VERACRUZ, VER.- Ethel González vive con dolor crónico y el miedo constante a necesitar atención hospitalaria en caso de una emergencia médica. A veces, cuando el ketorolaco sublingual e inyectado no son suficientes para controlar el dolor que le ocasionan sus cálculos renales de dos centímetros, la mujer de 52 años se desmaya. Hasta ahora, las últimas dos veces ocurrieron en su casa.
??Si trabajara en otro lugar, pasaría una de dos cosas: o ya hubiera perdido mi riñón o ya hubiera perdido el trabajo”, le dijo ayer a una amiga cuando hablaban sobre su situación médica y la postergación de su litotricia extracorpórea (LEOC), un procedimiento médico poco invasivo que elimina sus cálculos renales y al que se ha sometido durante siete años de manera ininterrumpida, por lo menos hasta mayo de este 2026.
“Mire, todo está muy bien, pero el Seguro no ha pagado la renta de la maquinaria. No te podemos operar ahorita”, le dijeron en la clínica número 14 del IMSS de Veracruz el 26 de mayo de 2026, cuando acudió a su valoración médica para someterse a cirugía el 8 de junio, como estaba programado desde noviembre de 2025.
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“Bueno, te voy a dar cita para agosto. Muy probablemente ya esté pagado para esa fecha, pero no es seguro que te vayamos a operar”, le dijeron después, cuando Ethel, angustiada, contó que el dolor la hacía desmayarse y terminar en el hospital.
“A los que tienen emergencia les dan prioridad. Yo, que relativamente no me estoy muriendo del riñón, me dejan para más tarde. Ahí estamos mucha gente tratando de recuperar la salud y nuestro riñón para no llegar a la hemodiálisis”, dice con la voz quebrada.
Tres veces al mes, sus jornadas laborales se ven reducidas casi a la mitad por el dolor de los cálculos renales, equiparable, describe, a contracciones sin interrupción o a apuñalamientos por la espalda. Los cuatro cálculos de dos centímetros cada uno los carga en su cuerpo desde noviembre de 2025, después de una cirugía de paratiroides que le ayudó a controlar la producción de calcio en su organismo.
Fuera de la enfermedad Ethel es una mujer y abogada independiente, activa en las capacitaciones que ofrece en su trabajo y representante de las áreas de las que se encarga.
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La comunicación constante con personas la obliga a salir muchas veces de Xalapa, su ciudad de origen. Sin embargo, el miedo al dolor le hace pedir ubicaciones cercanas y cambiar de sedes de capacitación o visita a compañeros, quienes viajan decenas de kilómetros lejos de Xalapa en su lugar.
A Ethel y al sistema de salud pública de México les tomó siete años descubrir que la abogada sufría de hipercalciuria, una enfermedad que ocasionaba la producción excesiva de calcio y que, a su vez, provocaba la formación de cálculos renales.
Una realidad en México
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2023, la hipercolesterolemia tuvo una prevalencia de 30.4 por ciento entre las enfermedades crónicas diagnosticadas en personas adultas, mientras que las enfermedades renales se registraron en el 20.7 por ciento en la población de 20 años y más.
La litiasis renal, también conocida como cálculos renales o “piedras en el riñón”, consiste en depósitos sólidos de minerales y sales formados dentro de los riñones que pueden provocar uno de los dolores más intensos que existen: el cólico renoureteral, descrito por Ethel como una apuñalada que gira dentro del riñón sin parar.
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Según relata, viajar desde Xalapa hasta el puerto de Veracruz para obtener una cita y realizarse la LEOC en el IMSS implica estrés, miedo y ansiedad; emociones que se intensificaron desde mayo, cuando le informaron que la agenda para cualquier tipo de cirugía permaneció cerrada de noviembre de 2025 a febrero de 2026, “como todos los años”.
La pausa de cuatro meses, que ella califica como un “desperdicio de recursos médicos y de los aparatos”, le trajo incertidumbre, temor por sus riñones, gastos económicos derivados de la repetición de estudios médicos para una cirugía que no se realizó y una afectación laboral marcada por la imposibilidad de viajar o incluso completar su jornada de trabajo.
“En ocho años, porque tengo cálculos desde 2018, jamás había dejado de tener una cirugía porque no hubieran pagado la renta del aparato. El dolor es muy desgastante porque no te puedes mover. De repente puedes estar en cama y empezar con náuseas o mareos”.
“Yo ando completamente insegura cada que salgo y con los medicamentos para el dolor en la bolsa, en el trabajo, porque no sé si me va a agarrar por ahí. No puedo viajar; yo misma me he restringido a la casa, a no estar saliendo, porque no sé si el dolor me va a dar fuera o durante un viaje”, explica.
Sin embargo, mientras Ethel sueña con recuperar su autonomía, desarrollar sus metas laborales y acompañar a sus hijas en eventos importantes, envía un mensaje al gobierno:
“No escatimen en salud. Ahorrar en salud es inhumano; ahorrar en salud es matar. Muchísima gente no tiene para pagar esos estudios, no tiene para trasladarse”.
lm
