El liberal progresista Rob Jetten juró este lunes como nuevo primer ministro de Países Bajos ante el rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos, marcando el inicio de una nueva etapa política en el país.
Con 38 años, Jetten se convierte en el primer jefe de Gobierno abiertamente homosexual y el más joven en la historia neerlandesa. Su llegada al cargo abre una legislatura cuya estabilidad dependerá de su capacidad para construir acuerdos con la oposición y lograr consensos que permitan avanzar en su agenda reformista.
Jetten creció en Uden, una localidad en el sur católico de Países Bajos, en una familia de clase media, y desde joven destacó por su disciplina: jugó al fútbol e hizo atletismo, llegó a competir a nivel nacional en 400 metros y aún hoy mantiene el hábito de correr y entrenar con regularidad.
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Uno de los momentos que marcó su conciencia política, según contó, fue el incendio de una escuela islámica en su pueblo en 2004 después del asesinato del cineasta Theo van Gogh.
Tenía 17 años cuando supo que un grupo de jóvenes había prendido fuego al edificio y pintado consignas de extrema derecha en las paredes. “Fue un punto de inflexión”, ha dicho.
Jetten estudió Administración Pública en Nimega y pronto se metió en política. A los 22 años ya era jefe del grupo municipal del progresista D66 en esa ciudad; en 2017 dio el salto al Parlamento nacional y, apenas año y medio después, asumió el liderazgo del grupo parlamentario en La Haya.
Ese ascenso meteórico tuvo un precio, puesto que en sus primeras intervenciones nacionales fue criticado por repetir frases casi idénticas ante las cámaras y fue apodado “Robot Jetten”.
Trump, un “misógino”
Como líder opositor, Jetten llamó a Donald Trump “criminal condenado”, “misógino” y peligro para la seguridad internacional, y, una vez a las puertas del poder, no quiso retirar esas palabras.
También fue crítico con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, al que llegó a calificar de “criminal de guerra” por la ofensiva en Gaza y el uso del hambre como arma de guerra.
Por otro lado, Jetten ha hablado abiertamente de su proceso personal como joven gay en un entorno conservador del sur del país, pero su orientación nunca fue un secreto en su carrera política, y en campaña apareció con naturalidad junto a su prometido, el jugador argentino de hockey Nicolás Keenan.
En un país pionero en derechos LGTBI, su llegada al poder no rompe moldes, pero sí adquiere valor simbólico en un contexto internacional donde los derechos de las minorías y la diversidad vuelven a estar en debate, incluido en los Estados Unidos de Trump.
Quienes han trabajado con él lo describen como atento al detalle, disciplinado y correcto, un político que no es dado a los gestos teatrales, que prefiere el trabajo técnico y las conversaciones discretas, aunque los medios locales creen que será la versión liberal de izquierdas de Rutte.
Jetten deberá gobernar un país fragmentado, con una derecha fuerte y una sociedad exigente y cansada de la inestabilidad política que surgió, precisamente, tras el fin de la era Rutte en 2024.
kach
