Muchas mujeres mexicanas llegan a la tercera edad con menos ahorro para el retiro, menor acceso a pensiones y mayor riesgo de vulnerabilidad financiera, de acuerdo con el informe "Mujeres en la economía: 100 años de datos” del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
El estudio muestra que, aunque las mujeres han logrado avances importantes en educación y participación laboral durante el último siglo, aún existen desigualdades estructurales que afectan su seguridad económica a largo plazo.
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Las mujeres viven más años que los hombres
Actualmente las mujeres viven en promedio seis años más que los hombres, una brecha que se ha ampliado desde mediados del siglo XX. En 2023, la esperanza de vida de las mexicanas fue de 79 años.
Sin embargo, el reporte advierte que vivir más no garantiza estabilidad económica ya que las mujeres suelen tener trayectorias laborales irregulares debido a factores como:
- Interrupciones por maternidad.
- Responsabilidades de cuidado.
- Menor acceso al empleo formal.
Esto afecta la capacidad de las mujeres para tener un ahorro para el retiro y su acceso a pensiones contributivas.
Aunado a eso, la tasa de fecundidad en México cayó 1.9 hijos por mujer, lo que implica que el país entrará gradualmente en un proceso de envejecimiento poblacional que aumentará la presión sobre los sistemas de pensiones y cuidados.
Menos cuentas de ahorro para el retiro
Mientras que la mitad de los hombres tiene una cuenta de ahorro para el retiro, solo el 34% de las mujeres cuenta con una. Entre las razones por las que las mujeres no tienen una cuenta de ese tipo es que no tienen empleo o nunca han trabajado en el sector formal. En contraste, los hombres no tienen cuentas de ahorro porque suelen trabajar de forma independiente
Eso significa que las mujeres llegan a la vejez sin mecanismos formales de protección económica.
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El peso del trabajo de cuidados
El reporte señala como una de los factores que más influyen en esta desigualdad es la distribución del trabajo doméstico y de cuidados. En promedio, las mujeres dedican 40 horas semanales a las tareas del hogar y de cuidado, mientras que los hombres solo destinan 16.
Este trabajo, que no es remunerado, limita la disponibilidad de tiempo para que las mujeres puedan tener empleos formales y reduce sus oportunidades de desarrollo profesionales.
En 2024, el valor económico del trabajo no remunerado representó 26% del PIB, más que sectores como la manufactura o el comercio.
Informalidad laboral y menor acceso a seguridad social
Según el reporte, el 54% de las mujeres trabaja en la informalidad lo que implica menor acceso a prestaciones laborales como seguridad social, ahorro para el retiro o pensiones.
Aunque la participación económica de las mujeres ha crecido e manera significativa al pasar de un 6% en 1900 a un 49% en 2020, este aumento no ha sido acompañado de mejores condiciones laborales.
JL
