El videojuego, lejos de ser una simple evasión digital, se ha consolidado como un espacio narrativo y estético desde el cual es posible reflexionar sobre el presente, dialogar con el pasado y ensayar futuros posibles.
En un mundo donde la protesta, la urgencia política y el desencanto parecen reclamar toda nuestra atención, estas obras interactivas ofrecen otra forma —más íntima, pero no menos significativa— de comprender la realidad.
Durante el último año, una serie de videojuegos ha destacado por su capacidad para capturar tensiones emocionales y culturales muy reconocibles. Muchas de estas propuestas giran en torno a la transición: el paso a la adultez, la pérdida de la inocencia, la reconstrucción de identidades tras el colapso de viejos órdenes.
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Otras recurren deliberadamente a la nostalgia, no como refugio pasivo, sino como un lenguaje para procesar la memoria colectiva. También se observa un renovado interés por el misterio, por relatos que exigen paciencia, observación y una reconstrucción activa del sentido. En tiempos confusos, no resulta extraño que estas narrativas encuentren un terreno fértil.
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1. Artis Impact
Uno de los ejemplos más singulares es Artis Impact, un juego de rol creado casi en su totalidad por un solo desarrollador malasio. A través de una estética de pixel art cuidadosamente elaborada, la obra nos sitúa en un mundo devastado por un conflicto entre humanos y entidades artificiales. Sin embargo, la grandeza de su propuesta no reside únicamente en sus temas distópicos, sino en la convivencia de lo épico con lo cotidiano: combatir criaturas mecánicas convive con preparar sopa, dormir la siesta o limpiar un pequeño comercio de barrio. Este contraste dota al relato de una sensibilidad particular, capaz de alternar reflexiones sobre la alienación y el futuro con un humor autoconsciente que cuestiona las convenciones del propio género.
2. Baby Steps
Baby Steps, por su parte, propone una crítica frontal a una de las fantasías más arraigadas del medio: el control absoluto. Aquí, caminar es una tarea torpe, lenta y frustrante. Cada pierna debe manejarse de forma independiente, y la caída es casi inevitable. Este planteamiento, aparentemente simple, se transforma en una sátira sobre la masculinidad, el fracaso y la idea de progreso, poblando su mundo de personajes grotescos que parodian los ideales de poder tradicionalmente asociados al videojuego.
3. Consume
En un registro más íntimo, Consume Me utiliza la estructura de minijuegos cotidianos para explorar las ansiedades de la adolescencia. Bajo la apariencia de una experiencia centrada en la alimentación y el cuerpo, se despliega un relato profundamente personal sobre la presión familiar, la autoexigencia y la construcción de sistemas de creencias durante los años formativos. El juego logra capturar la confusión emocional de esa etapa vital, mostrando cómo el conflicto más difícil de resolver suele ser el que se libra contra uno mismo.
4. Despelote
La memoria y la infancia son el núcleo de Despelote, una obra autobiográfica que recrea la vida cotidiana en Ecuador durante la clasificación al Mundial de 2002. Desde la mirada de un niño obsesionado con el fútbol, el juego construye una atmósfera difusa, casi onírica, que refleja la forma en que recordamos el pasado: fragmentaria, idealizada y siempre atravesada por las normas del mundo adulto. Más que una crónica deportiva, es una reflexión sensible sobre el crecimiento y la identidad.
5. Hades II
En el terreno de la acción, Hades II continúa una tradición de excelencia, ampliando los sistemas de su predecesor y ofreciendo una protagonista cuyo estilo de combate exige mayor planificación. Melínoe, a diferencia del impulsivo Zagreus, se define por la magia y la estrategia, y su viaje está marcado por la búsqueda de una familia perdida antes incluso de ser conocida. Este cambio no solo renueva la jugabilidad, sino que aporta una dimensión emocional más contenida y reflexiva.
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6. Keep Driving
La nostalgia adopta una forma particularmente evocadora en Keep Driving, un simulador de viaje por carretera donde el conflicto no se mide en enemigos, sino en cansancio, baches y silencios prolongados. Ambientado en una fantasía generacional reconocible, el juego convierte objetos triviales —un CD, un ambientador, una pegatina— en símbolos de libertad juvenil. Con ello, rinde homenaje tanto al automóvil como a la promesa de un horizonte abierto.
7. Kingdom Come: Deliverance II
Desde una perspectiva histórica, Kingdom Come: Deliverance II destaca por la complejidad de sus sistemas y su compromiso con el realismo. Cada acción tiene consecuencias: la higiene, el estado del equipo o los excesos alimenticios afectan directamente la experiencia. Este entramado de simulaciones da vida a un mundo medieval denso y creíble, donde las tareas cotidianas y los grandes acontecimientos históricos se entrelazan de forma orgánica.
8. Mafia: The Old Country
Un enfoque narrativo opuesto, pero igualmente eficaz, se encuentra en Mafia: The Old Country. Aquí, el mundo abierto funciona como marco para un drama criminal de ritmo contenido, ambientado en la Sicilia de principios del siglo XX. La precisión histórica y geográfica enriquece una historia íntima sobre ambición, pertenencia y límites personales, mostrando cómo el contexto social moldea los destinos individuales.
9. The Roottrees Are Dead
El placer intelectual de resolver un enigma impulsa The Roottrees Are Dead, un juego que sitúa al jugador frente a un árbol genealógico incompleto y una disputa por una herencia. A través de la investigación de documentos y archivos, la experiencia recompensa la deducción activa, ofreciendo una satisfacción particular al reconstruir, pieza a pieza, una verdad oculta.
10. The Séance of Blake Manor
Finalmente, The Séance of Blake Manor propone un misterio cargado de peso histórico y simbólico. Ambientado en una Irlanda marcada por la dominación colonial, el juego combina investigación, gestión del tiempo y una estética que remite a los libros ilustrados de otra época. Cada decisión acerca al jugador tanto a la revelación como al fracaso, reforzando la idea de que algunos secretos están profundamente arraigados en el pasado.
Estas obras, junto con menciones destacadas como Absolum, The Alters, Blue Prince, Promise Mascot Agency y Silent Hill f, demuestran que el videojuego contemporáneo atraviesa un momento de notable madurez expresiva.
Lejos de ser una distracción menor, se presenta hoy como un medio capaz de articular preguntas complejas sobre identidad, memoria, poder y pertenencia. En su diversidad de formas y voces, ofrece no respuestas definitivas, sino espacios para pensar, sentir y, sobre todo, comprender mejor el mundo que habitamos.
LCM
