La confirmación de Bad Bunny como figura central del show de medio tiempo del Super Bowl LX, que se llevará a cabo el 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, coloca al artista puertorriqueño frente a uno de los escenarios más influyentes del entretenimiento global. Con una audiencia que supera los 100 millones de espectadores en todo el mundo, la presentación no solo representa un hito artístico, sino también una oportunidad estratégica de alcance internacional sin precedentes.
Contrario a la creencia popular, participar en el espectáculo más visto de la televisión estadounidense no implica un pago directo multimillonario por parte de la National Football League (NFL). La liga mantiene desde hace años una política clara: no se otorgan honorarios comerciales a los artistas del medio tiempo. En su lugar, la NFL asume íntegramente los costos de producción, que incluyen montaje escénico, iluminación, sonido, logística y transmisión global, una inversión que puede ascender a varios millones de dólares.
Super Bowl 2026: esto es lo que ganará Bad Bunny por su show de medio tiempo
El intérprete recibirá únicamente una compensación simbólica establecida por acuerdos sindicales de la industria del entretenimiento en Estados Unidos. Sin embargo, el verdadero valor económico del Super Bowl no se encuentra en un ingreso inmediato, sino en el impacto posterior que genera la exposición masiva. Para un artista del alcance de Bad Bunny —uno de los músicos más escuchados a nivel mundial y con giras internacionales constantemente agotadas—, esta visibilidad actúa como un catalizador de ingresos a mediano y largo plazo.
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Históricamente, el show de medio tiempo provoca un efecto inmediato en el consumo musical. Tras la transmisión, las reproducciones en plataformas como Spotify, Apple Music y YouTube suelen registrar aumentos significativos durante las primeras 24 y 48 horas. A ello se suma un repunte en las ventas de catálogo, un incremento en la demanda de boletos para futuras giras y un fortalecimiento del valor comercial del artista ante marcas globales.
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Especialistas del sector estiman que una figura de este nivel puede generar entre 1.5 y 3 millones de dólares en ingresos indirectos poco después de su presentación, sin considerar los beneficios sostenidos en posicionamiento, contratos publicitarios y negociaciones futuras. En el caso de Bad Bunny, la exposición ante el público anglosajón y europeo podría traducirse en acuerdos más favorables con marcas de moda, tecnología y consumo masivo, así como en colaboraciones estratégicas dentro y fuera de la música.
Tras el Super Bowl LX, el panorama apunta a una consolidación aún mayor de Bad Bunny como marca global. La presencia dentro del ecosistema de la NFL y la televisión estadounidense amplía su influencia más allá del ámbito musical, abriendo la puerta a campañas internacionales y proyectos de alto perfil.
LCM
