JALISCO

Familias quedan atrapadas entre minas del CJNG; otras más huyen y unas desaparecen

La zona es vigilada por lugareños, que se dicen llamar guardias comunitarias, apostadas en un par de barricadas, desde donde cuentan, que defienden a sus familias

Son cerca de 700 metros lineales, los que dividen al comando, de las barricadas donde los comunitarios intentan frenar el avance
Son cerca de 700 metros lineales, los que dividen al comando, de las barricadas donde los comunitarios intentan frenar el avanceCréditos: Carlos Arrieta
Escrito en ESTADOS el

Santa María del Oro, Jalisco. - Las localidades ubicadas en los límites de los estados de Jalisco y Michoacán, se encuentran minadas y entre los explosivos colocados por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), han quedado atrapadas decenas de familias; unas más fueron expulsadas de sus poblados y otras, están desaparecidas.

Desde hace dos semanas, un sujeto armado del grupo del CJNG, que se apoderó de varias comunidades de Santa María del Oro, Jalisco y de Tocumbo, Michoacán, empezó a asediar a los habitantes de la ranchería El Santuario.

La célula delictiva, sacó a los habitantes de su vivienda, en esa zona y algunas familias alcanzaron a huir, para no ser asesinadas por los delincuentes, pero no fue así con la familia Barragán, que quedó atrapada en medio de anillos sembrados con explosivos.

Luego de desaparecer a un lugareño de 85 años de edad, el miércoles pasado, uno de los criminales, intentó abusar de los integrantes de esa familia de la localidad de El Santuario, municipio de Tocumbo, Michoacán.

“Un sicario desapareció a uno de mis tíos, de 85 años, y no sabemos si lo tenga vivo, muerto o encerrado y no podíamos salir a buscarlo, porque nos amenazaba”, cuenta Mireya, al parecer la única sobreviviente de un ataque.

La joven de 23 años de edad, recuerda que, al día siguiente, el sujeto armado, llegó a la casa de la familia de Mireya y para defenderla a ella, a su hermana de 13 años de edad, a su mamá y a otros dos tíos, su papá confrontó al sicario.

“Cuando el sicario llegó, solo escuchamos la balacera y cuando salí, vi que se estaban enfrentando con mi papá y miré cuando cayó uno para cada lado, ya desangrándose. Yo corrí, pero mis hermanas y mi mamá, no supe donde se quedaron, ni mis otros tíos”, relata.

Mireya, refiere que el criminal traía un fusil de asalto AK-47, mejor conocido como Cuerno de Chivo y su papá, solo una escopeta, que fue con la que las defendió.

Recuerda que afuera de su casa, quedaron los cuerpos de su papá y el del sicario, que ya estaban muertos.

“Y mi papá por defendernos a nosotros, porque el sicario nos iba a acabar a todos. Entonces, yo solo corrí asustada; no sabía para dónde huir, porque no había ya vecinos, ni nada y me salí por el barranco. Y mi familia, yo no sé si se hayan podido salir o los hayan herido o que haya pasado con ellos”, explica, la joven.

Narra que, para ponerse a salvo, tuvo que caminar toda esa noche y medio día del viernes, hasta que se puso comunicar con algunos de sus familiares que viven en otro municipio, para que fueran a ayudarla.

Mireya, menciona que, durante su huida, no probó una sola gota de agua, ni comida, ya que para llegar hasta el punto donde fue rescatada, tuvo que cruzar zonas serranas y boscosas, donde ya las comunidades están convertidas en pueblos fantasmas.

Ahorita, señala, “estoy solo a la espera de qué pasaría con mi familia y con el cuerpo de mi papá, ya que no podemos ir a buscarlos, porque todo eso está lleno de minas terrestres.

Desesperada y al borde del llanto, la joven acudió a las autoridades a presentar la denuncia y pide al Ejército Mexicano, que monten un operativo de rescate de su familia y en su caso, del cuerpo de su padre.

En Tocumbo, el alcalde, José Luis Alcázar Rodríguez, dijo estar enterado de lo ocurrido con la familia de Mireya, por lo que la corporación de seguridad de ese lugar, dio aviso a la Fiscalía y a otras instancias.

“Lo primero sería convocar a nuestras autoridades federales, en este caso, para que nos puedan mandar al Ejército Mexicano y pudiera entrar a rescatar a esa familia, porque para esa zona existen minas terrestres”, pidió.

El presidente municipal, recordó que apenas hace un par de semanas, en esa misma zona, pero del lado del municipio de Cotija, dos militares fueron asesinados con ese tipo de explosivos.

“Entonces, el llamado es para que todas las autoridades, tanto estatales, como federales, puedan escucharnos y monten operativos de seguridad y en este caso, rescatar a esas personas desaparecidas”, reiteró.

Alcázar Rodríguez, estimó que derivado de la violencia generada en esa frontera de Michoacán y Jalisco, cerca de 60 familias son víctimas de desplazamiento forzado.

“Esperemos que este llamado tenga eco, porque, además, nos han comentado que varias de las familias que viven en las zonas más alejadas de nuestro municipio, están desplazados. Estos tocumbenses vivían del ganado y tuvieron que dejar casi 3 mil cabezas en sus raEncabezado 3nchos”, expuso el alcalde.

Acompañado por algunos familiares de las víctimas, La Silla Rota, realizó un recorrido por esa zona, en busca de alguna base militar y para documentar la situación por la que atraviesan decenas de familias, que han sido desplazadas por ese cártel.

Los lugareños se han organizado en guardias comunitarias para defender a sus familias del CJNG

En el camino, no se encontró un solo operativo militar. La zona es vigilada por lugareños, que se dicen llamar guardias comunitarias, apostadas en un par de barricadas, desde donde cuentan, que defienden a sus familias, para que no sean asesinadas a manos del CJNG.

“Aquí vamos a estar en Navidad y Año Nuevo, cuidando las tierras que tenemos, porque los criminales esos que vienen de Jalisco, nos han despojado de tierras, nos han matado ganado, nos han dejado sin comer, nos han violado a las mujeres y es lo que nos tiene aquí motivados a cuidar. Así va a ser mi Navidad: cuidando en el cerro”, expresa, Joaquín, un habitante del rancho La Garza.

Para el ganadero, no hay nada que celebrar: “Nos han matado gente, a las familias, niños y nos quieren dejar sin nada. Tuvimos que levantarnos nosotros en armas, porque el gobierno no nos hacía caso y no nos apoyó”.

La plática con Joaquín es interrumpida por un ataque del CJNG, con rifles de alto poder y drones cargados con explosivos, perpetrado desde una cordillera de Santa María del Oro, Jalisco, municipio, de donde proviene ese grupo criminal.

Son cerca de 700 metros lineales, los que dividen al comando, de las barricadas donde los comunitarios intentan frenar el avance de ese cártel.

Desde un dron, es captada la movilización de esa célula delictiva, compuesta, calcula, por cerca de 120-130, sicarios, entre los que hay un grupo de élite conformado por exmilitares y guerrilleros, colombianos.

Ese mismo grupo criminal, es el que plagó de minas terrestres esa región, las cuales ya costaron la vida de cuatro elementos del Ejército Mexicano y las lesiones de cinco más.

En su recorrido, por tratar de rescatar a las víctimas que han quedado en medio de los anillos minados y de los seres queridos de Mireya, quien imploró una vez más, la intervención del Ejército.