Lesly Elizabeth Gómez Posada, de 18 años de edad, se debatió entre la vida y la muerte en un hospital público de Chiapas luego de sufrir presuntos actos de tortura en la Escuela Normal Rural Mactumactzá, ubicada en Tuxtla Gutiérrez.
A las afueras del Palacio de Gobierno, José Núñez y otros padres de familia relatan el “infierno” que sus hijos e hijas vivieron desde que ingresaron a esa institución y comenzaron a vivir el curso de inducción, el pasado 19 de julio.
“A mi hija (Lesly) le daban, en todo un día, como una o dos tortillas con una papa, y al terminar (a ella y a sus compañeros) los obligaban a que permanecieran con el plato y una taza sosteniéndolos con las manos, hacia arriba, y ahí es donde no aguantaban y hasta se desmayaban; solo le daban un vasito de agua al día, pero lo repartía con otros cuatro compañeros”, cuenta el hombre originario de la comunidad San Antonio Naranjal, municipio de Simojovel.
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Pese a que la mencionada escuela Normal ya tiene antecedentes incluso de aspirantes muertos en las famosas “novatadas” que se hacen año con año ahí, advierte que no sabía nada de ello, hasta que lo vivió con su propia hija.
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Incluso, detalla que, desde que entró a las actividades el pasado 19 de julio, la promesa era que efectuaría actividades ligeras, como acudir, de 6 a 8 de la mañana, a las hortalizas, luego desayunar y asimismo acudir a otras clases culturales y académicas.
Sin embargo, a su hija no le duró el gusto: fue sometida a castigos que casi le arrancan la vida. Al respecto, cuenta que a otras personas o jóvenes los obligaban a que avanzaran a rastras, o hacer de 300 a 400 sentadillas, u otros que atentaban contra su salud y sus propios derechos humanos.
Lo peor de todo fue que, a pocos días de haber ingresado a la Normal, pero el domingo pasado le avisaron que su hija fue rescatada por ciudadanos, luego de que prácticamente la dejaran tirada en el Parque Central de Tuxtla, casi en agonía.
En la actualidad, hay cerca de 70 alumnos expulsados, o más bien que tuvieron que salir porque no aguantaron el curso de inducción. “Nosotros estamos en un grupo de 20 padres, pero vendrán más”, dice.
De hecho, según él, hay más jóvenes a punto de colapsar, que están hospitalizados con el riesgo de perder algún riñón o ser dializados, “y por eso no han alzado la voz”.
Aunque su hija estuvo en serio peligro, José no pide el cierre de la Normal, pero sí una supervisión minuciosa para que no se cometan más abusos.
Y a pesar de que les argumentan que es tradición de la escuela, o los pasos que deben de dar para estar en la misma, él responde: “Eso no puede ser, porque casi los matan; y ya vemos que la Rural tiene antecedentes de muerte en 2017, 2019… lo que no sabía hasta ahora que ya investigué”.
De acuerdo con información obtenida, el caso más reciente de un deceso por esa llamada “novatada” o curso de inducción es el de Mónica Anahí Ramírez Pérez, en ese entonces de 17 años de edad, originaria del barrio San Joaquín, municipio de Ocozocoautla de Espinosa. La joven permaneció alrededor de cuatro días en esa escuela Normal, pero no soportó el curso, fue hospitalizada y falleció. En ese entonces La Silla Rota intentó hablar con sus seres queridos, pero se negaron.
CASI SIN SALIDA…
Inclusive, menciona que por fortuna los aspirantes sí pueden salir de esa escuela, pero muchas veces no lo hacen porque, como no conocen la ciudad, se pierden, pues la mayoría proviene de comunidades indígenas lejanas.
Para él, lo que les hicieron a sus hijos e hijas fue una traición de los comités estudiantiles “porque nos maltrataron a nuestros hijos; nos dijeron que estarían en manos seguras, pero les laceraron sus derechos humanos”.
Recuerda que previo al inicio del curso les solicitaron “nylon grande”, según para trabajos de cultivo, pero al final de cuentas con ese material cercaron todo el perímetro de la Escuela Normal para que nadie viera lo que ocurría adentro.
CUENTA MÁS ABUSOS
Otras situaciones que sufrieron los muchachos aspirantes a ser normalistas, es que no los dejaban entrar al baño, por eso se orinaron y defecaron en sus ropas. A las jóvenes que presentaban su periodo menstrual tampoco las dejaron cambiarse.
Con base en su relato, se supo que a los varones los llevaban a hacer otros trabajos, pero se fracturaban pies o brazos, o luego los regresaban cargados, convulsionando, sin sentido, o en las tardes los obligaban a tomar tazas de café hirviendo; pero la prueba más peligrosa -asevera- es que los sumergen en albercas con el riesgo de ahogamiento.
Mientras tanto, José, hablante de la lengua tsotsil, agradece que su hija “ya está a salvo, está en casa”, y deja algo en claro: no están en contra de la formación académica de esa Escuela Normal Rural, sino contra lo que se hace durante el curso de inducción, similar a actos de tortura.
“Porque les quitan los teléfonos celulares por cinco días. Y si les dan chance de hablar con sus familiares, son vigilados, no pueden decir que los maltratan, sino que están bien atendidos”, rememora.
Los papás y mamás que acudieron a una rueda de prensa en el centro de la ciudad exigen que a sus hijos se les respeten sus lugares, pues aprobaron todo lo que les demandaba la convocatoria abierta por parte del gobierno.
Pero ahora el temor es que pueden ser sacados y perder su matrícula, o al menos que la Secretaría de Educación los asigne a otras escuelas Normales para que no pierdan el año.
Esto se sabe de las novatadas en normales del país
Contexto: las escuelas normales rurales mantienen una tradición de "semana de inducción" o "novatadas" para estudiantes de nuevo ingreso. Los defensores de estas prácticas sostienen que buscan fortalecer la disciplina, la organización colectiva y la identidad estudiantil; sin embargo, organizaciones de derechos humanos, familiares y algunos exalumnos han denunciado que, en ciertos casos, derivan en violencia física, psicológica, humillaciones y privación de necesidades básicas.
Las denuncias por novatadas suelen permanecer dentro de la vida interna de las escuelas y rara vez llegan a procesos judiciales.
Se ha documentado que en estas novatadas suceden actos como: rapado de cabeza, ejercicios físicos intensos, aislamiento temporal, obediencia estricta a estudiantes de grados superiores y castigos colectivos.
djh
