La pava boricua se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles dentro de la estética de Bad Bunny. El sombrero tradicional, tejido con palma y asociado históricamente al jíbaro puertorriqueño, aparece de forma recurrente en conciertos, premiaciones y eventos internacionales en los que el cantante participa.
Mientras la industria musical empuja a las figuras latinas hacia estéticas universales, Bad Bunny insiste en lo contrario: su identidad puertorriqueña es el eje que define no solo su música, sino su imagen pública. Y la pava boricua, lejos de ser un accesorio folclórico, funciona como una declaración que mezcla orgullo, reivindicación y resistencia.
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Un símbolo jíbaro convertido en herramienta cultural global
La pava boricua tiene un peso histórico profundo. Durante décadas fue símbolo del trabajador rural de Puerto Rico, emblema del jíbaro como figura que representa el origen campesino, humilde y trabajador de la isla. Con el tiempo se convirtió en un ícono cultural, presente en festividades, obras artísticas, campañas de identidad y hasta en representaciones oficiales del puertorriqueñismo.
Bad Bunny recupera ese simbolismo y lo proyecta a escala internacional. En videos musicales, portadas de revistas y sesiones fotográficas de alto perfil —incluidas colaboraciones con marcas de moda—, el artista aparece con la pava como un recordatorio del territorio que lo formó. No la usa como adorno, sino como señal de pertenencia.
Para muchos jóvenes puertorriqueños, verlo con la pava en escenarios globales se traduce en validación cultural: lo que antes era relegado al ámbito local, ahora aparece en premiaciones, festivales y campañas globales sin filtros ni edulcorantes.
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Conciertos, premiaciones y eventos: la ruta pública de la pava boricua
El uso de la pava boricua en sus conciertos ha sido uno de los momentos más visibles de esta reapropiación. Ya sea en giras masivas o presentaciones especiales, Bad Bunny suele integrarla en los primeros bloques de sus shows, destacándola como un gesto de apertura: una forma de decir que, pese al despliegue tecnológico y la maquinaria internacional, su raíz sigue ahí.
En premiaciones como los Latin Grammy o presentaciones televisivas en Estados Unidos, la presencia de la pava ha generado conversación global. Su aparición rompe con la estética estándar de alfombras rojas y eventos de alto glamour, y coloca la identidad puertorriqueña en un espacio donde rara vez tiene visibilidad orgánica.
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Lo ha dicho abiertamente: su música y su imagen existen porque existen Puerto Rico y su gente. La pava boricua, así, ya no es solo un símbolo del pasado. En manos de Bad Bunny se convierte en un dispositivo cultural contemporáneo, un puente entre la memoria y la exposición global.
EONM
