
Diseñar un plan de prevención enfocado en entornos escolares de alta vulnerabilidad.
Mientras eso no ocurra, el terreno detrás de la Secundaria 23 seguirá siendo un espacio muerto, peligroso y olvidado. Y la escuela, en lugar de estar rodeada de protección, continuará cercada por el abandono.
