La violencia en México se ha vuelto tan cotidiana que ya no escandaliza. Se normaliza, se asimila y, en ese proceso silencioso, se pierden derechos sin que la ciudadanía alcance a advertirlo. Esa es la alerta que lanza Mauricio Merino, exconsejero electoral e investigador.
Hoy, dice, el ciudadano vive atrapado entre dos fuerzas: la impotencia que generan las múltiples violencias y la prepotencia de quienes ejercen el poder.
Aunque desde las conferencias mañaneras de la presidenta Claudia Sheinbaum se mide la disminución de los homicidios como éxito contra la violencia, existen otras manifestaciones: las desapariciones forzadas, los secuestros, la tortura, los campos de reclutamiento y de exterminio, las fosas comunes de personas sin identificar, el cobro de piso, el desplazamiento forzado de comunidades enteras y los retenes de grupos del crimen organizado.
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Hay además un ambiente digital cada vez más enconado en redes sociales, fraudes, suplantación de identidades, robo de datos, ataques y bullying cibernéticos. Hay acoso sexual y laboral en las oficinas.
“Hay mucha violencia política, los periodistas han padecido amenazas, denuncias, huidas para atenazarles la voz para que no publiquen o publiquen lo que conviene a los gobiernos”.
También hay violencia con las regresiones electorales y de transparencia, hay una pérdida de derechos y se mina el Estado mexicano, que no es el gobierno, sino que son todos los mexicanos. Hay mucha polarización y cada vez más. Pero además, cuando los países entran en pugna consigo mismos, minan su existencia y esto pasa en México, alerta Merino en entrevista con La Silla Rota.
“No se puede construir un Estado exitoso de largo aliento con una economía potente, con igualdad, si sus propios integrantes todo el tiempo se están haciendo daño entre sí y mucho menos cuando viene un gobierno, fragmenta y dice, ‘estos que me siguen a mí son los buenos y estos que me critican son malos”, critica el académico.
Entre la impotencia y la prepotencia
Hay una violencia que deja en la impotencia a la ciudadanía, mientras del lado de las instituciones del gobierno aumenta la contraparte: la prepotencia, observa Merino.
Hay prepotencia de las policías, de las fuerzas armadas que no solo se expresa en el abuso de la fuerza a través del ejército, de la Marina, de la Guardia Nacional, sino también en la opacidad con la que han venido operando, en el secreto que les ha venido protegiendo en no saber exactamente qué está pasando con las fuerzas con el monopolio legítimo de la coacción. Hay también prepotencia en los jueces, en los ministerios públicos, en las autoridades corruptas que deciden usar sus cargos para repartir privilegios y favores.
“Mientras más impotencia tiene el Estado para atender este abanico de violencias de las que le estoy hablando, más prepotentes se vuelven los aparatos burocráticos, policíacos, de las Fuerzas Armadas, del sistema judicial, de control político y partidario, porque se sienten a su vez incapaces de atender el problema y van subiendo el tono de su propia prepotencia.
“Es una derrota del Estado, entendido no como el gobierno, el gobierno es el que opera las políticas públicas y el que da cumplimiento a las normas, nada más. El Estado somos las personas”.
Soportan mal la crítica
Cuando Merino fue consejero electoral del Instituto Federal Electoral (hoy INE), ayudó a destapar las irregularidades financieras de la organización Amigos de Fox, la cual fue parte de la campaña presidencial de Vicente Fox. Ha sido además crítico constante de la militarización del país y del desempeño gubernamental. Con esa experiencia, nota que el actual grupo gobernante soporta muy mal la crítica.
“Los actuales gobernantes montan su llegada al poder sobre el supuesto de que todo lo que pasó antes fue corrupto, malo, ineficiente, mafioso. La lógica es más o menos la siguiente. Si usted cree que algo que pasó antes puede ser rescatable, como la transparencia, el acceso a la información, las instituciones dedicadas a combatir la corrupción, el sistema electoral mexicano, el servicio profesional de carrera, el registro de electores o los órganos electorales locales, todo eso dicen fue construido por un grupo deleznable, horrible y desde luego desechable”.
Ese discurso permite construir un ambiente no solo de intolerancia, sino de prepotencia que es a su vez traducida en violencia verbal, política y judicial que se usa cada vez más contra quienes señalan fallas.
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“Uno no puede dejar de advertir que cada vez que asaltan a alguien en la calle y viene un periodista y dice un asalto y en lugar de discutir el asalto y sus causas, se discute si el periodista es un carroñero. Lo que se genera es una espiral de violencia interminable, un ciclo de acusaciones y de impotencia del Estado”.
Se le pregunta que ante esa situación de impotencia generada por las violencias y la prepotencia por parte de quienes están en el gobierno, quién gana.
“Los más violentos porque si la ley no sirve y si cada vez que usted y yo vamos a quejarnos de un crimen, lo que encontramos es que no nos protegen, los que ganan son los violentos. Es que es absolutamente obvio”.
Reforma electoral, una regresión
En la antesala de la reforma electoral, a propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum y que discutirá el Congreso de la Unión, se le consulta a Merino su opinión. La considera una regresión y da contexto sobre por qué se tomaban tantas medidas de seguridad en el antiguo IFE, hoy INE.
“Toda esa cosa complejísima para hacer un servicio de carrera, para construir un registro federal de lectores, para tener credenciales legítimas con fotografía, para tener urnas con boletas garantizadas que no pudieran ser copiadas ni cuchareadas, para integrar sistemas de vigilancia y control era para que nadie ande robándose votos o inventándose votos, años y años y millones de personas participaron en cada una de las elecciones.
Esa regresión electoral forma parte de la eliminación de los derechos, concluye.
