Entre felinos africanos y estudios de animación, la trayectoria de Raúl Robin Morales parece tejida por una misma constante: la perseverancia. Desde un centro de conservación de guepardos en Bela-Bela, en Sudáfrica, hasta los foros universitarios de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, su historia confirma que la formación académica va mucho más allá de los salones de clase.
Egresado de Diseño Gráfico (generación 2000-2004), Morales llegó a la Universidad Nacional Autónoma de México con la intención de convertirse en animador cinematográfico. En aquel momento no existía esa licenciatura en la oferta pública, por lo que optó por la opción más cercana a su vocación. Lo que siguió fueron años de trabajo constante, proyectos independientes y aprendizajes forjados, muchas veces, con recursos limitados.
Una década después, cursó la maestría en la Unidad de Posgrado de Arte y Diseño en Ciudad Universitaria (2023-2025), donde consolidó una línea de investigación propia: la Metodología Participativa aplicada a la animación. De ahí surgió el programa “Anímate a Animar”, desarrollado con el Centro Cultural de España en México, experiencia que dio como resultado el cortometraje El gato bailarín, actualmente en ruta de festivales. Hoy, Morales busca dar un paso más: aspira a un doctorado con un modelo inédito en el país que integre a niñas y niños como socios creativos en producciones profesionales de animación.
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Su vínculo con la UNAM no es casual. Se reconoce “puma por herencia”: abuela, madre y padre formaron parte del cuerpo docente universitario, y desde niño asistía a los partidos del club Universidad. Esa identidad universitaria fue determinante cuando recibió la encomienda de diseñar a Goya, la nueva mascota femenil de los Pumas.
Durante aproximadamente 90 días, el creativo se sumergió en un proceso riguroso. Retomó estudios de modelado tridimensional y analizó las características anatómicas de hembras de distintas especies felinas para evitar estereotipos. El resultado fue un personaje atlético, decidido y con una expresión de firmeza que transmite convicción y liderazgo. Cada detalle —las cejas, la mirada, la proporción del rostro— fue pensado para integrarse al universo ya existente de Goyo y, al mismo tiempo, proyectar identidad propia.
Aunque no pudo asistir a la presentación oficial, considera el encargo un honor y una responsabilidad histórica. Aspira a que Goya se convierta en un símbolo de inspiración y equidad para niñas y jóvenes que buscan abrirse camino en el deporte o en cualquier disciplina.
Mientras tanto, en el continente africano, Morales vive otra experiencia transformadora. En el centro Cheetah Experience trabaja jornadas de más de 12 horas como voluntario —“pagué por venir a trabajar”, comenta con humor— realizando labores básicas de cuidado y alimentación. Más allá del esfuerzo físico, el contacto cercano con el guepardo, el animal terrestre más veloz del mundo representa para él un sueño cumplido: sentir su fuerza en reposo, escuchar su ronroneo y comprender, desde la cercanía, la majestuosidad de la naturaleza.
Su carrera profesional es amplia y diversa. Ha colaborado con Ánima Estudios en producciones como El Chavo animado, La leyenda de la Llorona y Don Gato y su pandilla. Creó los puppets de Once Niños y, tras ganar un concurso del Instituto Mexicano de Cinematografía, produjo el cortometraje El Trompetista, nominado al Ariel. También realizó Amicus con Canal 22 y el mediometraje Las piezas del rompecabezas con Canal Once.
Uno de sus mayores reconocimientos internacionales llegó con El Tigre sin rayas, proyecto desarrollado con residencia en Annecy y que fue nominado al Oscar en 2021. Además, participó en la creación del corto Agua, con la colaboración del actor Diego Luna, enfocado en la conciencia ambiental. Entre sus planes próximos se encuentran la serie Coco y Yoko, el largometraje de Tigre sin rayas con apoyo del FONCA y la búsqueda de financiamiento para su proyecto animado El príncipe de las hadas.
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Morales reconoce que en Acatlán aprendió a enfrentar la adversidad. Recuerda cómo, ante la falta de equipo o memoria suficiente para ejecutar programas como Autodesk Maya, él y sus compañeros reunían recursos para continuar. Más tarde comprendió que esas carencias no eran obstáculos, sino impulsos para desarrollar resiliencia y creatividad.
De regreso a México, continuará tocando puertas, presentando proyectos y buscando convocatorias. A la Universidad, afirma, le debe la convicción de no rendirse. Su historia, atravesada por el arte, la docencia y la conservación animal, demuestra que el éxito no es un destino inmediato, sino la suma de constancia, identidad y pasión por lo que se hace.
LCM
