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La crisis de la transformación constante

El mundo enfrenta crisis y transformaciones en distintas esferas: social, climática y económica, reflejadas en protestas globales y conflictos políticos en Europa y Latinoamérica

Créditos: La Silla Rota
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Crisis y transformación. Esas parecen ser las claves de un mundo en plena ebullición, climática y social y, por qué no, económica. Los saqueos de días pasados en Filadelfia, demuestran que esa modalidad de protesta social, montada sobre el delito, que caracterizó a no pocos países latinoamericanos o tercermundistas, terminó por globalizarse. Y es que hoy una crisis y una inflación más o menos importante, no se le niega a nadie. Ni siquiera a Estados Unidos o a la locomotora europea, Alemania.

Y si de transformaciones hablamos, Nagorno Karabaj, se extingue al ritmo del éxodo de sus habitantes, tras la victoria sin atenuantes de Azerbaiyán, como para calentar otro foco de conflicto en la región del Cáucaso. En tanto, Emmanuel Macron, necesita con urgencia recuperar el centro de la escena política y no encontró mejor remedio que proponer la autonomía de Córcega, dentro de la Constitución y sin posibilidades de independencia. Una forma de ceder a las presiones que recurrentemente levantan la tensión en esa isla, donde grupos separatistas operan desde hace décadas.

?Para ello Macron necesita articular la autonomía en la Constitución francesa, en lo que es leído como un paso adelante, mientras en la vecina España, los grupos independentistas catalanes le hacen la vida cada vez más difícil al presidente, en funciones, Pedro Sánchez, para ser ungido en el cargo. Cada día que pasa, en medio de un conflicto interno dentro del Partido Socialista, todo parece encaminarse a nuevos comicios en diciembre. 
 

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Pero los conflictos no se agotan allí y tampoco las transformaciones. Mientras todas las necesidades y deudas sociales de las Américas se concentran en la peligrosa selva del Darien, sin que gobierno alguno tome la iniciativa de unir a sus colegas desde el Río Bravo a la Patagonia para buscar soluciones a tamaña crisis humanitaria, la vieja Europa, de crisis económica inminente, endurece sus normas para recibir a refugiados e inmigrantes. Iniciativa que acaba de tomar el gobierno Alemán, mientras la Unión Europea (UE) termina de diseñar nuevas disposiciones para paliar, en parte, los reclamos insistentes de la italiana Giorgia Meloni y otros gobiernos del espacio común.

Allí, se celebran iniciativas como la implementación de planes de salud para perros y gatos, que algunos municipios, como el de París, ya aprobaron por unanimidad política. Sin embargo, no se vislumbran festejos y mucho menos medidas de apoyo para los inmigrantes que llegan de a miles todos los días a las costas europeas, en busca de una posibilidad de mejorar sus condiciones de vida o una revancha, allí desde donde se planificó el saqueo y la expoliación de sus tierras natales, a lo largo y ancho de África.

Nadie niega el derecho de los seres vivos a una vida más digna, pero, en el intento, no se puede actuar como si millones de seres humanos, sobraran o, bien, perdieron su plaza en esta dimensión del capitalismo, donde el mercado parece o pretende ignorarlos.

  

Más de medio millón de personas, se estiman, que cruzarán la selva hacia Panamá este año. No son pocos los que mueren en el intento de atravesar ese infierno convertido en una “mina de oro” para las mafias de toda calaña. Todo, mientras los gobiernos de la región hacen la vista gorda, no ya con las políticas que generan los éxodos, sino con la crisis humanitaria que tiene a esa manigua como epicentro. 

En el ínterin, las fracturas políticas, la polarización de las sociedades, aparecen en el orden del día. En Bolivia el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) se acerca al cisma. Tanto el presidente Luis Arce, como el exmandatario Evo Morales, plantean una confrontación abierta, en una ruptura partidaria de que promete ser para alquilar balcones. 

Comenzará, de aquí en más, a acaparar toda la atención, casi de la misma manera que en Ecuador, los candidatos a la presidencia, el derechista Daniel Noboa y la correísta, Luisa González, se aprestan a protagonizar el último duelo oral en un debate este domingo de cara a la segunda vuelta de próximo 15 de octubre. Una semana antes que los comicios presidenciales en Argentina, donde toda la atención la sigue captando el economista libertario Javier Milei. Solo eso es lo que puede vislumbrarse en Argentina, donde el candidato del gobierno, Sergio Massa, promete soluciones a los problemas que el propio Massa generó en los 13 meses que lleva como ministro de Economía. Una inflación interanual de 125 % y con el número de pobres superando el 40.5 % de la población. 

Todo en medio de una crisis que galopa sin detenerse en las promesas de los candidatos, mientras se dibuja un futuro inmediato por demás incierto y blanco de los peores presagios. 

Nada muy diferente a lo que el próximo presidente vaya a encontrar en Ecuador, atravesado por la violencia y por la dinámica cada vez más vertiginosa del narcotráfico.

Espacios los sudamericanos capaces de generar sus propias “guerras”, bien lejos de esa otra guerra que directamente viene afectando a la economía europea e indirectamente a la global. La que en los hechos se dirime en Ucrania, pero los mandos se accionan desde despachos, muchos más influyentes en diversas capitales. Donde el presidente, Joe Biden, recibe la noticia de la apertura de una investigación legislativa para un eventual impeachment, en el de Vladímir Putin, ajustando a sus fuerzas armadas, o el de Xi Jinping, intentando por todos los medios de aumentar su influencia global (empezando por Medio Oriente) e implementando medidas para salir del freno de la economía de su país.

Y así vamos. De crisis en crisis y en plena transformación que parece trastocar todos los valores preestablecidos. Desde los climáticos, los políticos y hasta roles globales que cada una de las potencias supo ejercer hasta no hace mucho y esa legión de desplazados que luchan a diario para hacerse un lugar en esta selva cada vez más peligrosa en la que se está convirtiendo el mundo.

DJC