León, Guanajuato.- La tarde cayó temprano, pero la fiesta no esperó. Desde las cuatro en punto, la explanada de la Velaria de la Feria dejó de ser un recinto ferial para convertirse en escenario de celebración: Reyma había tomado el espacio completo, como si se tratara del artista estelar de la temporada. Y, en los hechos, lo fue.
La posada navideña de la empresa se sintió colosal desde el primer momento. Cientos de personas comenzaron a llegar bien vestidas, arregladas, con esa mezcla de expectativa y alegría que sólo aparece cuando se sabe que la noche será larga. Hubo música desde temprano, gente bailando sin prisa y un ambiente festivo que se fue encendiendo conforme avanzaban las horas.
El montaje no escatimó. Un escenario principal recibió a distintas agrupaciones musicales, mientras un protocolo de seguridad rodeaba el evento con discreción pero firmeza. Todo estaba pensado para una celebración masiva y ordenada, de esas que no se improvisan. En un costado, el camión de Los Cadetes de Linares aguardaba: el grupo estelar ya estaba ahí, listo para salir a prender definitivamente la noche.
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La comparación fue inevitable. Otras posadas corporativas de gran escala, como la realizada en Poliforum —incluida la de Michelin—, quedaron opacadas ante la magnitud de rentar por completo la Velaria de la Feria. No es un detalle menor: ocupar ese espacio es una declaración de fuerza, de convocatoria y de intención.
Así transcurrió la posada navideña de Reyma: una fiesta que se vivió como concierto estelar de la Feria de León y que cerró el año con música, baile y una imagen clara de grandeza. Una celebración que, al menos por una noche, convirtió a la empresa en el acto principal del calendario decembrino.
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