Después de alcanzar el reconocimiento del derecho al voto de las mujeres en 1953; de ejercer los derechos sexuales y reproductivos; de superar en número de matriculados universitarios a los hombres; de acceder al mercado laboral; de participar en prácticamente todos los espacios, incluido el del poder político, donde en el Congreso federal la mujeres superan en 3% a los hombres y por primera vez tenemos 13 gobiernos estatales encabezados por mujeres y una presidenta de la República, ¿qué sigue?
Los logros alcanzados por las mujeres en México son innegables y lo que resta en la agenda pendiente es claro: la distribución igualitaria de los trabajos de cuidados de niños, enfermos y adultos mayores en los hogares y un sistema público que contribuya a una mayor inclusión y permanencia de las mujeres en el mercado de trabajo; más mujeres en las carreras STEM que son las más remuneradas; la eliminación de las violencias y el castigo eficaz al feminicidio; y el ejercicio real del poder político más allá de acceder a las posiciones.
Para lograr todo lo anterior, es necesario que todas las mujeres que hoy ocupan los escaños y las curules en el Congreso, gobernadoras, alcaldesas y por supuesto, la presidenta Claudia Sheinbaum de la mano con la academia y la sociedad civil, se unan y promuevan esta agenda común. Este próximo jueves 12 de marzo, la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, ha convocado al Encuentro Nacional de Mujeres por la Igualdad Sustantiva y la Democracia Paritaria en el que participarán organizaciones de la sociedad civil, del cual, espero surja un impulso en ese sentido.
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Y es que, la agenda feminista no avanzará –e incluso, puede retroceder– si no nos unimos y seguimos luchando. La política mexicana, destacadamente en el Congreso, tiene vasta experiencia de trabajo pluripartidista de las mujeres: desde el establecimiento de las primeras cuotas de género, hasta la paridad total de hoy, pasando por todas las reformas en materia de violencias y presupuestos con enfoque de género, ninguna hubiera sido posible sin la convicción y el trabajo de todas, pero en este momento, lo que sigue es pasar de la representación descriptiva, a la representación sustantiva, lo cual implica, ejercer con autonomía el poder que da la posición y no solo ocupar la posición.
La igualdad política real requiere transformar las estructuras que determinan cómo se toman las decisiones y qué temas se consideran prioritarios. Mientras las cúpulas partidistas controlen férreamente las carreras políticas o persista la violencia política de género, las mujeres podrán ocupar cargos visibles pero carecer de control real sobre agendas, presupuestos o nombramientos.
Sin dejar de reconocer que la paridad es un gran logro, la experiencia nos muestra que no es una garantía de poder efectivo, el cual es indispensable para que, efectivamente, si llega una, lleguemos todas.
