En su primer año de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado un tema cultural y político en el centro del debate nacional: la defensa, promoción y dignificación de la moda indígena mexicana.
Claudia Sheinbaum Pardo fue incluida por The New York Times en su prestigiada lista de las 67 personas más elegantes del mundo en 2025, un reconocimiento que la coloca junto a figuras como Sabrina Carpenter, Bad Bunny, Rosalía, Timothée Chalamet e incluso el Papa León XIV, entre otros referentes globales del estilo.
El NYT, de Sheinbaum, dijo que en su primer año en el cargo, la presidenta de México ha llamado la atención sobre la moda indígena del país al usar ropa bordada y tomar medidas enérgicas contra las grandes marcas que imitan a los artesanos locales.
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Sobre Melania Trump, el diario neoyorquino indicó que desde el inicio del segundo mandato del presidente Trump en enero, la primera dama ha adquirido la costumbre de usar llamativos sombreros que protegen el rostro para hacer declaraciones, ya sea de moda o de otro tipo.
De Rosarlía, el Times dijo que en su álbum "Lux", la cantante pop vanguardista presentó una sinfonía de idiomas al interpretar canciones en 13 lenguas diferentes. En el video musical de una de esas canciones, "Berghain", representó de forma cautivadora la metáfora de que la vida es una sinfonía preparando café, planchando y viajando en autobús con el acompañamiento de una orquesta completa.
Lo que resalta el NYT de Sheinbaum
Lo que comenzó como una elección personal de vestuario se convirtió rápidamente en una estrategia pública que mezcla símbolos, políticas y confrontación con grandes marcas acusadas de apropiación cultural.
Sheinbaum ha hecho de los textiles tradicionales un sello en sus apariciones públicas: huipiles, bordados florales y prendas artesanales elaboradas por comunidades de Oaxaca, Chiapas, Puebla, Hidalgo o Guerrero.
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Cada prenda no solo carga un mensaje estético, sino también un posicionamiento político: reconocer el valor cultural e histórico de los pueblos originarios y visibilizar el trabajo artesanal que durante décadas fue minimizado o explotado sin crédito alguno.
Plagio, apropiación y la nueva batalla contra las grandes marcas
Desde Palacio Nacional, la presidenta ha endurecido su postura contra las casas de moda nacionales e internacionales que replican diseños indígenas sin permiso ni compensación. En varias ocasiones, el gobierno federal ha expuesto casos de plagio, enviado requerimientos legales y exigido explicaciones públicas.
El mensaje es claro: el Estado mexicano no permitirá que los diseños que representan la identidad de comunidades enteras se conviertan en mercancía barata para corporaciones multimillonarias.
La administración también ha impulsado mesas de trabajo con artesanas y artesanos, así como nuevas reglas para certificar la autenticidad de los textiles y protegerlos de la explotación comercial.
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Funcionarios del sector cultural han señalado que una sola pieza artesanal puede requerir semanas o incluso meses de trabajo; un bordado que una marca copia en segundos representa una pérdida económica y simbólica para los creadores.
Además, se han anunciado programas para fortalecer cooperativas, mejorar canales de venta directa, promover ferias y ampliar la presencia digital de productos elaborados por comunidades indígenas. La intención es construir un ecosistema donde los artesanos no solo reciban reconocimiento, sino también ingresos dignos y sostenibles.
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El rescate de la moda indígena desde Palacio Nacional se ha convertido en una narrativa de identidad, política y economía. Más que un accesorio, los textiles han pasado a ser un acto de reivindicación cultural en un país donde, por décadas, la artesanía fue vista como souvenir y no como patrimonio.
EONM
