5 de julio de 1980. Sobre la pista central de Wimbledon y un sol radiante, más de 14 mil personas contienen la respiración. Dos tenistas representan mundos opuestos: Björn Borg, el "Hombre de hielo" sueco, imperturbable y paciente; y John McEnroe, el joven neoyorquino de temperamento explosivo apodado "Supermac".
Aquella tarde no solo se jugaba un trofeo, sino la colisión de dos estilos que marcarían para siempre la era moderna del tenis.
Para finales de los años 70, Borg no era solo un tenista; era una estrella de rock con raqueta. Su impacto, conocido como "Borgmania" según las biografías y citas sobre la historia del tenista, provocaba histeria colectiva, con fans que gritaban como si estuvieran ante los Beatles. El deporte blanco, que no era de interés de la mercadotecnia, encontró en Borg el interés mediático y publicitario para las masas.
Sin embargo, detrás de esa melena rubia y sus icónicas cintas para el pelo, se escondía una máquina de precisión sueca que revolucionó el juego con un revés a dos manos —similar a un golpe de hockey sobre hielo— y un topspin devastador que hacía que la pelota "saltara como si estuviera en llamas".
Borg impuso una hegemonía que parecía irrompible. Logró lo que muchos consideraban imposible: el "Channel Slam", ganando Roland Garros y Wimbledon de forma consecutiva durante tres años seguidos (1978-1980).
Su disciplina era casi religiosa: en Londres siempre ocupaba la misma silla, el mismo casillero y mantenía la misma rutina de no afeitarse durante el torneo. Su corazón, que latía a un ritmo extraordinariamente lento de 29 pulsaciones por minuto, nunca parecía traicionarlo.
La final de 1980 alcanzó su clímax en el cuarto set. McEnroe, tras salvar siete puntos de partido, forzó un desempate legendario de 20 minutos que terminó 18-16 a su favor. A pesar del golpe anímico, el sueco demostró por qué era el rey de la montaña. En el quinto set, Borg recuperó la compostura y, tras casi cuatro horas de batalla, se arrodilló sobre la hierba tras ganar 8-6. Había conquistado su quinto Wimbledon consecutivo, una hazaña que en aquel momento se creía insuperable.
Sin embargo, la gloria ocultaba una grieta. En 1981, McEnroe finalmente logró destronar a Borg en su jardín de Londres, cortando una racha de 41 victorias seguidas. Al perder, Borg sintió algo desconocido: indiferencia. "Perdí la motivación", confesaría años después; a los 26 años, decidió retirarse en la cima, dejando al mundo del deporte en estado de shock.
Regreso para sobrevivir
El legendario extenista sueco Björn Borg reveló que su regreso al tenis profesional en 1991 fue una medida de supervivencia personal para escapar de una espiral de autodestrucción y adicciones.
En una entrevista concedida a la revista XL Semanal desde su residencia en Ibiza, el ganador de once títulos de Grand Slam detalla los pasajes más crudos de sus nuevas memorias, tituladas Latidos (editorial Alianza), donde confiesa haber estado al borde de la muerte en varias ocasiones.
En la entrevista, Borg aborda los episodios más críticos de su trayectoria y vida personal, los cuales plasmó en sus memorias tituladas Latidos, publicadas recientemente por la editorial Alianza.
Borg explica en entrevista que, tras recibir innumerables ofertas durante décadas, decidió finalmente contar su historia en sus propias palabras. El proyecto se gestó junto a su esposa, Patricia, a quien se lo propuso hace tres años y medio durante una cena en Estocolmo.
“Quería contar la historia de mi vida con mis propias palabras, pero no quería sentarme durante horas, semanas, meses con alguien que no conozco”, afirma el deportista.
El proceso de escritura duró tres años y, según Borg, funcionó como una forma de terapia y confesión: “Intento comprender por qué hice todas esas tonterías. Ahora todo está a la vista y me siento mejor”.
Borg aborda sin rodeos su relación con las sustancias estupefacientes durante los años posteriores a su primer retiro. Al ser consultado sobre el tipo de drogas consumidas, el deportista es directo: “Solo cocaína. Lo digo en serio, pero ya es bastante malo”. Esta situación lo llevó a enfrentar escenarios límite, asegurando que sufrió un accidente de coche en 1975, estuvo a punto de ahogarse en dos ocasiones y “casi muere otras dos por sobredosis”.
Ante este panorama, el tenis resurgió no como una ambición deportiva, sino como un mecanismo de rehabilitación.
“Necesitaba una rutina que me ayudara a dejar las drogas. Despertarme y jugar al tenis. Horario fijo”, explica sobre su estado en aquel momento.
El trasfondo del regreso en 1991
Uno de los puntos más reveladores de la entrevista es la verdadera motivación tras su vuelta a las canchas en Montecarlo, diez años después de su retirada inicial. Mientras el mundo del deporte especulaba con un retorno a la gloria, la realidad de Borg era distinta: “Nadie sabía que volvía a competir para vivir. Si no hubiera vuelto a jugar, habría muerto”. Según el sueco, en ese periodo solo él y sus padres conocían la gravedad de su estado físico y mental.
La creación de sus memorias, escritas en colaboración con su esposa Patricia, ha servido al extenista como un ejercicio de introspección tras décadas de silencio.
Borg también reflexiona sobre la presión mediática que sufrió en su apogeo, destacando la falta absoluta de intimidad. “Cuando llegaba a un hotel, había 500 personas en recepción. Nunca tenía privacidad”.
Finalmente, atribuye su temprana salida del circuito profesional a un agotamiento psicológico: «Perdí la motivación». A pesar de los años de crisis, concluye que su único remordimiento actual es «no haber seguido vinculado al tenis» de manera constante.
