EL PODER DE LAS INSTITUCIONES

Instituciones extractivas: la lección que México se niega a aprender

Cuando la política privilegia la captura del poder sobre el desarrollo económico. | José M. Armenta Vargas

Escrito en OPINIÓN el

Fue el 11 de marzo el día en que la Cámara de Diputados rechazó la reforma electoral enviada por la presidenta Sheinbaum. La votación terminó con 259 votos a favor de los 334 necesarios para modificar la Constitución. El episodio por sí mismo es interesante, ya que por primera vez la alianza de MORENA-PT-PVEM se ve fracturada, dado que los partidos aliados al oficialismo se negaron a votar a favor de la iniciativa enviada desde el Palacio Nacional.

Más que un episodio anecdótico, fue un suceso digno de una reflexión profunda. En 2024, Acemoglu, Johnson y Robinson recibieron el Premio Nobel de Economía por demostrar cómo el éxito económico y la prosperidad de las naciones dependen en gran medida de la calidad de sus instituciones. Su tesis sobre por qué fracasan los países distingue dos tipos de instituciones: las inclusivas, que dispersan el poder, protegen los derechos de propiedad y garantizan un estado de derecho; y las instituciones extractivas, diseñadas para la acaparación de recursos por parte de una élite. El primer tipo de instituciones genera prosperidad y crecimiento económico; el segundo, estancamiento y desigualdad. Los ganadores del Nobel usan el caso de los dos Nogales, separados por las fronteras de Sonora y Arizona, para mostrar cómo dos comunidades idénticas se bifurcan o divergen según la fortaleza de sus instituciones. 

Morena impulsaba una reforma con el objetivo de reconfigurar la representación proporcional en beneficio propio al ser el partido en el poder. Por su parte, el PT exigió condicionar su voto a un mayor presupuesto público destinado a financiamientos para sí mismo. Mientras que el PVEM exigía las garantías necesarias para mantener su posición. Del otro lado, la oposición se redujo a denunciar, sin poder estructurar una propuesta ni establecer ninguna alternativa. Durante este episodio, ningún partido se puso a plantear algún mecanismo alternativo con el propósito de fortalecer la inclusión política o la rendición de cuentas. Todos los actores operaron bajo una lógica extractiva. 

Además, la reacción del poder ejecutivo respalda mi diagnóstico. La presidenta se niega a aceptar que el rechazo de su reforma electoral sea una derrota política y presentó su “Plan B”, que consiste en reducir los presupuestos de los congresos locales y de sus regidurías. Al nombre de la austeridad, el plan B se centra en concentrar el poder en el ámbito federal y en dañar los contrapesos a nivel nacional. Bajo los términos de los ganadores del premio Nobel, esto es la persistencia de lo extractivo: quienes acaparan y ostentan el poder no tienen ningún incentivo para cambiar el sistema que los beneficia. 

El comportamiento económico no es ajeno al episodio. Durante el 2025, el PIB apenas creció 0.7%, lo que fue el crecimiento más bajo desde la pandemia, y la inversión se contrajo 6.6%. Entre las economías globales, México descendió de la posición 12 a la 13. Mientras diversos analistas atribuyen este estancamiento económico principalmente a dos factores domésticos: el deterioro de la confianza empresarial y el deterioro económico. Esta cadena de factores es precisamente la que predice la teoría del artículo ganador del Nobel: deterioro institucional; desconfianza empresarial; contracción de inversiones y, por último, estancamiento económico. 

La reacción de los mercados, moderadamente optimista ante el fracaso legislativo, resulta bastante reveladora. No fue que se fortaleciera la democracia, sino que se logró con éxito un intento de concentrar el poder. Para las inversiones, la mejor noticia ya no es escuchar sobre la aprobación de reformas que resuelvan problemas estructurales a favor del crecimiento económico, sino la frustración ante reformas regresivas. Ya hace años que el futuro de México dejó de ser medido por lo que logra construir y se empezó a medir por lo que logra evitar, y con esto la promesa (o esperanza) del desarrollo. 

México tiene una ubicación geográfica privilegiada, una gran fuerza laboral joven y capaz, y el mercado más grande del mundo como vecino del norte. Lo que se tuvo a medias, que ahora falta y que en un futuro próximo se olvidará, será el entorno de instituciones capaces y con la habilidad para aprovechar esas ventajas en la tan ansiada prosperidad. El premio Nobel de economía de 2024 nos muestra la sentencia; el congreso, el 11 de marzo, la confirma.

José Manuel Armenta

@JoseM_Armenta