GUADALAJARA, JALISCO.– Tras casi 15 años de litigio, la sentencia del juicio de amparo 819/2011 reconoció derechos fundamentales del pueblo wixárika sobre Wirikuta y canceló 43 concesiones dentro del área natural protegida (ANP); sin embargo, autoridades tradicionales advirtieron que la resolución quedó incompleta y mantuvo riesgos por al menos 20 concesiones mineras vigentes fuera del polígono, además de un contexto de violencia en la región, por lo que la exigencia de la canecelación total de todos los permisos mineros se mentiene en el recurso de revisión que interpusieron.
La resolución, emitida el 11 de marzo de 2026 por el Juzgado Cuarto de Distrito en San Luis Potosí, deriva de una demanda contra 77 concesiones mineras en territorio sagrado. El fallo reconoce el derecho a la autodeterminación, el vínculo “indisoluble” con Wirikuta y la obligación de realizar consultas desde la solicitud de concesiones. También ordena traducir la sentencia a lengua Wixárika.
“Pero afuera quedaron pendientes 20 concesiones mineras en la zona de influencia y 14 concesiones que ya se caducaron. Dentro del área natural protegida son 17 empresas mineras distintas y afuera la mayoría de las concesiones son de la empresa First Majestic Silver Corp”, explica Sofía García Mijares, coordinadora de comunicación del Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta.
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Las concesiones contemplan la extracción de plata y oro destinada a mercados internacionales. Fuera del área natural protegida, estos proyectos mantienen en riesgo el equilibrio ambiental. Además, la resolución no valora, según el Consejo, pruebas sobre la sobreexplotación de acuíferos ni el impacto de la minería en el territorio.
El 30 de marzo se interpuso un recurso de revisión para impugnar estos puntos. El expediente pasa a un Tribunal Colegiado en San Luis Potosí, con un plazo de resolución que puede extenderse hasta un año.
Territorio sagrado en disputa
Wirikuta, área natural protegida y sitio sagrado del pueblo wixárika, abarca más de 140 mil hectáreas en San Luis Potosí y concentra una alta diversidad biológica. En ese espacio se cruza la defensa cultural con intereses extractivos.
“Wirikuta es la cuna de nuestro pueblo, de donde proviene nuestro espíritu, nuestro corazón, nuestro pensamiento, nuestra vida; ahí están nuestras aguas sagradas y llevamos nuestras ofrendas para el bienestar de la comunidad y del mundo”, afirma García Mijares.
Para las autoridades tradicionales, la defensa del territorio también responde a una urgencia ambiental.
“Proteger Wirikuta no es sólo un acto de respeto cultural hacia el pueblo originario. Es una urgencia ambiental para preservar especies que no existen en ningún otro lugar”, señala Pedro Frausto de la Cruz, de la mayordomía de San Sebastián Teponahuaxtlán.
También cuestionan que la sentencia condicione el consentimiento indígena sólo en casos de desplazamiento, pese al decreto federal del 9 de agosto de 2023 que prohíbe nuevas concesiones en sitios sagrados.
Crimen organizado agrava la disputa en la región
A la disputa minera se suma el deterioro de la seguridad. Autoridades wixárika reportan presencia de grupos armados desde 2020 en la zona donde colindan Jalisco, Durango, Nayarit y Zacatecas.
“Se ha visto la presencia del crimen organizado en toda la zona norte. Antes había seguridad, pero se retiró. Lo que se solicita es que regrese, sobre todo en los caminos donde hostigan a la gente”, expone García Mijares.
Las comunidades de San Sebastián Teponahuaxtlán, Tuxpan y Santa Catarina Coexcomatitlán concentran los principales riesgos. Habitantes denuncian retenes, despojo de vehículos, amenazas, secuestros y asesinatos, entre ellos los de Miguel Vázquez Torres y Agustín Vázquez Torres.
Las autoridades tradicionales solicitan operativos y vigilancia permanente en la región.
Exigen cancelación total
El pueblo wixárika mantiene mecanismos para resguardar sus prácticas, como una guía de peregrinación que entrega a autoridades para evitar hostigamientos.
La exigencia central se mantiene: cancelar de forma definitiva todas las concesiones mineras, incluidas las ubicadas en zonas de influencia, por su impacto en acuíferos, flora y fauna, así como en especies protegidas como el hikuri, planta ancestral utilizada en ceremonias wixárika.
“Wirikuta no es un lugar, es nuestro corazón. No queremos que las empresas mineras destruyan nuestro lugar sagrado”, expresa Higinio Hernández Carrillo, suplente de cultura de Tuapurie.
A 15 años del litigio, el reconocimiento legal no basta. Mientras persisten concesiones y violencia en el territorio, Wirikuta —“el corazón” del pueblo wixárika— continúa en disputa.
