La conversación global sobre tecnología ya no gira únicamente en torno a velocidad, escalabilidad o disrupción, sino también a los principios morales y éticos que deben guiar el desarrollo y uso de herramientas digitales. En un entorno donde la inteligencia artificial, la videovigilancia inteligente y la analítica de datos influyen directamente en decisiones públicas y privadas, la confianza digital se ha convertido en un factor determinante para la competitividad empresarial.
De acuerdo con Ariel Picker, CEO de Seguritech, la industria de la seguridad tecnológica enfrenta hoy un reto fundamental: consolidar modelos de innovación que integren la ética desde el diseño mismo de las soluciones.
“La confianza digital no se construye únicamente con tecnología avanzada; se sustenta en procesos transparentes, protocolos claros y mecanismos de supervisión que garanticen el uso responsable de la información”, señala el directivo.
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Regulación global impulsa una nueva cultura tecnológica
El debate sobre la ética tecnológica avanza con fuerza a nivel internacional. Un ejemplo relevante es la iniciativa impulsada por la Unión Europea con la Ley de Inteligencia Artificial (AI Act), que clasifica los sistemas de inteligencia artificial según niveles de riesgo y establece obligaciones específicas para desarrolladores y operadores.
En Estados Unidos, el gobierno federal también ha emitido lineamientos para promover el desarrollo seguro y confiable de la inteligencia artificial, mientras que la UNESCO adoptó una recomendación global sobre ética en IA respaldada por más de 190 países.
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Este marco internacional establece estándares que inevitablemente impactan a México, donde el ecosistema tecnológico crece con rapidez, aunque la discusión regulatoria aún se encuentra en construcción.
Ética, datos y transparencia en la seguridad tecnológica
En América Latina, particularmente en sectores sensibles como la seguridad pública, la infraestructura crítica y la gestión urbana, las empresas enfrentan cuestionamientos cada vez más específicos: ¿cómo se protegen los datos personales?, ¿qué mecanismos existen para evitar sesgos algorítmicos?, ¿cómo se garantiza la trazabilidad de la información?
Para Ariel Picker, estos retos representan también una oportunidad estratégica.
“Las empresas que desarrollamos soluciones de seguridad tecnológica tenemos la responsabilidad de incorporar la ética en cada etapa del proceso: desde el diseño de los sistemas hasta su implementación y supervisión”, afirma.
El directivo añade que fortalecer controles de trazabilidad, establecer comités de supervisión tecnológica y definir protocolos claros para el uso de sistemas basados en inteligencia artificial será determinante para el futuro del sector.
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Especialistas en gobernanza digital coinciden en que la próxima etapa de la transformación tecnológica estará definida menos por la sofisticación de los sistemas y más por la solidez de sus principios. De acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por la Organización de las Naciones Unidas, hacia 2030 la inteligencia artificial deberá cumplir lineamientos clave: garantizar derechos humanos como la libertad y la no discriminación, reducir su huella de carbono, evitar sesgos algorítmicos que perpetúen desigualdades y fomentar la transparencia institucional.
En México, el debate apenas comienza a tomar forma, pero la tendencia internacional es clara.
“Integrar principios éticos en el desarrollo tecnológico no solo reduce riesgos regulatorios y reputacionales; también fortalece la confianza ciudadana y define el estándar competitivo de la industria”, concluye Picker.
