Durante mucho tiempo me repetí la misma promesa: "el próximo lunes empiezo". Empiezo a hacer ejercicio, a dormir mejor, a cuidar mi salud. Pero entre las jornadas largas de trabajo, las responsabilidades de casa, el tiempo con mi pareja y el cansancio acumulado, esa intención terminaba quedándose en eso: una buena intención.
No era falta de ganas. Simplemente, sentía que para comenzar necesitaba disponer de una hora libre, ir al gimnasio o hacer una rutina completa. Como eso casi nunca ocurría, el ejercicio seguía quedando al final de la lista de prioridades.
Por eso, cuando comencé a usar un smartwatch, pensé que únicamente tendría un reloj más moderno en la muñeca. Nunca imaginé que terminaría convirtiéndose en el pequeño impulso que necesitaba para empezar a cambiar mis hábitos.
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Pequeños cambios que terminan haciendo la diferencia
Lo primero que descubrí fue que no hacía falta entrenar una hora para sentir que estaba avanzando. El reloj comenzó a recordarme que podía levantarme de la silla, caminar unos minutos o dedicar unos cuantos ejercicios al día para mantenerme activo.
Una de las funciones que más terminé utilizando fue el nuevo modo Miniejercicios. Está pensado justamente para quienes, como yo, casi nunca tienen tiempo de ir al gimnasio. Incluye 30 rutinas animadas, con instrucciones paso a paso, enfocadas en 10 partes del cuerpo, entre ellas cabeza, cuello, hombros, espalda, brazos y piernas.
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Más de una vez aproveché esos espacios muertos entre reuniones o antes de empezar la jornada para realizar algunos movimientos de estiramiento. Son ejercicios cortos, fáciles de seguir y suficientes para romper el sedentarismo sin tener que reorganizar toda la agenda.
Con el paso de los días entendí que el problema nunca había sido la falta de tiempo, sino creer que solo valía la pena ejercitarse si podía hacerlo durante largos periodos.
Un aliado para cuidar la salud todos los días
Más allá del ejercicio, el smartwatch comenzó a ofrecerme una radiografía constante de mi bienestar. Gracias a los sistemas Huawei TruSense y TruSleep, monitorea de forma continua la frecuencia cardiaca, el nivel de oxígeno en sangre (SpO2), el estrés y la calidad del sueño.
Fue ahí cuando descubrí que algunas noches descansaba menos de lo que imaginaba y que eso explicaba gran parte del cansancio con el que iniciaba mis días. Tener esa información me ayudó a hacer pequeños ajustes en mi rutina y a prestar más atención a mi descanso.
Cuando sí tengo oportunidad de salir a caminar o correr, el reloj registra automáticamente la actividad y pone a disposición más de 100 modos deportivos, por lo que puede acompañar desde quienes apenas comienzan hasta quienes practican disciplinas más exigentes.
En el uso diario también terminó facilitándome varias tareas. Puedo contestar llamadas mediante Bluetooth, controlar la música desde la muñeca y, en las versiones compatibles, realizar pagos con NFC sin sacar el teléfono del bolsillo.
Otro punto que terminé agradeciendo fue su autonomía. La batería puede durar hasta siete días con un uso habitual e incluso alcanzar 10 días con un uso ligero, por lo que no es necesario estar pendiente del cargador todos los días.
Después de varios meses de utilizarlo entendí que ningún dispositivo hace ejercicio por ti ni cambia tus hábitos de un día para otro. Sin embargo, sí puede ayudarte a mantener el compromiso contigo mismo.
En mi caso, el smartwatch no sustituyó la disciplina, pero sí eliminó muchas de las excusas que encontraba para no empezar. Y, a veces, eso es exactamente lo que hace falta para dar el primer paso hacia una vida más saludable.
