En octubre de 2025, Ana denunció que sufría agresiones por parte de sus hermanos, incluso señaló que la golpeaban y que la intentaron ahorcar, pero la autoridad no intervino. Ayer, Ana Laura Martínez, de 36 años de edad, fue asesinada a cuchilladas en su casa de la colonia Reforma Política, en Iztapalapa.
“Mi hermano, Sergio Eduardo Martínez, entró a mi cuarto y comenzó a insultarme, diciéndome ‘pinche p.., ¿por qué estás ch..? Me voy a encargar de meterte a la cárcel y quedarme con la casa. (…) Y comenzó a jalonearme del cabello, yo ya previamente había solicitado una patrulla.
“Comenzó a darme de puñetazos con ambas manos en mi cabeza, otro hermano, Miguel, le comenzó a decir que me golpeara en partes donde no se vea y acto seguido Sergio me intentó ahorcar”, se lee en la denuncia ante la Fiscalía capitalina. El primer obstáculo que se le presentó a Ana fue la patrulla que solicitó vía el 911. Cuando la unidad arribó, el policía presuntamente no quiso intervenir.
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Según Ana, ofreció llevarla a ella y a su agresor, en la misma patrulla, a la agencia del ministerio público más cercana.
Ana no aceptó, pero acudió posteriormente a denunciar y el agente del MP de Iztapalapa la clasificó como violencia familiar, aunque Ana estableció que la intentaron estrangular.
Disputa familiar, fondo en asesinato de Ana Laura
Ayer, tras una nueva discusión con su hermano, Miguel Ángel Martínez, Ana fue asesinada de varias cuchilladas.
Miguel Ángel escapó y quien rindió su declaración fue Cipriana Solís Calderón, que aseguró que durante la madrugada hubo una pelea entre ella, Ana y sus hermanos.
Todo porque aparentemente hay una disputa por la casa, ubicada la calle Reforma Agrícola. El padre de Ana y de sus agresores está en el reclusorio, imputado por violación y violencia familiar, lo que también dividió a su familia. La Fiscalía capitalina busca a Miguel Ángel y a Sergio, como posibles responsables del feminicidio de Ana.
Además, indaga la responsabilidad del MP que clasificó las agresiones contra Ana solo como violencia familiar, lo cual impidió que hubiese medidas de seguridad más fuertes y así evitar un nuevo ataque contra la víctima, como finalmente ocurrió.
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