EDUCACIÓN EN MÉXICO

Menos delincuencia, más educación: cómo las escuelas de tiempo completo reducen la violencia juvenil

La prolongación de la jornada escolar de 4.5 a 8 horas disminuye delitos menores entre adolescentes y genera beneficios educativos, según un estudio de investigadores mexicanos; lograron reducir hasta 11% los delitos menores entre adolescentes de secundaria

Un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas, titulado De las aulas a la prevención del delito: El efecto incapacitante de la prolongación de la jornada escolar en México, elaborado por Francisco Cabrera y Bárbara A. Zárate Tenorio, analiza el impacto de ampliar el horario escolar como herramienta de prevención del delito.
Un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas, titulado De las aulas a la prevención del delito: El efecto incapacitante de la prolongación de la jornada escolar en México, elaborado por Francisco Cabrera y Bárbara A. Zárate Tenorio, analiza el impacto de ampliar el horario escolar como herramienta de prevención del delito.Créditos: Especial
Escrito en NACIÓN el

En México, la relación entre juventud, educación y violencia sigue siendo un tema crítico ya que una proporción relevante de delitos involucra a adolescentes que, en muchos casos no están inscritos en el sistema escolar. Frente a este panorama, nuevas investigaciones apuntan que mantener a los jóvenes más tiempo en la escuela puede reducir la violencia a la que están expuestos.

Un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas, titulado De las aulas a la prevención del delito: El efecto incapacitante de la prolongación de la jornada escolar en México, elaborado por Francisco Cabrera y Bárbara A. Zárate Tenorio, analiza el impacto de ampliar el horario escolar como herramienta de prevención del delito.

Una apuesta educativa contra la violencia

El informe analizó la implementación del programa Escuelas de Tiempo Completo (ETC), una política que amplió la jornada escolar diaria de 4.5 horas a 8 horas en primaria y secundaria, que se desplegó de manera gradual entre municipios, lo que permitió comparar las localidades con y sin la intervención a lo largo del tiempo.

El principal hallazgo de la implementación del programa es que los robos comunes disminuyeron 11% tras la adopción del programa. Sin embargo, no reportaron cambios en delitos graves como homicidios o secuestro ni se observaron impactos a nivel primaria. Esto sugiere que la política solo actúa sobre delitos más vinculados a la oportunidad y al tiempo libre, no sobre estructuras criminales complejas.

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El foco: adolescentes y desigualdad

La reducción del crimen se concentró en jóvenes de 12 a 14 años, que son los de nivel secundaria, en municipios con menor nivel socioeconómico. La evidencia criminológica muestra que este este rango de edad es clave ya que es cuando los jóvenes suelen iniciar las trayectorias delictivas.

Por ello, mantener a los adolescentes dentro de su entorno escolar y bajo supervisión se reduce su exposición a riesgos.

Educación que también retiene estudiantes

El programa también genera beneficios educativos importantes como:

  • Disminuye la deserción escolar en secundaria.
  • No aumenta la matrícula de forma desproporcionada.
  • No hay evidencia de hacinamiento ni deterioro en la relación alumno-docente.

Esto demuestra que la política de aumentar las horas en la jornada laboral logra retener a los estudiantes sin saturar el sistema.

¿Por qué funciona?

El estudio respalda el llamado “efecto de incapacitación” donde al pasar más tiempo en la escuela, los jóvenes tienen menos tiempo disponible para involucrarse en actividades de riesgo. A esto se suman efectos complementarios, como mejores expectativas laborales futuras y mayor integración al entorno escolar.

En conjunto, estos factores refuerzan el papel de la educación como un mecanismo de protección social. Además, este enfoque puede generar beneficios indirectos, como la reducción del trabajo infantil y de los embarazos adolescentes.

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Límites y oportunidades

Pese a sus hallazgos, el estudio reconoce limitaciones, como la falta de datos más detallados sobre delincuencia juvenil específica. Aun así, los resultados se mantienen robustos incluso al considerar la coexistencia de otros programas, como Escuelas Seguras.

El análisis abre una discusión clave: en un contexto donde la estrategia de seguridad suele centrarse en el combate directo al crimen, invertir en educación podría ser una vía complementaria, y efectiva, para prevenir la violencia.

JL