León, Guanajuato.- Lo que antes era un río humano donde apenas se podía dar un paso, hoy se ha convertido en un recuerdo nostálgico para los comerciantes del tianguis de San Felipe de Jesús. En años pasados, estas fechas eran sinónimo de esperanza; los pasillos y banquetas se abarrotaban de clientes, emocionados por asistir, arreglados, perfumados, algunos con cerveza en mano, celebrando, alimentando el espíritu navideño único de un tianguis. Los vendedores trabajaban con gusto hasta la madrugada o incluso acampaban entre sus puestos para no perder ni un minuto de venta. Ayer, sin embargo, el panorama fue muy distinto: el bullicio se sintió apagado y la afluencia de gente no le llegó ni a los talones a lo que solía ser, obligando a muchos a recoger su mercancía mucho antes de lo acostumbrado ante la falta de clientes.
Ser tianguista es una labor de resistencia que requiere un esfuerzo físico y emocional inmenso; es levantarse antes de que salga el sol, cargar estructuras pesadas y apostar a veces el único capital con el que se cuenta en mercancía, con la ilusión de ver frutos en Navidad. Por eso, resulta profundamente desmotivante ver cómo los puestos se quedan solos después de tanta inversión y trabajo desde temprano hasta tarde. Hoy, el enemigo no es solo el cansancio, sino la competencia invisible de las plataformas digitales como Temu y Shein, que con sus precios bajísimos y la comodidad de la entrega a domicilio, han hecho que la gente prefiera dar un clic desde su sofá en lugar de recorrer los tradicionales puestos del barrio.
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La tristeza de la jornada se personificó en un Grinch que recorría los pasillos repartiendo dulces, pero esta vez su rostro no era de travesura, sino de verdadera desilusión al ver que las ventas no levantaban. Ni siquiera el icónico personaje verde pudo animar un ambiente donde el espíritu navideño parece estar siendo reemplazado por paquetes de mensajería.
A pesar de que las ventas en los tianguis ya no son las de antes, persiste algo que ninguna tienda en línea, ni ningún supermercado podría reemplazar: el folklore en el que inmediatamente te adentras al pisar la primera calle, entre un montón de colores, olores y sonidos que te acompañan de fondo, mientras exploras un mundo en el que eres bien recibido y está ahí para funcionar de manera recíproca, ofreciendote un servicio, a cambio de ganarse el sustento, de mano a mano.
