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Marcelo, ¿traidor?

La traición política es también un recurso de transformación y evolución. | José Antonio Sosa Plata

Escrito en OPINIÓN el

La permanencia de Marcelo Ebrard en Morena no le permitirá ser presidente el próximo año. Tampoco le garantiza una relación tersa al interior de su partido. Mucho menos que su movimiento tendrá el peso que dice tener al interior de Morena

El excanciller no sólo perdió una de las batallas más importantes de su vida. Tendrá además que transitar por el difícil camino de la recomposición. Sus capacidades profesionales y políticas serán necesarias para sus aliados, pero para ellos la relación ya tiene otro sentido.  

Mantenerse en la intención de ser presidente de la República a partir de 2030 hoy sólo es un buen deseo. En las condiciones actuales, nadie le puede augurar éxito en la misión. Son demasiados los obstáculos que tiene en su contra.

Las etiquetas políticas negativas que le han puesto al excanciller dentro y fuera de Morena –más las que él se ganó con el conflicto– ya lo marcaron de forma indeleble. Por lo tanto, su lucha será cuesta arriba y las nuevas circunstancias lo obligarán a redefinir objetivos y metas.

Entérate: Primera corcholata del 2030: Marcelo Ebrard se destapa.

De las acusaciones y reclamos que le han hecho a Ebrard, el de la traición le pesará demasiado. En las guerras, a los traidores se les fusila o imponen las penas más altas. En cualquier otro tipo de relación, incluyendo las interpersonales, la traición desencadena desconfianza, enojo y violencia.

A diferencia de lo que sucedió con Omar García Harfuch, Carlos Lomelí, Ignacio Mier o Ricardo Sheffield –quienes procesaron de otra manera su pérdida– el triunfo de Ebrard es relativo. Más bien se está percibiendo como una derrota, por lo que es poco probable que se convierta en punto de inflexión para un partido hegemónico y dominante como Morena.

La traición y el conflicto también son factor de avance. Por supuesto que provocan dolor y rencor, pero la eficacia y funcionalidad que esta acción pragmática ha demostrado –a lo largo de la historia– la han convertido en instrumento recurrente de la lucha por el poder.

Consulta: Luis Efrén Ríos. "El transfuguismo electoral en el sistema presidencial mexicano", en Justicia Electoral, Revista del TEPJF, volumen 1, número, 3, pp. 75-96.

Los traidores no sólo ni siempre se guían por la defensa de sus intereses particulares. También pueden estar orientados y dirigidos a la lucha por grandes causas de la justicia y la democracia, con acciones que llegan a ser ética y lícitamente justificables en un modelo plural como el que tenemos.

Sin embargo, es preciso reconocer que no todo conflicto, diferencia, ruptura o traición son positivos ni recomendables. Cuando la evolución del conflicto se impide, obstaculiza o manipula desde quien tiene la mayor posición de poder, el riesgo es que el sistema político derive en autoritarismo.

El problema de fondo para saber si la traición es una medida conveniente o no, está en definir cuáles son los fines políticamente justificables. Pero esto no es todo. En el mismo sentido, es difícil distinguir cuándo se está ante la manifestación de una legítima diferencia de pensamiento o en qué momento se acabaron las opciones de diálogo o negociación.

Lee también: César M. Gutiérrez Priego. "Marcelo se queda", en Opinión La Silla Rota 14/11/2023.

Pocos son los países democráticos en los que la traición se procesa o gestiona con madurez, civilidad, comprensión, respeto y tolerancia. En México la hemos experimentado de distintas formas. Lo mismo han provocado muerte y violencia extrema, o se han reconocido algunas como necesarias para avanzar y corregir diversas situaciones injustas.

Si la reputación es uno de los factores primordiales para gobernar y mantenerse en el poder, a Marcelo Ebrard le será muy difícil quitarse el calificativo de “traidor” con el que lo están atacando dentro y fuera del oficialismo. Sin embargo, no todo está perdido, pues se trata de un personaje que ha demostrado inteligencia y capacidad para corregir y superar conflictos y situaciones de crisis.

Por eso, luego de su decisión de permanecer en Morena, Marcelo Ebrard necesita replantear la estrategia y también su perfil de imagen. La congruencia no le alcanza para hacer frente a la adversidad que una vez más tiene en su vida política.

Si el “entendimiento” que tuvo con Claudia Sheinbaum lo mantiene como una figura central del “segundo piso” de la 4T, entonces hizo la mejor negociación posible. Si no, pasará al olvido… o se convertirá en personaje secundario del gobierno que viene.

Recomendación editorial: Denis Jeambar y Yves Roucaute. Elogio de la traición. Sobre el arte de gobernar por medio de la negación. Barcelona, España: Editorial Gedisa, 1999, 158 pp.

José Antonio Sosa Plata

@sosaplata