COLUMNA

México cerró un Mundial histórico con una certeza: aún falta mucho por construir

“El Y si sí”, quedará como una gran frase, que con el paso del tiempo será una anécdota

Créditos: cuartoscuro
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No alcanzó para más. Ese es nuestro nivel. Después de la gran expectación que generó el equipo mexicano en “su mundial en casa”, los británicos nos pusieron en nuestro lugar.

Ni el haber pasado invicto en la fase de grupos; ni el haber vencido a Ecuador en el primer partido a muerte directa sirvió para México se ubicara entre los mejores 8 del mundo, que dicho sea de paso ese era el objetivo.

En esta ocasión no fue “jugaron como nunca y perdieron como siempre” como pasó en el 86 con Bora, en el 98 con Lapuente, en el 2006 con Lavolpe o en el 2014 con Herrera.  Tampoco fue “nos quedaron a deber” como en el 94 con Mejía Barón, en el 2002 y 2010 con Aguirre, o en el 2018 con Osorio. Ni que decir del “fracasaron” como en el 78 con Roca o en el 2022 con Martino.

No, no hay reproche.

Se llegó hasta donde la calidad de los jugadores y la capacidad del técnico pudieron.

No hubo engaños.

Es difícil que en dos años armes un equipo competitivo, que además tus jugadores tengan calidad y liderazgo, si en tu liga local no has trabajado para ello.

Lo lamentable, es que desde el 18 de junio del 2018, el futbol mexicano sabía que iba a ser anfitrión de la Copa del Mundo del 2026 y que no se tuvo la capacidad y el talento para armar una selección competitiva, que pudiese, ahora sí, dar el gran salto de calidad.

Tres entrenadores en un proceso mundialista no es como para presumirlo, como ya había pasado en el 94, 2002, 2010 y 2014.

Primero fue el argentino Diego Cocca, quien duró 4 meses en el cargo.

Después, Jaime Lozano fue el elegido tras la obtención de la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2021.  El mundo futbolístico mexicano se deslumbró y dijo “todos estamos con Jimmy”; sin embargo, el encanto terminó cuando los resultados no llegaron.

Y por tercera ocasión llegó el “bombero” favorito de los directivos: Javier Aguirre.  El Mundial ya estaba en puerta y no había que dejar caer el negocio y quien garantizaba, por lo menos, salvar el compromiso era “El vasco”.  Y cumplió.

Todavía no somos una potencia y nos faltan muchos años de trabajo para serlo.

Lo que pasó en este Mundial es el reflejo de lo que pasa en el país: no se trabaja a largo plazo; se improvisa; se exigen resultados inmediatos cuando no se han creado las condiciones necesarias para obtenerlos; nos falta invertir en rubros como la actividad física, la nutrición, la medicina deportiva, la atención psicológica; la educación; no hay líderes que se echen al hombro las grandes responsabilidades. 

Y así dejamos en un puñado de futbolistas el compromiso y quizás “responsabilidad” de obtener los resultados que durante décadas no hemos sabido trabajar.

Caímos con los ingleses no “con la cara al sol” o “que vendimos cara la derrota” como se cree.  Nos vencieron porque fueron superiores futbolísticamente, físicamente, mentalmente, pero sobre todo porque tienen a la mejor liga del mundo (La premier), que tienen un ADN muy competitivo, que cada 8 días y en ocasiones 2 veces por semana juegan para ganar.

Con echarle ganas no los vencimos.

Con la altura, la contaminación, la lluvia, el estadio lleno, el “cielito lindo”, el “sí se puede” y ahora con el famoso “Y si sí”, tampoco los pudimos derrotar.  Ya nos dimos cuenta que se necesita más que eso para avanzar a los 8 mejores del mundo.

Aguirre se fue con una mejor imagen y con un eterno agradecimiento de lo que hizo con lo que tuvo.

Llega Rafael Márquez para un nuevo ciclo mundialista, esperemos lo dejen trabajar y que llegue al 2030.

México se ubicó en la novena posición final; es cierto nada mal, pero todavía esos sextos lugares del 70 de Cárdenas y del 86 de Bora se ven lejanos.

Mención aparte se merecen los millones de aficionados y no aficionados de todo el país y allende nuestras fronteras, que celebraron con entusiasmo las victorias del tricolor.  Festejos que resultaron ser un bálsamo para los problemas a los que se enfrentan en su día a día.  

Por otra parte, los favoritos siguen avanzando.  Se cuestiona mucho lo de Argentina, pero no olvidemos que esto es también un gran negocio y al negocio hay que cuidarlo.