Es innegable que la efervescencia en las relaciones internacionales está llevando a un reacomodo del que, por el momento, es difícil anticipar su resultado; pero, como en el pasado, los conflictos están definiendo la historia. Las guerras, las invasiones y las amenazas están en el centro de las narrativas de los principales medios a nivel global; parece que la paz y la no violencia son una aspiración de idealistas en un mundo en el que la beligerancia parece haberse vuelto algo cotidiano, en algunos casos, legitimada como respuesta a una agresión, o bien iniciada como parte de intereses de algunos con agendas hegemónicas. Ucrania, Gaza, Sudán, Myanmar, Venezuela y más recientemente Irán son sólo algunos ejemplos de ello.
No obstante, la paz y la no violencia no son aspiraciones ingenuas, son ideales a los cuales aspiran todos los seres humanos. La paz y la no violencia son estados que han sido estudiados por un sinfín de personajes que son omitidos de la retórica actual, y que muchos de sus postulados pueden resumirse afirmando que la paz es un conflicto bien gestionado sin llegar a la aniquilación del otro, del rival, del enemigo.
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Johan Galtung es uno de esos que parecen ser desdeñados, su investigación sobre la paz da elementos sobre cómo abordarla por medios pacíficos ante un conflicto y una paz gestionada a través de instituciones y acuerdos internacionales que fueron establecidos precisamente por los que han ostentado el poder, los señores de la guerra. El mismo Galtung usa paralelismos para abordar la paz en términos de diagnóstico-pronóstico-terapia, como si de una enfermedad se tratara; porque al igual que un padecimiento, la guerra, no es normal, aunque sea algo humano. Por su parte, el alemán Ekkehart Krippendorff señala que la guerra no es natural, no es un accidente del sistema es, sin embargo, uno de sus mecanismos de funcionamiento.
Por supuesto, es indiscutible que a lo largo de la historia las sociedades han vivido entre antagonismos por motivo de clase, género, etnia o religión, pero esas diferencias no siempre se han resuelto a través de un conflicto bélico. Aquí es donde entra la no violencia, un mecanismo utilizado por los más débiles que ha demostrado ser un instrumento de defensa eficaz contra la violencia armada y que ha permitido ampliar derechos, transformar Estados, visibilizar problemas, influir en la formulación de políticas, en simples palabras lo que hoy en día conocemos como gobernanza.
Pocas veces el público en general tiene la oportunidad de conocer investigaciones serias que desmienten la idea popular de que la violencia directa es la única solución a esos antagonismos que son inherentes al ser humano, citar estudios como los de Isak Svensson sobre la resistencia frente al Estado Islámico, de Erica Chenoweth sobre la lógica estratégica del conflicto no violento y de Felipe Daza sobre la guerra en Ucrania, prueban que la no violencia no es sólo una retórica más, es más bien una muestra de que la no violencia es un esquema de estrategias, tácticas, métodos y herramientas eficaces. Daza, por ejemplo, analiza 235 acciones de resistencia civil no violenta en Ucrania frente a la invasión rusa que van desde boicots a empresas multinacionales hasta desobediencia civil o intervenciones en las comunicaciones del ejército ruso.
Es posible cuestionar cuán efectivos son y han sido los mecanismos de no violencia, sin embargo, estos y muchos estudios más resultan ilustrativos y es necesario exponer este conocimiento a la opinión pública y a aquellos que toman decisiones en el ámbito de la seguridad y la defensa, especialmente en el ambiente beligerante actual, donde la guerra y la violencia son ineludibles.
Esto es especialmente importante, ya que después de esta turbulencia habrá que responder a la pregunta ¿Cómo hacer la paz después de la guerra? Respuesta que requiere un ejercicio intelectual de reflexión más profundo sobre lo posible y no sobre lo que se quiere; después de todo hasta ahora ha sido más fácil entrar en guerra y bombardear que darle rienda suelta a la imaginación para resolver un conflicto.
