León, Guanajuato.- A tres meses de su apertura, el Bara ubicado en Plaza Mayor luce, la mayor parte del día, casi vacío. La escena contrasta con su entorno inmediato: a unos pasos operan Sam’s Club y Walmart, y a muy corta distancia Costco, en una de las zonas de mayor poder adquisitivo de León.
Vecinos y empleados coinciden en la misma explicación: a muchos clientes “les da pena” entrar. El formato Bara —asociado históricamente a colonias populares y a precios bajos— choca con la etiqueta social del área. Los pocos compradores que llegan suelen hacerlo rápido, entran y salen, o incluso comentan abiertamente que prefieren no ser vistos ahí, cuentan los empleados de la tienda.
El fenómeno no es menor si se mira el contexto. Tiendas Bara ha acelerado su expansión en León: ya suma más de 15 sucursales y aparece frente a Oxxos, en corredores como Punta del Este, el bulevar de la Luz y ahora Plaza Mayor. El modelo apuesta por canasta básica económica y cercanía, una propuesta que ha funcionado en zonas populares de la ciudad.
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Sin embargo, el Bara de Plaza Mayor expone una frontera cultural del consumo: el estigma. Aunque los precios son competitivos y el surtido cumple, en la “zona dorada” pesa más la percepción que el ahorro. Comprar barato, para ciertos perfiles, sigue siendo leído como “no aspiracional”.
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El caso revela algo más amplio que una tienda vacía: cómo la clase social y la identidad urbana influyen en decisiones cotidianas. En León, Bara ya está en todos lados; lo que falta por ver es si también logrará entrar —sin pena— a todos los imaginarios.
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