PREDICCIONES

Estas son las terribles predicciones de Nostradamus y Baba Vanga para el 2026

La mayoría de sus profecías que hoy circulan son reconstrucciones posteriores, reinterpretadas a la luz de acontecimientos contemporáneos; ninguno dejó registros escritos verificables de sus visiones

Vuelven a ocupar espacio en redes sociales
Con el cierre de 2025, sus supuestas profecías.Vuelven a ocupar espacio en redes sociales Créditos: LSR/ X @ponderWoods @DeninHaber365
Escrito en YO SOI TU el

Desde hace siglos, la humanidad ha sentido una fascinación persistente por la idea de anticipar el futuro. En ese terreno ambiguo, a medio camino entre la fe, el simbolismo y la curiosidad colectiva, figuran nombres que regresan cíclicamente al debate público. Entre ellos destacan Michel de Nôtre-Dame, conocido como Nostradamus, y Baba Vanga, la vidente búlgara a la que muchos atribuyen una capacidad extraordinaria para “ver” acontecimientos venideros.

Con el cierre de 2025, sus supuestas profecías vuelven a ocupar espacio en redes sociales y medios de comunicación. No porque exista evidencia científica que respalde sus predicciones, sino porque sus mensajes —vagos, simbólicos y abiertos a interpretación— parecen encontrar eco en un contexto global marcado por la incertidumbre, los conflictos armados, los avances tecnológicos acelerados y el temor a nuevas crisis sanitarias o climáticas.

Uno de los temas más recurrentes en las lecturas modernas de Nostradamus es el de la guerra. Sus textos aluden a enfrentamientos prolongados, amenazas internas y presiones externas entre naciones. Aunque sus versos no describen conflictos concretos, muchos seguidores consideran que el panorama internacional de 2025 —con la guerra en Ucrania, la ofensiva en Gaza, el deterioro de las relaciones entre Rusia y Europa y el aumento de los ciberataques a infraestructuras críticas— encaja en ese marco general de inestabilidad que el astrólogo francés habría anticipado de forma simbólica.

En paralelo, también se le atribuyen referencias a avances médicos significativos. Este año ha estado marcado por progresos relevantes: nuevas estrategias de vacunación contra la tuberculosis, herramientas de inteligencia artificial capaces de anticipar enfermedades oncológicas con décadas de antelación y la expansión global de tratamientos farmacológicos contra la obesidad. Para quienes creen en estas profecías, la ambigüedad de los textos permite asociarlos con estos desarrollos.

Las catástrofes naturales constituyen otro eje común. Terremotos de gran magnitud en regiones como Filipinas y Afganistán, así como alertas sanitarias provocadas por brotes gripales de alta transmisibilidad en Europa, han sido interpretados como la materialización de advertencias sobre “pestes” y desastres que regresarían periódicamente.

Incluso los fenómenos astronómicos han alimentado estas lecturas. Baba Vanga habría hablado de una “luz en el cielo” asociada a un acontecimiento global. Aunque no se produjo ningún contacto extraterrestre, el paso del cometa interestelar 3I/ATLAS fue suficiente para reactivar teorías que conectan este evento con su supuesta visión.

Estas son las terribles predicciones de Nostradamus y Baba Vanga para el 2026

Las interpretaciones sobre 2026 son aún más especulativas. En el caso de Nostradamus, ciertos seguidores vinculan cuartetas concretas con ese año, señalando la posibilidad de un choque entre Oriente y Occidente. Este enfrentamiento no se concibe únicamente como militar, sino también como una pugna económica, tecnológica y geopolítica, especialmente en el marco de la competencia global por el liderazgo en inteligencia artificial.

Otros textos hablan de un conflicto intenso pero limitado en el tiempo, una “gran guerra” de varios meses, que muchos relacionan con el temor a una escalada en Europa del Este o a la apertura de nuevos frentes internacionales. Uno de los símbolos más comentados es el del “enjambre de abejas”, interpretado como la formación de alianzas inesperadas o la aparición de nuevos bloques de poder. Algunos lo asocian a líderes actuales y a posibles reconfiguraciones del equilibrio global.

También se menciona a Suiza, tradicionalmente vista como un bastión de estabilidad. Las referencias a disturbios en esta región se leen de forma metafórica, como una advertencia sobre la fragilidad del orden europeo, incluso en los territorios históricamente más seguros.

No obstante, entre tantos presagios sombríos aparece una imagen positiva: la figura del llamado “hombre de luz”, que simbolizaría la llegada de un liderazgo renovador o de un cambio profundo tras un periodo de crisis prolongada.

Uno de los temas más recurrentes en las lecturas modernas de Nostradamus es el de la guerra

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En cuanto a Baba Vanga, sus seguidores sostienen que 2026 podría marcar un punto de inflexión. Desde la posibilidad —altamente cuestionada— de un contacto extraterrestre oficial, hasta un avance decisivo de la inteligencia artificial que transformaría la vida cotidiana, el empleo y la forma en que las personas se relacionan.

Asimismo, se le atribuyen visiones sobre desastres naturales de gran escala, capaces de afectar a una parte significativa del planeta, y sobre un avance médico revolucionario: una prueba sanguínea capaz de detectar múltiples tipos de cáncer en etapas tempranas, una línea de investigación que hoy ocupa a numerosos equipos científicos en todo el mundo.

Ni Nostradamus estableció fechas concretas ni Baba Vanga dejó registros escritos verificables de sus visiones. La mayoría de las profecías que hoy circulan son reconstrucciones posteriores, reinterpretadas a la luz de acontecimientos contemporáneos. Aun así, su atractivo persiste.

Más que predicciones exactas, sus palabras funcionan como un reflejo de los temores y esperanzas de cada época. Al final de cada año, regresan porque ponen nombre a nuestras preocupaciones colectivas: la guerra, el clima, la tecnología, la salud y el futuro del liderazgo global.

Si 2026 traerá confirmaciones o desmentidos, solo el tiempo lo revelará. Mientras tanto, las profecías —reales o reinterpretadas— continúan cumpliendo su función más duradera: mantener viva la conversación sobre el incierto camino que tenemos por delante.

LCM