Nuevo León -Ser madre en prisión multiplica la dureza del encierro. Una investigación de Info7 documentó la historia de Citlaly, una joven de 25 años privada de la libertad desde hace dos años por el delito de secuestro agravado, quien dio a luz a su hija Mía dentro del Centro Penitenciario Femenil de Escobedo. Desde entonces, la bebé ha crecido entre muros, revisiones y horarios estrictos que determinan su día a día.
Durante años, las mujeres recluidas y sus hijos enfrentaron carencias profundas: falta de programas sociales, espacios dignos y oportunidades reales de reinserción. En ese contexto, Mía vivió sus primeros meses en hacinamiento, sin áreas adecuadas para bebés y con frío o calor extremos dentro de las estancias.
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Citlaly recuerda esos días con angustia. “Sentía impotencia. ¿Qué hago? No tenía quién me cuidara a mi hija, mis padres no sabían de mi niña”, relató a Info7. Su vida transcurría entre rejas cerradas desde fuera, estancias improvisadas y un ambiente que alteraba a la bebé, quien lloraba constantemente por la falta de libertad y estímulos.
Un área que transforma vidas
La realidad comenzó a cambiar este año gracias al trabajo conjunto del Gobierno de Nuevo León y organizaciones civiles como Reinserta y FOLAPAC (Fomento Laboral Penitenciario). El 9 de abril se inauguró el nuevo área de Maternidad, un espacio que permite una convivencia libre, segura y constante entre las mujeres y sus hijos durante las 24 horas del día.
“Antes era encierro... teníamos que poner cartón en temporada de frío y juntarnos para calentarnos”, contó Citlaly en entrevista para el portal de noticias Info7. Hoy, en cambio, las rejas quedaron atrás: las madres pueden desplazarse con sus hijos a espacios como la bebeteca, donde las niñas y niños cuentan con juguetes, libros y otros estímulos esenciales para su desarrollo.
La transformación también se refleja en el comportamiento de Mía. “Antes era puro gritar. Ahorita no, ahorita habla más”, dijo su madre. La rutina inicia a las 5 de la mañana y a las 8 participan en actividades con Reinserta, lo que ha dado estructura y estabilidad emocional a ambas.
Un futuro incierto para madre e hija
Aunque la calidad de vida mejoró, la incertidumbre persiste para Citlaly. Aún no recibe sentencia y sabe que, en aproximadamente un año y medio, deberá separarse de su hija, pues la ley establece que los niños pueden permanecer en prisión solo hasta los 3 años. Después, deben salir a vivir con familiares que garanticen su desarrollo en libertad.
Para Citlaly y las otras 612 mujeres privadas de la libertad, junto con seis menores, este nuevo espacio representa una esperanza tangible, pero también un recordatorio de lo frágil que puede ser la maternidad tras los muros.
